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¿Defensa de la soberanía o rescate de la identidad nacional?

Por Carlos M. García Cartagena

A principios de este mes, una multitud de ciudadanos se congregó frente al Parque Independencia de la ciudad de Santo Domingo en lo que ellos denominaron un “encuentro patriótico” para apoyar la sentencia 168-13 del Tribunal Constitucional, que entre otras cosas establece que; a los nacidos en el país, hijos de padres extranjeros indocumentados, no les corresponde la nacionalidad dominicana.

La sentencia para bien o para mal, hay que acatarla; su efecto se circunscribe al ámbito jurídico, pero su aplicación genera un conflicto moral y filosófico que dificulta su cumplimiento pues choca con factores sociales, culturales y políticos.

Producto de esta sentencia, la nacionalidad se ha escindido de la identidad nacional.  El Tribunal Constitucional ha definido el concepto de nacionalidad desde la perspectiva jurídicopolítica, vinculándola a la autoridad estatal mediante un documento emitido por la Junta Central Electoral (JCE).

La identidad nacional por su parte, es una condición social, cultural y espacial que puede existir sin estar amparada por un documento legal. Generalmente, las personas cuentan con los papeles que acreditan una condición acorde a este sentimiento y así, ambas coexisten y se vinculan de manera tan armónica que dan la impresión de ser lo mismo.

La simbología de la identidad nacional proporciona además un sentido de pertenencia que puede ser asimilado por los que llegan de otras costas.  Así, quienes han aprendido a amar este país, se consideran y en sus círculos cercanos pueden ser vistos tan dominicanos, como los que hemos nacido y crecido en esta tierra. A fin de cuentas, el trabajo tesonero de todos es lo que trae progreso y bienestar a la nación.

El veredicto de la corte también ordenó realizar un proceso de “regularización” de los expedientes del registro civil a partir del 1929, para eventualmente, dotar a los afectados de una documentación acorde al estatus que determine la investigación.

Con este fallo, cuatro generaciones de ciudadanos, en su mayoría dominicanos de ascendencia haitiana, se verán sometidos al incómodo proceso de tener que hurgar en un pasado del que sus mayores decidieron desligarse para iniciar aquí una nueva vida.

Partiendo de un punto tan lejano en el tiempo, es altamente probable que en la mayoría de los casos, las personas pasen de ser nacionales, a ser considerados extranjeros en su propia tierra.  Si la patria es un sentimiento, ¿cómo reaccionar ante esta paradoja?

Hace 84 años, la población del país rondaba el millón de habitantes, hoy somos 10 veces más. La primera encuesta nacional de inmigrantes (ENI-2012), dada a conocer en mayo de este año, arrojó el dato de que en el país viven unos 524.623 extranjeros que equivalen al 5,4% de la población nacional. Las cifras oficiales dadas a conocer por la JCE, indican que 24.392 personas fueron registradas con un documento no válido.

Cuanta contradicción, desconcierto y desamparo deben sentir aquellos nacidos aquí al ver cómo determinados grupos, le endosan otra nacionalidad.  Para colmo, sus documentos de identidad han perdido validez a pesar de haber sido expedidos por la autoridad competente.

Los que alzan la voz pidiendo la construcción de muros en la frontera, deben entender que la aplicación a rajatabla de lo dispuesto por el Tribunal Constitucional es imposible.  La dominicanidad no se puede modificar ni anular mediante un procedimiento administrativo.

La intolerancia demostrada en manifestaciones como la del lunes 4 de noviembre, podría ser contraproducente. La postura radical adoptada por estos grupos, plantea el desarraigo y pretende obligar a un grupo de personas a vivir una cultura diferente a la que conocen y con la que se identifican.

Una posible reacción ante semejante presión social y emocional, podría ser el surgimiento del primer grupo de ciudadanos que se vean en la necesidad de abrazar dos banderas como suyas.  El pabellón tricolor donde nacieron y han crecido; y la que se les pretende imponer.

Los 24.392 dominicanos que se encuentran en esta situación, necesitan de manera urgente, información y orientación sobre las posibles opciones que les permita resolver la crisis existencial que ha generado la separación fáctica de su identidad nacional con respecto de su nacionalidad.

El hecho de que el 56,05% de los casos implique a descendientes de haitianos, da un matiz discriminatorio que, por no haberse gestionado de forma oportuna y adecuada ha perjudicado internacionalmente la imagen del país. En esta ocasión, el gobierno se ha visto obligado a lanzar una ofensiva diplomática a favor de la disposición pero lamentablemente, el daño ya está hecho.

Todo esto me trae a la memoria el verso que dice: “Ayer español nací, en la tarde fui francés, a la noche etíope fui, hoy dicen que soy inglés, no sé qué será de mí”.  Estas palabras parecen haber cobrado nueva vigencia.

Bibliografía:

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Bolívar Díaz J. (5 de mayo de 2013) República Dominicana, país de emigrantes más que de inmigrantes. Periódico Acento recuperado el 7 de noviembre de 2013 de http://www.acento.com.do/index.php/news/76337/56/Republica-Dominicana-pais-de-emigrantes-mas-que-de-inmigrantes.html

(n/d) http://definicion.de/identidad-nacional/

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Oficina Nacional de Estadísticas ONE (junio 2012) Volumen I: Informe General IX Censo Nacional de Población y Vivienda 2010. Santo Domingo. p.16

Pimentel K. (7 de noviembre de 2013) Según JCE 24,392 nacidos en el país están de forma irregular.  Periódico Acento.  Recuperado el 7 de noviembre de 2013 de http://www.acento.com.do/index.php/news/134745/56/Segun-JCE-24-392-nacidos-en-el-pais-estan-de-forma-irregular-en-RD.html

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