Se ha puesto en marcha un mecanismo perverso para "salir de la crisis" que consiste fundamentalmente en retrotraernos a situaciones anteriores a las conquistas de los derechos económicos y sociales para los trabajadores que se produjo posteriormente a la Posguerra Europea. Como es sabido, durante los años y décadas subsiguientes al fin de la II Guerra Mundial se creó lo que se ha llamado los Estados de Bienestar.
Expuesto de manera muy breve y con todas las particularidades propias de cada país, las instituciones del Estado de Bienestar se basaron en lo que Ralf Dahrendorf ha llamado el "consenso socialdemócrata" (vid. El nuevo liberalismo, 1982, Tecnos, Madrid). Se trató de un "pacto virtuoso" entre los sindicatos, los empresarios y los gobiernos.
Esto es, un acuerdo político-social que consistió en establecer derechos sociales y económicos que habían sido objeto de reivindicaciones durante la segunda mitad del siglo XIX y en el siglo XX por los sindicatos, y organizaciones políticas y sociales de los trabajadores.
Hay que decir, que una posible explicación de que se lograse ese pacto tiene que ver con las condiciones políticas de la época, dónde existían no solamente partidos comunistas y socialistas muy potentes, sino que también existía la URSS, un Estado al que se le atribuían ambiciones expansionistas y que tenía –o se le suponía- un poder militar para llevar con éxito esa temida ola revolucionaria.
Haya jugado esto un papel principal o solo secundario, lo cierto es que el contexto político-militar hacía más favorable que la burguesía, temerosa, estuviera dispuesta a permitir prescindir de una parte de sus beneficios para a través de impuestos elevados, permitir que el Estado invirtiera en políticas sociales, educativas, de salud, de seguridad social, etc.
De 1945 a 1975 fue un periodo en que en los países desarrollados hubo un reparto más justo de los ingresos y eso contribuyó a que mejorara la vida de los ciudadanos. En cierto modo los salarios crecían al mismo ritmo que aumentaba la productividad y eso permitía un crecimiento de la demanda de bienes.
Esta tendencia se invirtió a mediados de los años 70 con la crisis del petróleo, que fue utilizada para iniciar, todavía de manera tímida, el cambio de actitud y de políticas.
Todas esas políticas sociales del "consenso socialdemócrata" conllevaron una mayor posibilidad de movilidad social ascendente y de mayores oportunidades de igualdad relativa de oportunidades para las familias procedentes de los medios obreros y de trabajadores de menos recursos.
Al abrir el acceso a la educación, inclusive hasta la universitaria, para los hijos de dichos sectores y no sólo para los muy sobresalientes de entre ellos, se facilitó el ascenso social.
También se produjo una mejora sustancial de las condiciones de vida al construirse viviendas sociales para que accedieran a la misma los de menores ingresos. Todo ello iba acompañado de una mejor redistribución de la renta y de un acceso a mayores bienes de consumo.
Una característica típica de los Estados de bienestar fue el aumento de las partidas de los presupuestos del estado en los sectores antes mencionados y esto fue una realidad desde los años cincuenta hasta los inicios de los años 80.
A partir de entonces, Reagan y muy especialmente Thatcher, enfrentaron a los sindicatos, sacaron pecho a "la amenaza comunista", una vez comprobado que la URSS estaba en decadencia económica, y que no estaba dispuesta a ningún enfrentamiento militar ni podía seguir la espiral armamentista promocionada por Reagan.
Reagan en realidad aumentó sustancialmente el gasto público pero lo hizo no en políticas sociales y en mejoras de infraestructura, sino que aumentó el gasto público en defensa, en asuntos militares (vid. Paul Krugman, Estados de depresión, El País, 11 de marzo de 2012)