El pasado 20 de mayo, la ciudadanía expresó en las urnas su voluntad y preferencias. La limpieza de este proceso queda evidenciada en el hecho de que no hubo impugnación de mesa alguna, durante el acto de escrutinio, ni por alguna de las organizaciones y candidaturas que participaron, durante el periodo previsto para tales fines. Las quejas e inquietudes de diversos sectores sociales, más que en el proceso de votación, escrutinio y recuento de los votos emitidos, se han concentrado en aspectos relativos al entorno de dicho proceso.
Una vez mas se considera que ocurrió el bochornoso expediente de compra de cedulas, por parte de los principales partidos, aunque no hay evidencia que esta haya incidido en los resultados ni en la abstención registrada, al menos no mas que en pasados comicios.
También se ha reclamado que hubo desbalance en los recursos para la promoción de algunos candidatos. Aunque los balances de recursos utilizados por cada candidato no se han hecho públicos, y muchos dudan sobre esta afirmación. Se ha planteado también que la participación activa del Presidente Fernández en la campaña electoral debería considerarse incorrecto, aunque en meses previos muchos aseguraron que el Presidente se opondría, o al menos no respaldaría la candidatura de Danilo Medina.
Sin duda, hemos logrado desarrollar un sistema electoral con grandes méritos. Las quejas sobre el padrón y el dislocamiento de votantes, prácticamente no existieron en esta oportunidad. Parecería ser generalmente admitido que para cualquier ciudadano es prácticamente imposible votar más de una vez, y también que es prácticamente imposible alterar los resultados del conteo de los votos depositados en las urnas.
Es momento de sentarnos, con la cabeza fría, a poner las bases de los consensos que hagan posible avanzar en la consecución de las grandes metas que coincidimos en perseguir
Se dice fácil, pero estos son grandes méritos de nuestro sistema. Las imperfecciones denotadas podrían superar se mucho con un mejor marco legal para los partidos y para la dinámica electoral. Como este perfeccionamiento de la base jurídica electoral estaba presente en las propuestas programáticas de los principales partidos, es presumible que se lograra aprobar en el Congreso en los próximos periodos de sesión.
La campaña, y mucho mas el día de las votaciones, transcurrieron en forma predominantemente pacífica, con muy pocos hechos de violencia que lamentar, aunque todavía ocurrieron algunos eventos aislados y en el día de votación hubo unos pocos incidentes en los que algunos exaltados violaron el ordenamiento legal al portar armas y al cercarse a recintos de votación.
Todos estos acontecimientos asilados fueron controlados sin mayor trascendencia por los cuerpos de seguridad, sin que se afectara el proceso de votación. La ciudadanía, una vez mas, demostró su compromiso con la consolidación de nuestras libertades democráticas y su determinación de convivir en paz y tolerancia a la diversidad, votando en forma ordenada y cívica.
Hipólito actuó con responsabilidad al admitir los resultados y anunciar su disposición a asumir un papel de oposición democrática al próximo gobierno. Aunque algunos consideran que tal reconocimiento debió producirse en la misma noche del domingo 20 de mayo, cuando ya eran evidentes los resultados finales, lo más importante es que al actuar de esta forma, tardíamente o no, ha hecho un importante servicio al país y al proceso democrático.
Ahora, pasado el proceso comicial, elegido Danilo como próximo Presidente, se ha abierto un periodo de transición, que se prolonga hasta el 16 de agosto, en el cual progresivamente se ira conociendo la composición de los equipos y las prioridades que acometerá el próximo gobierno en sus primeros 100 días de gestión, sin duda alguna, con la dirección claramente delineada por las propuestas programáticas durante la campaña.
Simultáneamente los partidos políticos deberían abocarse a revisar sus aciertos y errores, a extraer conclusiones de la reciente experiencia electoral que puedan servirles para fortalecer su dinámica interna, sus respectivas organizaciones y probablemente actualizar las respectivas agendas y propuestas programáticas.
Los resultados de las elecciones muestran algunos importantes hechos que ameritan ser estudiados con calma y sistematicidad. Entre ellos, la distribución territorial y social de las preferencias electorales, las tendencias en la votación de los principales partidos y la composición por edad y sexo de los principales bloques de votación.
Para las organizaciones de base social también se plantea la necesidad de reflexión y revisión a la luz de los resultados electorales, lo que debería conllevar a una actualización de la agenda social y económica de los movimientos sociales, a la luz del nuevo panorama político y de las propuestas programáticas de la nueva gestión gubernamental.
En fin, ha pasado el proceso electoral. Ahora es momento de reflexionar, de comprender, de reorganizar y, sobre todo, de estructurar el próximo gobierno, y los lineamientos de la oposición y de los movimientos sociales. Todos hemos apostado por cambios importantes en el actual modelo de desarrollo. Corresponderá a Danilo conducir estratégicamente la sociedad para lograr tales cambios.
Sin duda se ha conformado una correlación de fuerzas ampliamente favorable a introducir cambios de fondo que apuntan hacia un nuevo modelo de desarrollo, más incluyente, más basado en el fortalecimiento de nuestro aparato productivo (agropecuario, industrial y de servicios) y menos vulnerable a los vaivenes y amenazas internacionales, y una gestión publica mas austera, transparente y efectiva.
Todos hemos comprendido y asumido la necesidad de generar al menos 400,000 nuevos puestos de trabajo dignos, de reducir al menos 1.5 millones de pobres, ampliando las clases medias, y de invertir el 4% del PIB para construir un sistema educativo con calidad, cobertura universal y articulado con las necesidades del nuevo desarrollo nacional, local, familiar y personal.
Ha llegado el momento de disponernos a traducir estos consensos en pactos y alianzas alrededor de los grandes problemas nacionales y las formas de enfrentarlos y solucionarlos, teniendo como marco las grandes metas sociales y económicas por las cuales ha votado mayoritariamente la ciudadanía. Un Pacto Fiscal, un Pacto por la Educación, uno por la energía eléctrica, uno por el fortalecimiento de las municipalidades y el desarrollo local, entre otros. Estos necesarios pactos se interrelacionan, favorecen y condicionan en forma sistémica.
Es momento de sentarnos, con la cabeza fría, a poner las bases de los consensos que hagan posible avanzar en la consecución de las grandes metas que coincidimos en perseguir.