Ahora que el tema de los desechos sólidos salió de los primeros planos noticiosos, consideramos oportuno tratar el tema, no como parte de una coyuntura, sino como el asunto importante que es, para preservar la buena salud de nuestros ciudadanos.

Los desechos sólidos están constituidos por  los residuos, sobrantes o desperdicios de los productos que usamos en todas las actividades de consumo en nuestras vidas.  Es así  como desde el aserrín que desprende la madera labrada por el ebanista, hasta la migaja de pan que salta de nuestras manos, pasando a la botella  de plástico o de vidrio, constituyen desechos sólidos o desperdicios que no tienen utilidad para el proceso que los desecha.

Cada día la humanidad aumenta su capacidad de producción y en consecuencia el  consumo  es mayor, aumentando, a su vez la   cantidad de desechos.   Cuando compramos un electrodoméstico, tiramos el cartón y los plásticos que le cubren. Al consumir una botella de agua o de refrescos tiramos desde las tapas hasta el envase,  pues una vez  consumido su contenido, ya no nos sirven; de igual manera procedemos con los trastes viejos o dañados y los sobrantes de alimentos, etc.

 

Todos estos residuos son empacados en nuestros hogares, la mayoría de veces, en fundas plásticas y llevados al tanque de la basura, para que los recoja el  camión y  los deposite en el vertedero donde son tratados.

 

A los desechos sólidos es a lo que el común de nuestra gente llama basura.  La basura cuando no es tratada de manera adecuada se convierte en un problema que afecta al ambiente y a la salud, pues su descomposición provoca la proliferación de ratas e insectos que luego transmiten mortales enfermedades como la leptopirosis que resultan letales.

La basura se clasifica en orgánica e inorgánica, en función de su procedencia.  La basura que proviene de seres vivos como cascaras de víveres, cartón, papel, etc., se denomina orgánica y esta tiene la peculiaridad de que se disuelve o deshace fácilmente a su contacto con la tierra o con el agua. Se denomina basura inorgánica a la que no proviene de seres vivos, como el plástico, el vidrio y el metal y cuya disolución o degradación tiene un tiempo mayor de duración  que la orgánica.

Ambos tipos de basura pueden ser una oportunidad para las municipalidades que adopten la iniciativa de educar a sus poblaciones a los fines de que aprendan a empacar la basura clasificándola  en embases diferentes, es decir, poniendo de manera separada los desechos de alimentos, tales como restos de comidas, cascaras de víveres,  etc.,  los desechos o restos de papel o de cartón y de igual manera los residuos de metales, plásticos  y vidrios en fundas diferentes.

Esta clasificación de la basura permitirá reciclarla, es decir, rehusarla, ya sea en su estado actual o transformándola mediante el proceso de industrialización de la misma, así los residuos de comidas pueden convertirse en abono para las plantas, los desechos de papel y cartón en papel o cartón y los de plásticos, vidrios y metales vuelvan a serlo.

Para alcanzar un nivel de clasificación como el descrito y que permita el reciclaje de los desechos sólidos o de la basura, se hace necesario incorporar en esta tarea a la escuela, a las organizaciones sociales y comunitarias, así como a los medios de comunicación para educar a nuestros niños, adolescentes, jóvenes y pobladores, elevándolo a la categoría de ciudadanos que es una categoría que distingue al ser humano común de aquel que no lo es.

Cuando la población se coloca en la ruta de aportar su potencial para clasificar la basura permitiendo su reciclaje, esta se convierte en una oportunidad que a más de aportar recursos económicos a la municipalidad que la promueve, contribuye a preservar un municipio, un país y un mundo con menos contaminación.

Santo Domingo Oeste, es un municipio que por su ubicación geográfica y su alta densidad poblacional,  bien puede incorporar a su población a un proceso de clasificación de sus desechos sólidos en su propio beneficio, basta que quienes ejercen las funciones de conducirlo pongan ¡Manos a la obra!  para acometer tan provechosa y encomiable tarea.