Durante el actual período de transición se decidió acudir nuevamente al Fondo Monetario Internacional (FMI). Resulta innegable que durante la ejecución del acuerdo con el FMI firmado en el 2005 la economía dominicana logró cierta estabilidad macroeconómica. Las metas cuantitativas pactadas con ese organismo internacional se cumplieron y el país inició una fase de fortalecimiento. No obstante, todo lo que se había logrado se perdió a partir del 2008; cuando por razones políticas se abandonó la racionalidad económica dando lugar a fuertes desequilibrios fiscales, de cuenta corriente, cambiarios y monetarios.

 

Las cuentas fiscales registraron déficits que promediaron más de RD$50,000 millones entre 2008 y 2010; en el 2011 ese desequilibrio superó los RD$65,000 millones y para el 2012 se estima que supere los RD$110,000 mil millones. Durante ese lapso la política cambiaria fue uno de los soportes de la política de financiamiento del déficit público ya que mantuvo el peso dominicano apreciado y, por tanto resultaba barato el endeudamiento en divisas. Todo esto ocurría a pesar de que el déficit de la cuenta corriente había pasado de US$1,100 millones a US$4,500 millones para el mismo período entre 2005 y 2011.

 

El financiamiento de los desequilibrios fiscales duplicaron la deuda externa y multiplicaron por cinco la deuda interna. De la misma manera, se multiplicó por tres los valores en circulación que constituye la deuda del Banco Central (BC) con el sector privado, forzando al gobierno a financiar su déficit cuasi-fiscal ya que el BC tiene excesivos gastos respecto de sus ingresos. Según el Ministerio de Hacienda la deuda pública alcanza el 30% del PIB ya que solamente se reportan las estadísticas de la deuda del gobierno central, ocultando la magnitud del problema de la deuda pública que ronda el 52% del PIB.

 

El incremento de las importaciones, conjuntamente con el estancamiento de las exportaciones, generaron el fuerte desequilibrio externo; impulsado por una política financiera que privilegió el consumo a través de la valoración de los activos bancarios, excluyendo al sector productivo de los créditos bancarios. De aquí que el consumo promediara el 93% del PIB entre 2008-2012, considerando el PIB a precios de mercado; pero si se considera el ingreso disponible, entonces el consumo aumenta a 96% del PIB, dejando alrededor de 4% del PIB para financiar una inversión que bordea el 22% del PIB.

 

Asimismo, las importaciones fueron favorecidas por la revaluación del tipo de cambio, estimulada por el crecimiento económico; por el contrario las exportaciones fueron perjudicadas por la revaluación del tipo de cambio, produciendo un déficit sustancial de la balanza comercial. En el 2005 el déficit comercial era de US$3,700 millones y en el 2012 alcanzó la suma de US$8,886 millones, es decir que el déficit comercial se duplicó.

 

Las exportaciones del sistema productivo dominicano, a pesar de los programas puestos en marcha por el Consejo Nacional de Competitividad, no lograron superar las importaciones provenientes de los países centroamericanos, similarmente ocurrió con el comercio con Estados Unidos. Con todos estos países la economía dominicana tiene una balanza comercial deficitaria. Solamente con Haití la economía dominicana fue capaz de competir exitosamente y lograr una balanza comercial positiva.

 

El tipo de cambio presenta una trayectoria imperturbable independientemente del uso excesivo de divisas de la economía dominicana. En el 2005 la balanza corriente registró un déficit de US$473 millones y para el 2012 de US$4,499 millones. Para lograr la cacareada estabilidad cambiaria el BC gastó más de US$2,600 millones en los últimos veinte y ocho meses, es decir US$1,300 millones por año. Es decir que el sistema cambiario es ineficiente y muy caro.

 

Se mantuvo una política monetaria restrictiva a lo largo de todo el período de expansión de la economía dominicana. Sin embargo no se logró ajustar la inflación al 3% tal y como se había establecido en el acuerdo con el FMI y las tasas de interés de referencia se movieron en sentido contrario a la tasa de crecimiento del PIB.

 

No se sabe si el presidente electo o el saliente solicitaron la presencia del FMI para corregir males creados por las propias políticas públicas y no por acontecimientos inesperados. Se sabe que FMI será exigente y que las mismas podrían resolver los desequilibrios en un par de años, pero con sacrificios sociales amplios. Parece aconsejable primero ordenar la casa y corregir lo que está mal, antes de exponerse a negociaciones con el FMI cuyas demandas serían realmente difíciles de cumplir teniendo en cuenta la naturaleza clientelar de los gobiernos dominicanos.