Opinión

De la vida diaria

Por Alvin Reyes

Levantarse cuando suena la alarma del celular, somnoliento preparar la cafetera y mientras el café hierve apenas tienes tiempo para cepillarte. Te tomas el café apurando tus hijos “tenemos que movernos, hay que salir antes de los tapones”. Los muchachitos, con sus mochilas atiborradas se comen sus panes caminando hacia la puerta alentados por tu insistencia. Tú, mientras tanto hechas el café en un vaso plástico porque el tiempo no te da para bebértelo tranquilo en casa con tu esposa, tomas también un pedazo de pan y medio lo masticas mientras bajas las escaleras con tu Ipad en el regazo, tu corbata color vino sobre tu camisa rosada.

En el parqueo del edificio tu historia se multiplica: hombres con corbatas, laptops al hombro y celulares al cinto salen disparados con uno o dos muchachos detrás. Apurados suben   a sus Honda, Toyota, Nissan y salen a la caza desesperada de un hueco antes de los tapones. Hoy tuviste suerte, el semáforo no está congestionado, pero ahora tienes otro reto, llegar al colegio antes que los otros padres para evitar el congestionamiento en la entrada. Adiós, sion papi, su madre los viene a buscar hoy, por qué?, tengo un almuerzo al medio día, adiós, sion papi.

La tercera batalla, llegar antes de las ocho a la oficina, mientras el radio te transmite todo el ruido y la porquería de los comentaristas matutinos. Sin darte cuenta tu cerebro se abarrota de disparates: EEUU deporta 102 dominicanos, CIDH se reunirá con el TC para discutir la sentencia, encuentran armas en Gazcue, liberan acusado de matar comunicador, vienen las elecciones del comité central del pelede, exigen Danilo continúe el metro, escogido 7 toros 3. Licey 2 águilas 1. Todo esto no lo escuchas. En realidad lo recibes como un autómata y como un autómata lo repetirás al tomar café con tus compañeros en el trabajo. 7:48 am. Vaya nuevo record.

Te colocas en tu parqueo asignado y entras al lugar donde pasaras las siguientes 10 horas. Llamadas a clientes, llamadas a suplidores, cotizaciones, negociaciones, FOB, Bill of landing, fletes, furgones, depósitos bancarios, retiros, pagos a suplidores, cobros a clientes, reportes de ventas actualizados, reporte de efectivo, “cuanto tenemos en el BHD”, “cuatro millones”. “paga la nómina de ahí”, “que hacemos con el pago Plásticos del C”. “Prométele un cheque para el jueves, y reza para que S... pague”. Las once, te paras del escritorio y vas a la cafetera, café calentado, dos colegas gerentes, los temas de esta mañana: el escogido, delincuencia, armas Gazcue, liberan asesino comunicador, droga, Hipólito, Miguel, Leonel, primarias, sentencia, haitianos, Red Sox, Yankees. Once treinta te llama el dueño desde su celular “acuérdate del almuerzo”, “claro, usted no va?”, “manéjalo tú, solo ten pendiente las condiciones de pago, bajo ningún concepto pueden ser modificadas, después cualquier otra cosa manéjala según tu criterio, suerte”.

Las doce, restaurant, el almuerzo con los mexicanos, los temas varían un poco: Calderon, petróleo, Irán, Tijuana, frontera, crisis mundial. El menú: pulpo a la gallega, camarón al ajillo, vino blanco. Se logra el acuerdo. El primer embarque en un mes, te anotas un punto con el jefe. A conducir de nuevo a la oficina, embotado por el vino, tapones, elevados, Amet, vendedores en las esquinas, programas de farándula y deportes en el radio, tu cerebro continua su camino al embrutecimiento: toño rosario, omega, el sujeto, daddy yankee, Robinson Canó.  Con el sol de las dos de la tarde tu cerebro se niega a responder y tienes que apagar el radio. Tres pe eme oficina de nuevo, larga lista de cheques para la firma, la joven contadora frente a ti observándote mientras lees cada soporte, ella respira cuando firmas sin preguntar y preguntas “y este otro cheque para el mecánico”, “es el camión rojo, se acuerda, se quedó cerca de san Pedro”. Firmando el cheque dices “maldito camión, ya tenemos que salir de él”. Te conectas al Messenger y chateas un rato con un  primo en Alemania mientras piensas que te vas temprano porque esta noche juegan Escogido y Licey, un trago, un juego nada mal para votar el stress.

Seis de la tarde largo regreso a casa, mentalmente desarrollas tu ruta anti tapones pero justo en el momento en que vas a tomarla suena el celular. Tu mujer, pasa por el súper trae pan, café y algo de leche. Que vaina, eso te obliga atravesar el tapón por el centro. Lentamente la cadena se mueve, y entonces se te ocurre la primera cosa inteligente del día, poner un poco de música suave para atravesar la serpiente por el centro.

En el supermercado sabes que si quieres  vas directo a buscar tu encargo pero no, ya Bauman te lo advirtió, estas en el templo de consumo no puedes resistírtelo caminas por completo, te mareas ante la inmensidad de la oferta: electrodomésticos, home theater, computadoras, tostadoras, lavadoras, jeans, abanicos aires acondicionado, tv lcd, tv plasma, DVD, ropa casual, ropa de moda, perfumes, especiales de whisky, las mejores carnes, los mejores mariscos, jugos, vinos. Y la voz omnipresente del anunciador que cada cinco minutos te habla desde la nada de su micrófono recordante que no te vayas sin pasar por el pasillo de caballeros y veas las lindas corbatas que tienen para ti solo por hoy, porque tú eres especial, y por ser tan especial durante la próxima media hora podrás llevártelas a mitad de precio. Menos mal que durante el tiempo que pasaste dentro del súper la cantidad de vehículos se redujo lo que hace que el trayecto hasta la casa sea más suave. Entonces sonríes y enciendes la radio. Que buena es la vida. Acaso hay otra forma de vivir?

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