Podríamos encausar el desarrollo de este conversatorio a través de planteamientos puramente económicos sustentados por innumerables gráficos y ecuaciones. Sin embargo, considero que lo más importante, es llevarles a ustedes un mensaje claro y preciso, sobre los paradigmas que pueden regir para relanzar nuestra nación hacia una prosperidad compartida y sustentable.

La Cumbre de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas, celebrada en el año 2015, integró 17 objetivos y 169 metas que abordaron los grandes temas que condicionarán el desarrollo sostenible hasta 2030. Los aspectos más importantes son:

  • sociales (pobreza, hambre, salud, educación, género y agua).
  • económicos (energía, crecimiento, infraestructuras, desigualdad).
  • ambientales (ciudades, consumo, cambio climático, océanos, medio ambiente).
  • políticos (paz, justicia y alianzas).

Por razones de tiempo y espacio, trataremos, someramente, estos temas como elementos fundamentales del reto que tiene nuestra nación para superar y mejorar nuestros estándares de vida y convivencia.

En primer lugar, debemos establecer las fronteras conceptuales entre lo que se considera Desarrollo v/s Crecimiento.

Desarrollo implica un aumento en la cobertura de una economía de bienestar; el Crecimiento solo nos da un incremento en la magnitud de las variables económicas y sociales, o sea, un cambio cuantitativo o de expansión de la economía de un país.

La configuración de una política de desarrollo debe de tener en cuenta tres elementos fundamentales:

1-Impacto Ambiental

2-Desarrollo Económico

3-crecimiento Económico

Una política de desarrollo exitosa es aquella que logra mantener un balance armónico entre estos tres elementos.

De ahí que, el crecimiento económico está ligado a variables

macroeconómicas como: el Producto Nacional Bruto (PIB), la Inversión, el Consumo, el Ahorro, etc. que son factores estrictamente económicos.

Sin embargo, el desarrollo económico, aparte de ser una variable económica conceptual y medible, debe tener una elevada capacidad de transformación de los vectores determinantes – tanto en lo institucional y en lo material – de la vida económica, social y cultural del país.

Además, el desarrollo económico se define como el proceso en virtud del cual la renta real per cápita de un país aumenta durante un largo período de tiempo. En otras palabras, el “desarrollo es un proceso integral y socioeconómico, que implica la expansión continua del

potencial económico, resultando en el mejoramiento total de la sociedad. También se conoce como proceso de transformación de la sociedad o proceso de incrementos sucesivos en las condiciones de vida de todas las personas o familias de un país o comunidad”. (Op Cit, ONU)

En su obra sobre los ciclos económicos, Schumpeter considera el desarrollo económico como un proceso nuevo de producción, que

implica nuevas combinaciones de factores, que necesitan de un financiamiento proveniente de fuentes innovadoras de creación de dinero por dinero. El desarrollo, no es función de las variables y funciones previas del sistema económico, sino que supone un cambio continuo en la historia de la economía real, y que tiende a

concentrarse en algunos sectores del sistema económico. De ahí que, sus ciclos económicos son gráficamente exponenciales; cada nivel de estabilidad económica se desarrolla en un nivel superior al precedente.

En otras palabras, el desarrollo armoniza la capacidad de crecimiento con la capacidad de transformación de la base económica y con la capacidad de absorción social de los frutos del crecimiento. De ahí que:

1-Implica una elevación sostenida del ingreso real por habitante,

2-Un mejoramiento de las condiciones de vida y de trabajo,

3-Una composición equilibrada de la actividad económica,

4-Una difusión generalizada de los beneficios del progreso entre toda la población,

5-Una efectiva autonomía nacional de las decisiones que afectan fundamentalmente el curso y el nivel de la economía.

6-Una elevada capacidad de transformación de los vectores determinantes, en el campo institucional y material, de la vida y, finalmente,

7-una aptitud de la sociedad para el disfrute pleno de los dones económicos y culturales, que en esencia constituyen una verdadera economía de bienestar.

En nuestro país, la política económica se ha centrado más en el aumento cuantitativo de las variables y vectores económicos que en la expansión y cobertura de las mismas. Según las normas convencionales, el crecimiento económico se mide como el aumento porcentual del producto interno bruto (PIB) o el producto nacional bruto (PNB) en un año determinado (ciclo económico). Existen dos enfoques para catalogar este crecimiento:

1-Una economía puede crecer de manera extensiva utilizando más recursos (como el capital físico, humano o natural).

2- De manera intensiva, usando la misma cantidad de recursos con mayor eficiencia (en forma más productiva).

Cuando el crecimiento económico se produce utilizando más mano de obra, no trae como resultado el aumento del ingreso per cápita. Sin embargo, cuando se logra mediante un uso más productivo de todos los recursos, incluida la mano de obra, produce un real incremento del ingreso por habitante y la mejora del nivel de vida, como promedio, de la población.

Ahora bien, para que este crecimiento sea sostenible, el mismo debe alimentarse, de manera continua, de los esfuerzos y logros del desarrollo humano. Por ejemplo:

  • El aumento cualitativo de los conocimientos y las aptitudes de los trabajadores, así como de las oportunidades para utilizarlos con eficiencia,
  • Más y mejores empleos, mejores condiciones para el florecimiento de nuevas empresas y mayor democracia en todos los niveles de adopción de decisiones.
  • Acceso total y equitativo a los servicios básicos de salud, vivienda, medicina preventiva y transporte colectivo.

Estas reflexiones nos llevan a confirmar que un crecimiento cuantitativo de las variables económicas NO refleja una mejoría en la clase media ni en la masa laboral.

 

Si este crecimiento no viene acompañado de un empoderamiento de la sociedad, en lo referente a su participación como vector decisivo en la política económica, entonces la riqueza generada por este crecimiento se queda en manos de una Plutocracia Económica compuesta por solo el 5% de la población.

Como elemento compensatorio, los estados plutocráticos recurren al fomento de la corrupción como política de “distribución justa” de estas riquezas. Esta ilusión de despropósito es efímera y conlleva consecuencias funestas para el orden público y moral de nuestra nación.

Nuestro país necesita de un reordenamiento de su política económica para poder sentar las bases de la competividad basada en el conocimiento y empredeurismo sostenido.

Tenemos los recursos naturales, pero estamos explotándolos de forma irracional y selectiva. La depredación de los bosques, acuíferos y lechos marinos nos pone en una situación, casi irreversible, de tener que enfrentar estas depredaciones a través de políticas de impacto ambiental sostenibles y regímenes de consecuencia penal. De nada sirve tener “un crecimiento económico vernáculo” si estamos mutilando el hábitat donde podríamos disfrutar de esta “bonanza”.

Les exhorto a que se integren, proactivamente, en los foros de discusión de estas políticas sociales, ambientales y económicas, para que podamos tener un país mejor y una sociedad más sosegada y productiva.

Tenemos que aumentar las fuentes de financiamiento para las pequeñas y medianas empresas; aumentar la capacitación laboral y técnica; reducir los costes de la energía a través del cambio de la Matriz Energética, mediante el uso de las energías renovables; lograr una reducción en las tasas de interés para la producción; eliminar las cargas fiscales insostenibles; fomentar las inversiones mancomunadas que verdaderamente aporten conocimiento tecnológico y empleo productivo; redefinir el mercado de los combustibles; fortalecer los derechos del consumidor y por último, estructurar las fuerzas del orden público para devolverle la paz social a nuestra nación.