Tradicionalmente el desarrollo económico ha sido una preocupación de las clases dirigentes y políticos de todos los países. El desarrollo ha sido vinculado al incremento del producto interno, de la productividad y a mejorar la distribución del ingreso. Estos son los elementos que componen la concepción del desarrollo de la Comisión Económica para la América Latina (CEPAL) durante la década de los años cuarentas (O. Rodríguez, 1982). Esta concepción del desarrollo contrasta con la concepción clásica que coloca en el centro del desarrollo al crecimiento del producto sin reparar en la obtención del bienestar de la población.
Recientemente la concepción de CEPAL del desarrollo económico sufrió transformaciones. Evolucionando de una visión en la concurrían elementos de índole económica hacia una concepción que incorpora un elemento esencial de las democracias occidentales: la libertad individual.
Debraj Ray (1998) y Amartya Sen (1999) coinciden en señalar que el desarrollo significa que las personas estén bien alimentadas, vestidas, tengan ocio y entretenimiento así como vivir en un ambiente sano. Por otro lado, significa asimismo remover todas las fuentes que limitan las libertades; tal es el caso de la pobreza, la tiranía, las limitaciones de las oportunidades y la sistemática privación social, la intolerancia y la negación de facilidades públicas (salud, educación, agua potable, vivienda, entre otras).
Sin embargo otros autores de la tradición neoclásica argumentan que el desarrollo se vincula estrechamente al comportamiento del ingreso per cápita; a mayor ingreso per cápita le corresponde mayor nivel de desarrollo (Lucas, 1988). Esto implicaría que las elasticidades de los factores de producción respecto del producto sean relevantes en la determinación de la participación en el ingreso, si se deja de lado cualquier tipo de lucha entre los dueños del capital y los oferentes de la fuerza de trabajo para acomodar su participación en el ingreso per cápita (Lancaster, 1978). En una economía en la que predominen tecnologías intensivas en capital, habría alta productividad de los trabajadores que están empleados, no obstante habría un mayor número de desempleados.
Durante los diferentes estadios de desarrollo por los que ha atravesado la economía dominicana, la productividad de los factores (capital y trabajo) y la mejoría en la distribución del ingreso no han tenido lugares prominentes pese al uso intensivo del capital. De manera que el concepto de desarrollo preponderante en las políticas públicas (y favorecido por el sector privado) ha sido el crecimiento del producto, concepción del desarrollo que se remonta a David Ricardo en el siglo XIX.
A pesar del crecimiento económico sostenido de 7.8% promedio durante 2005-2011, la concentración del ingreso registra avances marginales. La concentración del ingreso medida a través del Coeficiente de GINI fue en el 2004 de 0.55, con un crecimiento negativo del PIB de 0.98% y durante la peor crisis económica que registra la historia económica doméstica, mientras que en el 2009 ese mismo indicador era de 0.53.
De la misma manera, la productividad dominicana aún mantiene discrepancias apreciables con sus socios comerciales pese a las tecnologías intensivas en capital. La balanza comercial del país en el DR-CAFTA es deficitaria con los países que componen este acuerdo comercial, con lo cual la productividad de los bienes producidos localmente no es capaz de mantener la competitividad en ese mercado.
La tecnología promedio elegida por los empresarios dominicanos parece ser inapropiada, considerando la abundante oferta de mano de obra con una educación promedio baja. Durante los años de bonanza de la presente administración la tasa de desempleo no solamente superó el 14% de la población económicamente activa sino que mostró cierta resistencia a la baja aún en presencia de altas tasas de crecimiento económico. Tal vez el abaratamiento del capital por la ausencia de impuestos arancelarios tiende a sobre dimensionar el tamaño de las plantas de producción, aumentando los costos por la existencia de capital ocioso.
Un uso intensivo de capital evidentemente que demanda la especialización y mayor educación de la mano de obra. No obstante, los candidatos de los dos principales partidos ofrecen, por un lado desarrollar el campo y por el otro el turismo. La producción de alimentos demanda formación académica en ciencia y tecnología, la cual reduce los costos de la canasta alimenticia, reduce los salarios reales, mejora los niveles de beneficio y promueve la inversión. En cambio el turismo, como motor fundamental del desarrollo, necesita mano de obra de baja calificación y productividad y efectos reducidos sobre el resto de los sectores productivos. ¿Cuál de las propuestas económicas de los candidatos necesitará más recursos para educación?