I.- Comportarnos con honradez

1.- Por muy difícil que se presente la situación del país en lo social, económico, ético y moral, no podemos precipitarnos, comportarnos abatidos, entregados; como si fuéramos una comunidad de mujeres y hombres derribados, que estamos entregados, ya hundidos en la desesperanza.

2.- Contrario a como piensan los desalentados y angustiados, debemos confiar en la potencialidad, el aliento y el ánimo de los que son los más, el pueblo, que se mantiene afianzado porque está formado para batallar, resistir y salir vencedor, convirtiendo la complejidad en sencillez y los problemas en soluciones.

3.- La realidad nos dice que cada día advertimos más  y diferentes fenómenos sociales nocivos que nos llenan de espanto, pero ante esa materialidad no podemos caer en el abatimiento como si ya todo está perdido, que no hay nada que hacer para darle vuelta atrás al ambiente que se nos presenta como desalentador.

4.- Hay que poner en nuestras propias manos el destino del país que aspiramos, necesitamos y merecemos. Armados de decisión, aplomo, empuje y suficiencia, de seguro que salimos adelante, olvidando todo lo que sea inseguridad, incredulidad y desesperanza.

5.- No debe estar en nosotros echarnos por tierra; sentirnos derrocados; aceptar como bueno estar en estado de abandono, resignados y abatidos. Estamos obligados a sacar energía para ser triunfadores, estar entonados para todo lo que significa lucha.

6.- Bregar para convertirnos en un pueblo libre de las taras que nos deforman, los estigmas que nos reducen y de las lacras que están de por medio; de las tachas que nos hacen ver como entregados a fallas que solo sirven para desacreditar, deshonrar y desprestigiar.

7.- Estamos en el deber de comportarnos exhibiendo actuaciones que nos identifiquen como personas correctas, para poder ser exaltados y dignos de alabanzas. El descrédito, los insultos y las ofensas no podemos aceptarlas como normales.

8.- Para hacer de nuestra comunidad un conjunto de mujeres y hombres de actuaciones decentes y admirables, necesariamente tenemos que actuar como personas de buen vivir; que sirvan de modelo en conducta; con un estilo de vida merecedor de encomio, de motivación, de sincera ponderación.

9.- Una comunidad humana solo es posible gozar de estima, consideración y respeto si lleva una vida ajustada a normas que motivan honra. Prestigio, renombre y reputación solamente adornan a quienes dan demostración de comportarse habitualmente con honradez.

II.- Tener la honradez como propia

10.- No hay que ser adivino, cientista, ni sabihondo, para saber que vicios sociales dominan hoy el proceder de amplio sectores; pero esto no quiere decir que van a estar presentes para siempre en nuestro medio. Los fenómenos sociales no llegan para quedarse; desaparecen con el sistema social que los genera.

11.- Ser honesto en nuestro país no es algo que acompaña a la gran mayoría, por lo que se hace necesaria una certera orientación con el objetivo de lograr que la honestidad sea algo propio, vinculado a la persona de nuestros paisanos. Debemos aspirar a tener entre nosotros a aquella persona que haga suyo el comportamiento digno, insigne y probo, porque en la medida que la moralidad, la lealtad y la sinceridad son tomadas como guía de vida, es posible alcanzar la honradez, la rectitud y la decencia.

12.- Comenzando en el hogar que es la sociedad pequeña, y continuando con la grande que es la que compartimos con los demás integrantes de la comunidad donde habitamos, estamos en la obligación de dar muestra de que estamos formados para la honorabilidad, respetabilidad y crédito. Olvidarnos de ser indignos, despreciables y miserables.

13.- En la casa y en la escuela hay que tallar, esculpir, labrar a los que queremos sean en el porvenir las mujeres y los hombres a ser identificados como verdaderos símbolos de principios, honor, escrúpulos y autenticidad en conducta. Nunca será objeto de desprecio y humillación el individuo educado para actuar en forma cristalina.

14.- El medio social dominicano debemos hacerlo acogedor por la forma como tratamos a aquellos con quienes compartimos. Se impone la presencia de un ser humano nuevo en valores, que sea apreciado por honrado, meticulosidad, esmerado, de actuar rectilíneo. Todo esto reanimará y fortalecerá como recompensa para construir una forma de trato humano con hidalguía y magnanimidad.

15.- El hombre o la mujer que se comporta en forma decente se gana la buena honra, porque su práctica, la enlaza con todos aquellos que en la comunidad saben valorar las actuaciones ajustadas a la convivencia armoniosa, civilizada y de buenos ejemplos. Manejarse bien identifica y distingue a las personas bien formadas en el hogar y la escuela. 

III.- Luchar por un ambiente acogedor

16.- El ciudadano o la ciudadana honrada la vamos a tener en nuestro ambiente cambiando la realidad de hoy, que es impúdica, procaz, desvergonzada e insolente, por otra distinta en la que van a sobresalir los decentes, virtuosos, templados, considerados y modestos. No podemos fijarnos la idea de que no se logrará contar con personas sin tachas porque nadie nace viciado. El medio donde nos desarrollamos deforma la conducta.

17.- Siempre es posible cambiar lo negativo por lo positivo; tenemos que confiar en que vamos a salir adelante porque contamos con la potencialidad necesaria para lograrlo; y llegará el momento cuando contemos con el ser humano irreprochable, correcto, cumplido; olvidando al imperfecto, vulgar, insoportable y vicioso.

