Hace mucho tiempo que la literatura dominicana "contemporánea" me aburre más que el sountrack rayado de un aeropuerto. Llamo "contemporánea" a todo ese rollo escrito desde 1972 hasta 1998, es decir, entre la muerte de René del Risco y la publicación de "Rumiantes", de Rita Indiana Hernández. ¿Que si hay autores "contemporáneos" y obras que se salvan? ¡Claro! Podría mencionar "Canciones rosa para una niña gris metal" (1983), poemario de René Rodríguez Soriano; mencionaría a otros poetas como Sally Rodríguez, G.C. Manuel, Dionisio de Jesús, Pastor de Moya, los cuentos de "La noche de los buzones blancos", de Pedro Peix, la breve narrativa de Freddy Gatón Arce, los poemas iniciales de José Alejandro Peña y el primer poemario de Martha Rivera. Sé que la memoria traiciona, que el otoño berlinés te desinfla y que escribo todo esto por una sola razón: al comprobar que me motiva más la simpleza de la calle y sus pantallas que el olor a aire acondicionado donde sólo podremos olor el perfume de las corbatas de los autores de turno. Todo viene porque el New York Times publica una secuencia fotográfica de los materiales de trabajo de Junot Díaz: http://www.nytimes.com/slideshow/2012/09/30/magazine/30diaz_ss.html
Siempre que Junot ha venido a Berlín lo ha hecho con su libretica -que sospecho no será ninguna Moleskine, porque la pluma no es lo que hace salir la tinta sino lo que tienes en la cabeza… El Díaz siempre está anotando, pescando frases, pegando cerámicas rotas, elucubrando con hilos invisibles, donde siempre, al fondo, habrá un principio de realidad. Alguna vez le dije a Junot que pronto haría una "arqueología" de Oscar Wao, y me contestó que no me metiera en problemas, que me enviarás un "Hamás" para que me tranquilizara. Sí: "Oscar Wao" contiene toda una vivencia de la dominicanidad cotidiana, la insular, como aquella -pongo sólo un ejemplo-, en la que Sammy Sosa le quita la mujer a Sergio Vargas, Sergio sale con el moquerío porque ya sabrá, con Sammy,como con Baninter, se daban "todas las posibilidades", y entonces al Sergio sólo le quedaba decir que un clavo saca otro clavo, pero un negro no saca otro negro y que a la geva que se le fue, que le "devuelva el celular".
Ahora que curoeseo en los "papers" de Junot que publica el NYT, me encuentro al Junot de siempre, el que oye la poesía de Martí interpretadas por Pablo Milanés y Amaury Pérez, y quien luego apunta los líos de "Venya y los dueños del circo". Ya me imagino la algarabía en aquella casa de Tony Capellán -el lugar del mundo que más le gusta a Díaz-, oyendo a José Enrique y gozando con el tereque ese de la exhuberante Veya jalándose los moños con los necios esos del circo.
Si comparo lo que Junot escribe con lo que se escribe en la Isla, siento que las líneas chocan y se extreman. Mientras los "contemporáneos" no hayan qué pensar que no sea Trujillo, o Balaguer o aún la Colonia y hasta las mismas barbas de Colón -aunque no sé si el Almirante las tuvo, ¡zafa!-, el Díaz nos devuelve un país vital, unos sujetos también vitales, aunque evidentemente descalabrados. Si veo el mundo de antes de los "contemporáneos", entonces la sensación es diferente. Ayer, cuando me enteré que el cantante Andy Williams se había muerto, pensé en el homenaje que René del Risco le hacía en "El viento frío" (1967). También es diferente cuando advierto entre mis libros textos publicados después de 1998, un año boreal, por cierto, en el que todo comienza con Rita Indiana y Aurora Arias, y luego sigue con Homero Pumarol, Juan Dicent, Frank Báez, Paul Alvarez, Rey Andújar, Ariadna Vázquez y otros que ojalá recuperen la vena, como Carlos Ortíz y la Frías Estrada.
Este es un texto como estar conversando con ustedes en algún bar de-donde-sea. Entiéndase: no hay rigor, sólo el deseo de arañar estos bytes y compartir la alegría por la constancia de que sí hay principios de esperanza y creatividad: en aquelos que sienten las calles y el afuera como sus propias venas.