Bienvenido Álvarez Vega, quien ha escalado todos los peldaños del periodismo desde reportero hasta director de un diario importante, nos recordaba siempre en la redacción de Hoy que desde que existen periódicos impresos regularmente (Alemania, 1609) hay que remitirse a ellos pues contienen la historia local, regional y mundial.

Lo repetía siempre durante los años, no tan lejanos, en que se debatía la posible sustitución a largo plazo de los periódicos impresos por versiones digitales. Cada vez que caía una publicación importante en cualquier parte del mundo y llegaba el cable con la noticia, se abría el debate. Cayó el Seattle Post Intelligencer, cayó Newsweek. Y así. Pero, Bienvenido siempre apostaba a la supervivencia del diario impreso, porque cumple muchas funciones, entre ellas la de memoria colectiva de la sociedad.

Pero aquí, en República Dominicana del año 2015,  sería difícil escribir la historia si los historiadores, periodistas de investigación, estudiantes y otros, solo dependieran de las colecciones de periódicos. De hecho, sería difícil como quiera en un país cuya biblioteca nacional permaneció cerrada durante cinco añospor remodelaciones y reparaciones. Y, ¡vaya usted a ver lo que hay después que se reabrió!

Mi experiencia personal podría servir de ilustración.  Me interesaba un artículo de Freddy Prestol Castillo que relata la vida de un personaje bien conocido de mi abuela materna por lo que me crie escuchando sobre él: Salvador Astacio, padre del doctor Nelson Astacio. Solamente tenía el dato de que el artículo había sido publicado en el Listín Diario del 27 de noviembre de 1976.

Me dirigí al Archivo General de la Nación (AGN). Aunque he buscado mucho allí, no me había fijado en si existía alguna discontinuidad en las colecciones digitales. Las que más he consultado son las de El Caribe y La Nación. Ya sabía que la de El Nacional abarca pocos años. Me tropecé con mala suerte, ya que a la colección del Listín le faltan los años de 1976 a 1978.

Freddy Prestol
Freddy Prestol

Le pregunté a la asistente y gestionó que me consiguieran el mes de noviembre de 1976 impreso, en cuya digitalización se trabaja actualmente. ¡Peor!, a la colección –que pertenece a la Cámara de Comercio del Distrito Nacional-  le faltan algunos números, entre ellos el del día 27. De paso, debo decir que los empleados que atienden al público en el Archivo General de la Nación son de los mejores con que me he topado en cualquier oficina pública. Son atentos, pacientes  y capaces, tres cualidades imprescindibles para atender a los usuarios en un archivo.

Del AGN pasé a la biblioteca de la UASD. El de la biblioteca Pedro Mir es un edificio impresionante pero con poco contenido en su interior como para ser la biblioteca de una universidad importante. La antigua hemeroteca de la UASD, ¿dónde iría  a parar?, pues no vimos nada de ella, nosotros que la conocimos en su época de pleno funcionamiento.

Reanudé mi búsqueda en la que debía ser la madre de las bibliotecas: nuestra Biblioteca Nacional. Fui allí una mañana de comienzos de octubre. La planta baja del hermoso edificio estaba colmada de personas que asistían a una actividad de promoción comercial con motivo del Mes de la Salud Dental. La segunda y tercera plantas desiertas. En el  espacio que debía ocupar la hemeroteca había ¡un usuario! Los encargados me explicaron que las colecciones de periódicos se encuentran en un almacén por el puerto de Haina, sometidas a limpieza y fumigación. Negaron enfáticamente que la biblioteca hubiera estado cerrada cinco años, como les alegué. Libros no vi por parte, solo unas cuantos ejemplares de la revista ¡Ahora! que, por demás, es la única publicación periódica importante totalmente digitalizada y online, gracias a Funglode.

Hay que decir que la biblioteca nacional, sin que esto ofenda a ese monumento de bondad que es su director, DiómedesNúñez Polanco, no es actualmente más que un bello cascarón vacío. Falta llenarlo; para ello pueden tomar de referencia la épica labor que se ha realizado durante los últimos años en el Archivo General de la Nación. Pero, por favor, que no se tomen cinco años más.

Alguien me recomendó entonces ir a la biblioteca del Banco Central. Allí me dirigí, otro día. Nada mejor organizado.Estacionamiento, todo bien atendido, mucha seguridad, muchos reglamentos, mucho protocolo, folletos gratuitos, el último Boletín del Banco Central, aire acondicionado, ascensores, empleados uniformados y entrenados. Pero, ¿el Listín de noviembre de 1976? Uh, oh, nada de eso. La colección existente en aquella biblioteca salta más años que en el AGN,  y eso que los mejores ejemplares de El Caribe que he visto en el Archivo son los que digitalizaron de la biblioteca del Banco Central.