18.- A los fenómenos sociales negativos que lesionan vivamente la conciencia y logran torcer el pensamiento, hay que hacerle frente, afrontarlos con firmeza, oposición permanente, no dejarle espacio para su función dañina. No hay que rehuir a las situaciones que nos desafían para aniquilarnos y ponernos arrodillados. Con decisión, valentía y tenacidad es posible conquistar lo que está a nuestro alcance.

19.- Nunca debemos olvidar que en la vida todo es lucha y estamos obligados a combatir, ser batalladores; mantenernos como consecuentes y coherentes contendientes; presentes en los debates civilizados contra todos aquellos que están aferrados a un presente funesto, y opuestos a que llegue la dicha, lo favorable.

20.- Eliminar lo que daña es un deber de las mujeres y los hombres que en cada país se sienten comprometidos con las causas justas, dispuestos siempre a resistir y no ceder, repeler y no aguantar, zapatearse y no rendirse, rechazar y no flaquear, afrontar y no arrastrarse. La desmoralización no debe nunca  impedir al ser humano contrarrestar las adversidades, abandonar el escenario sin encarar las dificultades, los contratiempos y las desgracias.

21.- Todo aquello que nos lesiona como pueblo laborioso y digno tenemos que enfrentarlo con decisión; y dejarnos de estar compungidos, quejosos, angustiosos y tristes. Estamos obligados a armarnos de felicidad, sin demostrar debilidad, agotamiento ni melancolía. Estar listos, esperanzados, contentos, y dispuestos para triunfar.

22.- Corrupción, ladronismo, degradación moral y ética, en fin, la podredumbre social no puede estar por encima de la limpia intención que tenemos de vivir en un país sin lacras; por la capacidad nuestra para preservar y alcanzar los propósitos de vivir en un medio en el cual sea sobresaliente aquel que se eleva por su esfuerzo, y no el pillo que mancilla el calificativo que merece llevar nuestro pueblo de honrado y trabajador.

23.- Estamos más comprometidos que nunca a confiar en nosotros mismos, sin mostrarnos atormentados, encolerizados, desequilibrados ni perturbados. Es el momento de demostrar que dominicanos y dominicanas están hechos de un material muy especial, y con las herramientas necesarias para eliminar escollos y superar barreras.

24.- Aspirar a que en el país predomine la cultura de la honradez, no nos coloca como soñadores, ingenuos o pensadores utópicos, sino que es un deseo generalizado, necesario y posible. Es factible poner en marcha todo un movimiento de opinión para producir un cambio en el proceder de nuestros compatriotas para que actuar apegado a la integridad, sinceridad y honestidad sea algo sentido, profesado y ejecutado con sana convicción.

25.- Sin importar lo hondo, que está el fenómeno de la corrupción en el seno de la sociedad dominicana, es una posibilidad alcanzable producir un cambio; originar acciones; provocar motivaciones; suscitar interés colectivo capaz de volcar, poner cabeza abajo a todo lo que representa ladronismo, corruptela, truhanería, rufianería, granujada, pillaje y desvergüenza.

26.- Adecentar el medio social del país es primordial, indispensable; algo vital, por lo que promover actuar con honradez es algo básico como pueblo civilizado, y llena de empuje, nos da bríos para construir un medio social atractivo por la ética de la mayoría de sus habitantes.

27.- Nada nos debe amilanar; sentirnos opacados, anonadados ni disminuidos por el hecho de estar moviéndonos en un lugar en el cual las taras sociales han doblegado y condicionado el proceder de amplios sectores que, supeditados a las ambiciones, se han plegado, quedando subyugados por la mercancía dinero, llevándolos a doblar la cerviz por beneficios personales.

28.- Conviene mantenernos esperanzados, confiados en que más temprano que tarde aquí va a despuntar, a resaltar el ser humano distinguido por ser honrado; porque se tendrá con alta valoración comportarse de acuerdo como mandan las normas de la decencia. El tiempo está para que una nueva generación dé ejemplo de que es necesaria una conducta que nos identifique dignamente.

29.- La confianza que debemos llegar a establecer de un modo de vida destacado por la limpieza de nuestras actuaciones, debe ser algo aceptado, por todos aquellos con quienes compartimos donde vivimos.

30.- Que el desconsuelo jamás sea una espina que nos acompaña por proceder con deshonestidad; la consternación nunca esté en nuestra mente como martirio por accionar dominados por taras sociales, como la corrupción y tachas que desalientan, rompiendo toda aspiración al entusiasmo y la alegría.

31.- Esforzarnos por ser ciudadanos y ciudadanas auténticamente honestos, es un aporte de buen vivir que hacemos a lo mejor de la presente y futuras generaciones. La buena fama, el buen criterio es la mejor herencia que vamos a dejar al marcharnos del mundo de los vivos.

32.- El dinero no debe llevar a la persona a la degradación, la deshonra y a ser calificada como oprobio social. No ennoblece mantenerse indiferente ante lo vejatorio en una sociedad rebajada por la corruptela.

33.-A la juventud dominicana hay que hacerle hincapié que debe abrazar la honradez como suya; clavarse en su conciencia la idea de que la honestidad no es una pose, gesto, fingimiento o consigna, sino una forma de vida que se lleva con naturalidad, espontaneidad y absoluta llaneza.

34.- Los mejores dominicanos y dominicanas de hoy están en el deber de vivir con el convencimiento de que el porvenir es de los que sirven de ejemplo en sus actuaciones, por obrar correctamente; operar con honradez; desempeñarse con decoro; hacer de sus realizaciones dechados, muestrarios de pudorosos.