Cuantos más hombres diferentes he visto debido al clima, las costumbres, las leyes, el culto y la medida de su inteligencia , más he observado que todos tiene  el mismo   fondo de moral; todos poseen una noción rudimentaria de lo justo y de lo injusto sin saber una palabra de teología; todos han adquirido esa misma noción a la edad que se despliega la razón, lo mismo que todos han adquirido naturalmente el arte de levantar fardos por medio de estaca y de pasar un riachuelo sobre un  trozo de madera sin haber aprendido matemáticas.   

Me ha parecido, por tanto, que esa idea de lo justo y lo injusto les era necesario pues todos estaban de acuerdo en ese punto en cuanto podían 0brar y razonar. La inteligencia suprema que nos formó quiso que hubiera justicia en la tierra para que pudiéramos vivir en ella cierto tiempo. Me parece que, al no tener instintos para alimentarnos como los animales, ni armas naturales como ellos, y  vegetando varios años en la debilidad de una infancia expuesta a todos los peligros, los pocos hombres que habrían quedado tras escapar a los dientes de las fieras, al hambre, a la miseria, se habrían dedicado a disputarse algunas pieles de animales, y no habrían tardado en destruirse como los hijos  del Dragón  de Cadmo tan pronto hubieran podido servirse de alguna arma. Al menos no habría existido sociedad ninguna si los hombres no hubieran concebido la idea de alguna justicia, que es el vínculo  de toda sociedad….

Todos estos pueblos proclaman que hay que respetar a su padre y a su madre; que el perjurio, la calumnia, el homicidio son abominables. Así  pues, todos deducen las mismas consecuencias del mismo principio de su razón desarrollada”.

La queja moral del jefe de la policía dominicana,  yo la asumo como sincera, creo que su alma siente asco ante la conducta bochornosa en  la DICAN, como lo sintió cuando el jefe de operaciones de la DNCD fue extraditado por igual conducta, o, el Coronel González González, la francesa, Paya, la Mulata  Puerto Plata, la soga o los miles de los supuestos o reales  delincuentes, pero vidas al fin,  abatidos por estos mismos angelitos de la policía dominicana, hoy en desgracia,  en nombre de la ley  y el orden. Pero,  la DICRIN y su sistema de cacería como método de investigación, debe ser otro tormento para Castro Castillo,  organismo de quien se dice,  que allí,  dentro, hay tantos delincuentes como en la calle, y no falta quien afirme, que  es una instancia de persecución donde la verdad es una especie en extinción. Como  muestra de ello, se puede indicar  el hecho de no haber podido presentar una investigación científica, académica  e irrefutable en sus supuestos acusatorios a las autoridades de Polonia, por el caso del crimen atroz de pederastia del nuncio Wesolowski.

Yo creo en este jefe de la Policía y una buena parte de su equipo, sus intenciones, sus planes y propósitos; pero no es menos cierto, y no nos podemos llamar a engaños,  que ha heredado una estructura policial dañada en sus cimientos, sobre todo,  por la permanencia en su seno de quienes la han degradado. Cada jefe policial removido de su puesto y conservado activo en la estructura, representa una cabeza de las setenta del cuerpo caótico ingobernable de la policía dominicana. ¿Cuándo serán puestos en retiro lo es ex jefes y, los generales reducidos al número necesario y razonable que establece la ley?

La reforma y transformación de la policía no es posible con modernismos tecnológicos. Hay que construir una nueva cultura y mentalidad policial apoyada en un alto sentido de justicia y de respeto a la vida. Preservar el don preciado y sagrado de la vida es el gran desafío y filosofía  para una policía comprometida con la seguridad y  dignidad de la persona. Es una tarea titánica del actual jefe de la policía, a quien  hay que apoyar,   dejar como legado de su gestión  a  la sociedad dominicana,  una policía que tenga  conciencia y doctrina  de que no puede decidir  por sí misma,  quién muere o vive,  al margen de la justicia y el derecho. El más alto de sus aportes   será, desacostumbrar a la policía dominicana  a matar;  sólo así, se le puede hacer,  a este instrumento de la sociedad civilizada,  retornar a su razón de ser en términos sociales.

Inicié estas reflexiones, con un texto entre comillas,  rebuscado en los apuntes breves de François Marie Arouet, llamado Voltaire, su ensayo: El Filósofo Ignorante, en  su capítulo XXXI, ¿Hay una moral, escrito en el año 1766? Quiero concluir reiterando el argumento esencial y la razón de su referencia, cito: “Al menos no habría existido sociedad ninguna si los hombres no hubieran concebido la idea de alguna justicia, que es el vínculo  de toda sociedad”.