Luego de abandonar el Banco Centralme dije a mi mismo: “pero, para buscar un ejemplar del Listín, aún sea digital, ¿qué mejor que la colección del mismo Listín?”  Hacia allá me encaminé, al viejo Listín de don Rafael Herrera, ahora bajo la dirección de Miguel Franjul. “¿Listín de 1976?, lo sentimos, la máquina de microfilm está dañada. Los periódicos que hay, en papel, son los de 1999 para acá”. Adiós.

Bueno, pensé, déjame indagar en las bibliotecas de universidades privadas, que no son muchas (bibliotecas, no universidades). Pensé,  en orden, en la UNPHU, la PUCMM, el INTEC y APEC. Comencé por la UNPHU. Llegué a media mañana al hermoso y acogedor campus situado en la avenida Kennedy.

Eloriginal edificio de la biblioteca,diseñado por el arquitecto Roberto Bergés, es precioso y funcional. Los empleados son muy atentos. No hay una hemeroteca como tal pero tienen los periódicos en el sótano, lo cual indica que hay pocas búsquedas de este tipo de material, aunque alguienme dijo que sí tenían ese Listín especifico.

Al rato regresaron para decirme que no lo habían encontrado. ¿Realmente lo buscaron? No sé. ¿Sabrían lo que buscaban?, lo ignoro, pero no lucían muy  convincentes.  Me prometieron seguir buscando y llamarme. Cierto que el joven que atendía al público en el mostrador me llamó dos o tres veces ese mismo día y el siguiente, sin éxito; todavía espero.

De pronto, ya casi frustrado, se me ocurrió llamar a OGM Central de Datos, empresa que vende contenido de 22 publicaciones de entre 1948 y 2001. La respuesta positiva fue casi instantánea y al día siguiente ya tenía el artículo en mi correo electrónico. Precio: $240, nada barato por una página; enseguida calculé que  100 páginas, que pueden ser apenas el fragmento de una investigación,  serian $24,000. Un año atrás  yo había tratado de obtener allí una foto y me cobraban $1,200 pesos, la sigo buscando todavía.

En cuanto al artículo de Prestol, todavía me quedaban varias instancias a las cuales acudir, así que me quedé sin saber si estaba en las bibliotecas universitarias PUCMM, INTEC o APEC. También penséen acudir a Roberto Obando Prestol, nieto del licenciado Prestol Castilloa quien conozco y, finalmente, al hijo del escritor, Miguel Ángel Prestol, por si tenían algunas de sus publicaciones dispersas, que fueron muchas.

Por suerte, no tuve que molestar a ninguno de ellos. En este punto, reconozco un aspecto que obraba  en contra de obtener el artículo mencionado, y es que el 27 de noviembre de 1976 cayó sábado. Eso reduce las posibilidades de que el ejemplar del periódico fuera guardado pues  los periódicos de sábados, domingos y feriados fácilmente se extravían o nunca son archivados. No es extraño, pues, que faltara en la colección de la Cámara de Comercio y, consecuentemente, el AGN no lo obtuviera.

Finalmente, hay que resaltar que no todo el mundo, especialmente los estudiantes, dispone de 240 pesos más $100 de transporte para obtener un documento de una página que puede copiarse sin costo en una memoria USB o en papel por 10 pesos en el AGN. Y, repetimos,  la historia está en los periódicos, aunque dé brega conseguirlos.

Freddy Prestol Castillo

Narrador, ensayista, abogado, orador. Nació en 1913 y murió en 1981. Además de ejercer su profesión de abogado, distinguiéndose como uno de los juristas más prestigiosos del país, escribió cuentos que aún permanecen dispersos, y varias novelas.

El escritor y académico de la lengua, Rafael Peralta Romero, habló sobre la obra de Freddy Prestol Castillo en la Feria del Libro 2014, quien fuera miembro de número de la Academia Dominicana de la Lengua y prestante narrador dominicano.

En su disertación ponderó la calidad narrativa del escritor y aprovechó la ocasión para proponer al Ministerio de Cultura la localización de los cuentos escritos por Freddy Prestol Castillo y la reedición de sus novelas, para que los lectores actuales puedan disfrutar de sus magníficas creaciones El Masacre se pasa a pie y Pablo Mamá.

Peralta Romero dictó en la Feria Internacional del Libro una conferencia titulada “Aproximación a  Freddy Prestol Castillo”, en la que comentó el contenido de las dos novelas del académico y novelista, obras que  se basan en sucesos “impregnados de la  magia con ciertas pinceladas surrealistas que caracterizan la vida, la imaginación y las creencias del pueblo dominicano”.[i]



[i] Enlace de Internet:

http://academia.org.do/peralta-romero-resalta-obras-de-freddy-prestol-castillo/