No han escaseado las críticas por el hecho de que en la cumbre presidencial sostenida en la frontera por Danilo Medina y Michel Martelly, no quedó resuelto el candente y controversial tema de la veda impuesta a la entrada por tierra de 23 productos dominicanos de alto consumo en Haití.
Las críticas se fundamentan en que el punto es de la más alta prioridad y debió ser dominante en la agenda del encuentro y la razón del mismo para un acuerdo inmediato, en vez de quedar relegado para una posterior reunión a celebrarse en Puerto Príncipe, con la presencia del Presidente Danilo Medina, que muchos aconsejan suspender por considerarla un esfuerzo inútil.
Por lo pronto, como si se tratase de una crónica anticipada del resultado de ese anunciado encuentro, el canciller vecino, Lener Renauld no ha perdido tiempo en señalar de manera categórica que su gobierno no parece estar en el menor ánimo de variar la drástica e inesperada decisión adoptada.
Al respecto, Renauld declaró al periódico “Le Nouvelliste”, bien conocido por sus agresivas posturas antidominicanas, que si el Presidente Martelly estuviera en disposición de variar la medida “no creo que tendría necesidad de sentarse con el presidente dominicano para discutir esta cuestión”. Sin dudas, le sobra razón. De ser tal la disposición de Martelly, le bastaría con levantar la veda sin más preámbulo ni demora. El mensaje que envía, por tanto, resulta desalentador descantando la posibilidad de llegar a un arreglo sobre el debatido tema de la veda.
Por otra parte, parecen existir señales de que el úkase encubre también un propósito político y arreglo económico. Avala esta presunción la versión divulgada en días recientes, en base a documentos filtrados de la oficina del candidato oficialista para las venideras elecciones, que de por medio y como elemento incidente de la veda, figura el compromiso asumido por Martelly con parte de la cúpula empresarial haitiana de imponer y mantener la veda a cambio de una elevada contribución económica a la campaña del aspirante prohijado por el mandatario.
De este lado, algunas voces de advertencia, no precisamente y en exclusiva provenientes de los llamados sectores ultranacionalistas, se han dejado escuchar para expresar sus dudas sobre la buena disposición de las autoridades haitianas a negociar el levantamiento de la veda. Las declaraciones que reseñamos antes del Canciller haitiano parecen darles la razón. Esto, aparte, como recuerdan esas voces, que las autoridades haitianas acumulan un abultado expediente de incumplimiento de compromisos y acuerdos pactados con las nuestras.
En este sentido, bastaría recordar la actitud ambivalente mostrada por el propio Martelly en el curso de la campaña de hostigamiento y descrédito internacional, promovida en forma solapada por su gobierno, contra el fallo del Tribunal Constitucional sobre los requisitos para ostentar la nacionalidad dominicana y, posteriormente, durante la ejecución del Plan de Regularización, que se encargó de sabotear no dotando a sus nacionales de los documentos de identidad requeridos para acogerse al mismo.
Aunque sin descartar del todo la posibilidad de un arreglo razonable en la proyectada reunión de Puerto Príncipe más que todo por no pecar de excesivamente pesimistas, no podemos caer en el plano ingenuo de visualizarlas con una óptica contraria. Por consiguiente, preferimos para calificarla apelar al prudente término de “pronóstico reservado” con que el diagnóstico médico encubre un tanto compasivamente, la gravedad del paciente dejando abierto un muy leve resquicio de esperanza de salvación aunque en el fondo conscientes de que se trata de un deseo más que de una real posibilidad.