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Democracia en Juan Bosch (XI)

La infamia contra el PRD, y sobre todo contra Bosch, de que era comunista, un argumento muy trujillista, llevó a nuestro autor a enfrentar a Lautico García en un debate histórico, pero la denostación se mantuvo durante su gobierno hasta el golpe de Estado.

Por David Álvarez Martín

Las elecciones del 20 de diciembre del 1962 se prepararon en un tiempo récord. Basta recordar que Trujillo había sido ajusticiado un año y 7 meses antes y que el trujillato propiamente sucumbió al saltar Balaguer la valla que separaba su casa de la Nunciatura en enero del 1962. Aunque se afirma que no hizo tal salto sino que caminó de su casa a la Nunciatura. El hecho es que la huida de Balaguer, saltando o caminando, abrió la oportunidad de convocar elecciones ese mismo año.

El proceso de selección de candidatos era algo que se hacía por vez primera en el país y para el PRD era un momento clave en su camino a un posible triunfo electoral. Riesgos había muchos: escoger malos candidatos, dejarse infiltrar por la derecha o izquierda, o que se generaran agrios debates entre candidaturas por posibles fraudes. Bosch veía todo eso como un mal menor. “Corríamos el riesgo de que las nominaciones no fueran las más convenientes; pero así como se aprende a caminar dando pasos, así la democracia se aprende ejerciéndola. Si las asambleas de provincias y municipios escogían mal, en otra ocasión escogerían mejor. “Nadie aprende en cabeza ajena”, dicen los campesinos; y esa es una buena regla en todos los casos” (Bosch, 2009, v. XI, p. 127). Para él era más importante que la democracia comenzara a tomar forma mediante la práctica, incluso si no se lograba ganar el 20 de diciembre.

Este argumento es una constante en la vida política de Bosch: favorecer la maduración política del pueblo y no limitarse a un triunfo electoral. Lo primero es trascendente en la evolución de una sociedad, lo segundo es coyuntural. En muchas ocasiones él utilizaba los procesos electorales para profundizar en la conciencia de la gente y fortalecer las estructuras organizativas partidarias, fue primero en el PRD y luego en el PLD. Sus seguidores, incluso los más maduros políticamente, les costaba mucho entender esa táctica de Bosch, hasta llegar a decir por debajo y luego públicamente, de que el “viejo” no quería el poder. La naturaleza arribista de la pequeña burguesía dominicana es difícil de domeñar. Ni siquiera los esfuerzos educativos de Bosch, en sus últimos años del PRD y luego en el PLD, sirvieron para que esos sectores sociales resistieran la tentación de la corrupción.

Volviendo al 1962 Bosch analiza el proceso de selección de las candidaturas del PRD para las elecciones del 20 de diciembre de ese año, las primeras libres en toda la historia de la República Dominicana. “Con las convenciones para elegir los candidatos a senadores, diputados y munícipes terminó una etapa de la vida del Partido; de ahí en adelante comenzaba otra. Durante años y años nos habíamos preparado en el destierro para la tarea que habíamos terminado en ese mes de octubre. Miolán se había adiestrado para todo trabajo relacionado con la movilización de masas; había aprendido en México y observado en Cuba y en Venezuela cómo se desenvolvían los procesos democráticos; había aprendido a organizar reuniones, convenciones, mítines; a redactar agendas, estatutos, órdenes del día; a dirigir trabajos de líderes y desarrollo de planes” (Bosch, 2009, v. XI, p. 127). Ni la Unión Cívica, ni el Movimiento 14 de Junio, contaban con un equipo tan bien preparado como el del PRD. Si el exilio fue amargo para toda una generación de hombres y mujeres que tuvieron que tomar esa opción para no ser cooptado o reprimido por Trujillo, supieron sacar provecho a esa dura experiencia formándose en política democrática.

Sigue analizando Bosch que: “Durante un año y cuatro meses en que los días y las noches se confundían, llevó sobre la espalda el peso de la organización del Partido. En la nueva etapa, que duraría menos de dos meses, había que enseñar a todo un pueblo la complicada técnica de unas elecciones democráticas y había que enseñar a unos cuantos millares de perredeístas a defender al Pueblo de los trucos de toda laya en que podían enredarlo. La mayor parte de esos millares de compañeros a quienes había que adiestrar procedería de la masa popular, otra parte sería de la pequeña clase media, muy pocos de la mediana clase media” (Bosch, 2009, v. XI, p. 127). El reto era educar a los militantes del PRD y al pueblo sobre las maneras en que funcionaba una democracia. Bosch tiene claro que su apoyo viene del pueblo (campesinos y marginados urbanos) como lo demostró las elecciones. La clase media en su mayoría respaldaba a la UCN y el resto, sobre todo los jóvenes urbanos, se habían radicalizado hacia la izquierda y ansiaban una revolución a la manera cubana. La democracia no era valorada por la derecha, ni por la izquierda.

Juan Bosch tenía claro que contaba básicamente con el pueblo más pobre, que era la mayoría, sobre todo campesinos. Los jóvenes de izquierda al final se abstuvieron de acudir a las elecciones, pero a la vez fueron los que de manera desesperada se alzaron en las Manaclas con más ilusión que inteligencia política y fueron masacrados por las fuerzas armadas trujillistas. Incluso a 8 días después de las elecciones hubo una masacre en Palma Sola donde campesinos guiados por ideas religiosas y de reivindicación social pagaron con sus vidas su resistencia a seguir siendo explotados por los terratenientes. Con un año de diferencia el poder militar trujillista soltó toda su furia contra los campesinos y la clase media.

La infamia contra el PRD, y sobre todo contra Bosch, de que era comunista, un argumento muy trujillista, llevó a nuestro autor a enfrentar a Lautico García en un debate histórico, pero la denostación se mantuvo durante su gobierno hasta el golpe de Estado. En su libro argumenta: “ Si en el PRD había un líder que era congénitamente adversario del comunismo, era Thelma Frías. Thelma Frías participaba a diario en el programa de radio del Partido —“Tribuna Democrática”— y en una ocasión, hacia el mes de julio, se había dedicado casi con exclusividad a tratar el problema de Cuba con tanta vehemencia que yo le llamé la atención. “Recuerda que para el Pueblo dominicano el anticomunismo apasionado significa trujillismo debido a la campaña anticomunista frenética de Trujillo, y si el PRD imita a Trujillo en eso, el Pueblo nos cogerá miedo. No olvides que para el Pueblo dominicano la experiencia más amarga es la que dejó el trujillismo”, le dije; y Thelma Frías siguió mi consejo, pero no con docilidad, porque discutió con vehemencia su posición. Sin embargo ella fue la escogida como cabeza de turco para iniciar la campaña que echaría las bases del golpe de Estado, lo cual se explica porque en los barrios de la Capital Thelma Frías era popular en grado asombroso” (Bosch, 2009, v. XI, p. 132-133). Los de primera, los trujillistas y hasta el Departamento de Estado mantuvo todo el tiempo la acusación falsa de que era comunista hasta que lograron derrocar su gobierno. Para la propaganda norteamericana eran comunistas todos los gobiernos que no se sometieran a sus intereses económicos y políticos

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