La columna maldita

De poetas y disparates

A mí eso de inspirarme en la almohada para decirle cosas a la enamorada, nada de nada.

Por Sergio Forcadell

Dice el dicho que de poetas, abogados y locos, todos tenemos un poco, pues bien de lo primero, de poeta no tengo nada en absoluto, de abogado tampoco y de lo último, de loco, dispongo de unas buenas onzas, no lo puedo negar. Cada uno nace con la sábana de posibilidades que le toca y a mí eso de inspirarme en la almohada para decirle cosas a la enamorada, nada de nada.

Eso de plasmar en versos endecasílabos, alejandrinos y muchos otros, cosas maravillosas sobre la primavera, el amor, las flores y tantos temas sutiles se lo dejo a mis amigos Ramón Saba, proclamado con justa razón Vate Mayor del Reino, a Olga Lara, Raúl Bartolomé, Efraím Castillo, Juan Freddy Armando, Juan José López (Jota Jota) y muchísimos más que dominan ese difícil y sentimental género literario.

A mí me gusta escribir críticas, mordacidades, ironías, humor, cinismo y sobre todo ¡disparates! Este último género creo que se me da mejor, o más acertadamente, menos mal que cualquier otro. Porque díganme ustedes que cosa se puede decir de alguien que afirma tener un amigo hipopótamo, que un semáforo piensa o entrevistar una serpiente, pues que es un disparatador de primera división.

Ahora, si me piden hacer algo verso, lo hago, por aquello de que la ignorancia es atrevida, vean ustedes un ejemplo de por qué las cosas del rimado nunca se me han arrimado.

A los que hacen con mucho tino un soneto

Por lo difícil y complejo de las rimas finales

Es que los admiro, los envidio, y los respeto

Dicen cosas lindas, en frases muy originales

Y por ello, con sus escritos, nunca me meto

Ya ven así mismo por qué cualquier otra actividad incluso la cría de camaleones de Madagascar, me puede ir mucho mejor.

¿Pero saben quiénes dicen también disparates a montones? Los compositores de canciones, sí, esos señores que cobran buenos billetes escudándose en los amores correspondidos o no, en las traiciones, en los desamores, y en mil y un argumentos más dizque románticos componen letras absurdas, suavizándolas y disimulándolas con las melodías, pero que dejan mucho que desear sobre todo si las comparamos con la  dura y cruda realidad de la vida.

Por ejemplo, uno entre millares, la de la clásica canción de Yo tengo unos ojos negros, del archi famoso Lucho Gatica. Dice así en sus inicios ¨Yo tengo unos ojos negros, quién me los quiere comprar, los vendo por hechiceros porque me han pagado mal¨. A ver qué comprador en sus cabales le va a hacer una oferta, ni regalados que se los den. Si esos ojos son hechiceros y han pagado mal a su pareja -novio, amante o esposo- igual pueden pagarle mal a otros propietarios posteriores pues no hay seguridad de serle fieles a nadie.

Hoy no se vende así, la publicidad actual sabe cómo hacerlo bien: Se venden preciosos ojos negros, como nuevos, relucientes, con mirada hipnotizadora, visión 20-20, nunca operados de miopía, no han sufrido conjuntivitis, garantizados por seis meses ¡gran oportunidad! ¡Llame ya! además si llama en los próximos veinte minutos le regalamos unas gafas  multifuncionales del Tío Tito ¡ideales para el sol, mordisquearles las patas, rascarse caspa, meterlas por la nariz y sacarse el cerumen de los oídos! ¡Llame ya!

Con un anuncio así u otro parecido, pero siempre con el ¡Llame ya! al final, es muy probable que un aburrido del altiplano Bolivia cansado de tener ojos rasgados y marrones se interese por ellos para trasplantárselos, o guardándolos como recuerdo en un frasco con formol como se hacía antes con las ranas o los hígados de lagartos en los colegios de bachillerato.

Pero sigamos con la letra ¨Cada vez que tengo penas, me voy a la orilla del mar a preguntarle a las olas si han visto a mi amor pasar¨ ¿Desde cuándo las olas responden las preguntas y más tan tontas cómo esa? Con lo cansadas que vienen de recorrer miles de kilómetros por los mares y océanos le van a decir si la traicionera de los ojos negros pasó por allí. Mejor  que contrate un detective, tendrá informaciones y fotografías más explícitas.

Por mi parte yo cambiaría este texto por otro más convincente que diría así ¨Cada vez que tengo penas, me voy a la orilla del bar, me pego unos petacazos, y vuelvo a recomenzar (con otra jeva, por supuesto)¨ Eso es lo que hacen muchos cuando suceden esas cosas ¿no?

También hay otro pedazo de la canción que afirma ¨más te quisiera, más te amo yo, por eso paso las noches suspirando por tu amor¨ Vamos a ver ¿en qué quedamos? En que vende los ojos para salir del lío o se va a quedar sin dormir una, otra, y otra noche con lo malo que es para después ir a trabajar y el jefe le abronca con toda la razón porque muerto de sueño no hace nada bien.

Lo dicho, el tema de la mayoría de las canciones son verdaderos disparates, aún más grandes y disparatados que los que escribe alguien que no vale para poeta: Un servidor de ustedes que por destino y lamentándolo mucho, esa no es su meta

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