Y si hay unos Objetivos del Milenio (ODM), si hay unos ejes del PNUD, si hay una Estrategia Nacional de Desarrollo, si hay un arsenal teórico científicamente avalado, si hay un pensamiento político-social de carácter histórico nacional, si hay una Constitución de la República, si hay definidas políticas públicas, si hay planes plurianuales tácticos y estratégicos, si hay un gran potencial de profesionales egresados universitarios, si hay una estructura social establecida, si hay voluntad política para desarrollar el país, etc.
¿Por qué males políticos, sociales, educacionales, culturales y medioambientales –muchas veces cargados de violencia, corrupción e intereses pecuniarios-personales- llenan los barrios y los amarillentos medios de difusión? A veces no me explico cómo es posible que en esta Sociedad Global, en esta Sociedad de la Información y de la comunicación, en este país que avanza hacia la tecnología de la comunicación, estemos tan incomunicados y desarticulados entre nosotros mismos, y con el pensamiento, el ideario y la teoría que nos antecede y ha de guiar la acción transformadora social. Nos desgastamos en tiempo y recursos y funcionamos como “islas” porque queremos brillar, ganar espacio político-personal y los intereses de la Nación y del desarrollo del país, se van… ¡De paseo! A dónde iremos con estos neocaudillistas del siglo XXI que retardan o limitan el desarrollo.
Max, Camila y Pedro Henríquez Ureña, son paradigmas de la gramática española en otros países. Deben ser referentes de la enseñanza de la lengua española en el sistema de educación dominicano. Y aquí, los maestros debieran conocer sus aportes al dedillo, todas sus enseñanzas y las apliquen. Para entender y transformar la sociedad dominicana, no puede dejarse de estudiar el ideario pedagógico del Hostos dominicano, los análisis sociológicos de José Ramón López, el ideario jurídico de Horacio Vicioso, los escritos del gran intelectual dominicano Américo Lugo, la narrativa del profesor Juan Bosch y de tantos otros.
¿Cuántos de nuestros profesionales y políticos dominarán la obra de estos intelectuales? Los aportes teóricos de tantos humanistas, economistas y pensadores dominicanos, han de ser asumidos en la implementación de nuestra acción transformadora.
La seguridad ciudadana no se resuelve militarizando las esquinas de la Capital, los feminicidios no se disminuyen con marchas ni con reuniones, los altos índices de embarazos en adolescentes o de suicidios no bajan con campañas de difusión. Los pobres no dejarán de serlo porque le demos una limosna mensual –tarjeta de solidaridad- sino porque le enseñemos y acompañemos con un crédito blando a ganarse el dinero con su propio esfuerzo y gestión.
La improvisación y el paternalismo no conducen al desarrollo. Se impone ir a las esencias de los procesos, a las investigaciones científicas, a la historia guía de la acción. Sobre todo, debemos ser coherentes con los planes que tenemos y el diario accionar. Padecemos de una dicotomía entre teoría, historia, política, planes, implementación, control y evaluación. Necesitamos más coordinación e integración social para implementar los planes (gestión pública-privada-sociedad civil). Nos falta, sobre todo, ir a las esencias y no quedarnos en lo aparencial, lo superfluo. Necesitamos ir a las causas y no a los efectos. ¡No pongamos ponchera para la gota, resanemos el techo o cambiémoslo!
José Ramón López escribió:
“Uno de los mayores defectos de la psicología colectiva dominicana es el impulsivismo sin fundamento. Predomina en el pueblo los apasionamientos pueriles, y prevalece una indiferencia espantosa por los asuntos trascendentales. Es pueblo que da la vida por lo que no le importa, por lo que no le interesa y se queda impávido ante asuntos que merecen capital atención y esfuerzos extraordinarios.
Desde el Descubrimiento acá ha habido individuos, simplemente individuos consagrados a empresas trascendentales. Los demás, el pueblo en masa, ha corrido siempre como comparsa detrás de Arlequín, rivalizando con él y aún tratando de excederlo.
El origen de eso parece serlo la carencia de educación. Instrucción siempre ha habido, más o menos desarrollada. Pero ha faltado la educación que nos capacite para crear el ideal trascedente y honrado.
Cae una gotera en la casa y moja el piso. En semejante caso no atendemos a la causa, que es un agujero o una rendija en el techo, que hay que tapar, sino a corregir el efecto. En vez de remendar el techo y salir permanentemente de eso, ponemos una taza, una palangana, cualquier cosa a recibir la gotera. Naturalmente en cada lluvia hay que repetir la operación, porque no se suprimió la causa, sino que nos limitamos a corregir el defecto.
Hay algo muy poca cosa, una simple célula cerebral torcida o degenerada en nosotros por el mal uso que venimos haciendo de ella hace siglos. Pero ese algo, esa poca cosa es fundamental y mientras no sea enderezado convenientemente andaremos al garete como barco sin timón. En el hogar, en la escuela, en todas partes reaccionemos contra esa cédula torcida, para que solo gastemos energía en los asuntos que lo merecen para que nos acostumbremos a modificar causas en vez de corregir defectos.” Listín Diario. 14 diciembre 1918.
“DEFECTOS DOMINICANOS”. Escritos Dispersos. Tomo III, pág. 159. Archivo General de la Nación Vol. XVIII. Santo Domingo, 2005