El Director de Migración, José Ricardo Taveras sugirió que el país denuncie y se retire del tratado de la Corte Interamericana de Derechos Humanos por considerar que lesiona la imagen, obviamente del gobierno. Con eso, nos evitamos ser condenados por los asesinatos políticos y raciales y cualquier otra violación a los derechos de las personas.

Basado en ese razonamiento bastante radical y de tener alguna cabida en las altas esferas del poder, entonces habría que extender esa decisión a otros organismos internacionales a los que estamos suscritos. Por ejemplo, hay que denunciar o retirarse del FMI, del Foro Económico Mundial (Davos), del PNUD, de la UNESCO, de UNICEF y de otra docena de organismo que muestran a este país como una desgracia en la mayoría de los indicadores de Desarrollo Humano y Competitividad.

Ocupamos los peores lugares en los indicadores más importantes y cuando salimos de lo peor estamos entre los malos o regulares, todo lo cual afecta nuestra imagen y nos degrada ante los ojos de la comunidad internacional. Solo el sector financiero dominicano sale bien parado de esas evaluaciones.

Si ese es el concepto de un funcionario que maneja un tema tan sensible como el de la migración, entonces aislémonos del mundo y que las estadísticas oficiales sean las que dominen el escenario dominicano.

Son esos organismos que le garantizan a los ciudadanos que se respeten sus derechos, muestran las realidades que los gobiernos ocultan, obligan a la transparencia, ayuden a corregir lo que está mal

Obviamente, esas estadísticas dirán que estamos bien en educación y salud, que somos competitivos, que respetamos los derechos ciudadanos, que hay seguridad pública, que la institucionalidad es sólida, que hay transparencia en el manejo de los recursos públicos, que la corrupción es moderada, en fin, un país del primer mundo, entre los que se encuentran Dinamarca, Finlandia, Suecia, Estados Unidos, Japón, Alemania y Francia, entre otros.

Pero la realidad es otra. Son esos organismos que le garantizan a los ciudadanos que se respeten sus derechos, muestran las realidades que los gobiernos ocultan, obligan a la transparencia, ayuden a corregir lo que está mal y lo más importante, es la única forma de que el país pueda emitir bonos soberanos, asumir deuda con la banca de otros países, recibir apoyo para la educación y la salud, concertar prestamos para la ayuda humanitaria, firmar acuerdos que le provean la ayuda necesaria parta salir de sus crisis y permiten que el Presidente de la Republica pronuncie sus discursos en grandes asambleas a nivel mundial.

Por ejemplo, la crisis actual, donde el gobierno busca desesperadamente más dinero para compensar la debacle presupuestaria heredada de las pasadas elecciones, solo puede paliarse aumentando la deuda pública, especialmente la externa.

Para eso es bueno tener el respaldo de esos organismos internacionales porque de lo contrario no podríamos colocar títulos ni por un peso en el mercado financiero mundial.

Lo mismo pasa con esas condenas de la CIDH, las que frenan muchos crímenes políticos y desmanes gubernamentales contra los derechos de las personas, como también ayudan mucho internacionalmente cuando esas mismas evaluaciones hablan bien de un país que respeta los derechos humanos y condena a los que la violan, sin importar raza, religión o nacionalidad.

De todos modos, esa degradación de nuestros indicadores institucionales, humanos, sociales y económicos se refleja de alguna forma en el costo que hay que pagar por esos préstamos. Una nueva emisión de bonos podría colocarse con tasas entre el 7% y el 8%, cuando países como Alemania lo colocan a tasas de 1.75%.

Vayamos más cerca y veamos a Costa Rica cuyos bonos se cotizan a 4.80% y en Uruguay a 4.0%. Pagamos casi el doble más de intereses que esos países por los indicadores que nos caracterizan frente al mundo.

En fin, ojala que esas absurdas ideas de algunos funcionarios del gobierno, que no se limitan al tema que aquí tratamos, sino que se extienden a otros campos, no tengan cabida en el nuevo gobierno aunque el presidente sea del mismo partido.