Santiago 2030

De la Epidemiología a la Planificación Estratégica

Por Reynaldo Peguero

Había dicho que estudiaría Cardiología. Todavía mis amigos del Colegio de La Salle y la escuela de Medicina PUCMM, no salen del asombro sobre la historia que me condujo a ser Director del Plan Estratégico de Santiago (PES). En vista de algunos talentos que tenía en ciencias clínicas y varios  diagnósticos “prodigiosos” realizados siendo estudiante. Recuerdo mi precisión sobre los soplos del corazón. Las virtudes para leer las líneas complejas del electrocardiograma, usar el estetoscopio o realizar un buen examen físico. Todavía memorizo el niño haitiano del Hospital Estrella Ureña con 16 años y presión arterial de 250/130, como si fuera un adulto de 50 años. Ante el asombro del maestro de la Medicina, doctor Salomón Jorge, le descubrí un soplo a nivel abdominal, de origen renal.

La historia tiene sorpresas. Las ideas de izquierda del momento, sumadas al programa de atención a los haitianos de los bateyes cañeros Montellano y Esperanza del Centro de Promoción Humana Integral (CPHI), una ONG orientada en la Teología de la Liberación, cambió el curso de mis vocaciones profesionales. La extrema pobreza que vivían los santiagueros de la década de los años 80, sólo en el Hospital de Niños de Santiago, habían tres salas repletas de niños desnutridos; casi el 60 % de la consulta eran infantes padeciendo diarreas que morían deshidratados. La Ficha de Medicina Comunitaria de la PUCMM en Pekín y Los Jazmines, evidenciaba que muchas casas tenían piso de tierra, paredes madera y cartón, sus residentes defecaban en letrinas sin agua dentro del domicilio.

La PUCMM mucho antes que la UASD, fue la primera universidad cuya formación de Medicina introducía a los estudiantes al estudio de los problemas sociales, incluso los ponía en contacto con una concepción que todavía no había llegado a la República Dominicana de entonces, la salud comunitaria, la epidemiología, la planificación y la medicina social. Ninguna otra carrera profesional de esta y otras universidades, desde Arquitectura hasta la Biología incluyendo el Trabajo Social (TS), introducía a los alumnos, como la Medicina, en la compleja y desafiante realidad social.

Como ayudante de profesor en la PUCMM y luego como profesor a jornada completa de Medicina Comunitaria e Investigación, en los ochenta me pude involucrar en el PLANDIUCA, un ejercicio de planificación normativa de largo alcance efectuado por la universidad. Era una planificación a 10 años donde valoré por primera vez, la diferencia entre fines, metas, propósitos, objetivos y resultados.

Había estudiado en una universidad altamente preocupada por los problemas sociales, concentrada en la búsqueda de soluciones concretas, la PUCMM. Posteriormente fui seleccionado por la institución para el curso de gestión, planificación y desarrollo de salud familiar en la Universidad de Río Piedras, Puerto Rico. Fue una especie de diplomado, donde estudiamos en los años ochenta, las diversas técnicas de planificación por objetivos, las relaciones públicas y capacidad de exposición discursiva.

En esa década vendría un giro importante en mi formación. La Revolución Popular Sandinista requería de médicos y técnicos para trabajar en el Estado revolucionario. Nos fuimos a Nicaragua con las tareas muy claras. Apoyaríamos técnicamente el proceso revolucionario nicaragüense, haríamos nuestras especialidades en Centroamérica y seríamos como fuimos, los responsables de las relaciones internacionales con todo el movimiento progresista que se gestaba en el Caribe y Mesoamérica.

Sin todavía tener la maestría, fui asignado en calidad de cooperante internacionalista, al Viceministerio de Planificación y Desarrollo de Salud Pública. En ese espacio, la dedicación a la planificación anual y estratégica fue clave. La formulación de la propuesta del Plan de Salud, dirigida por un especialista formado en Rumanía socialista, fue decisiva. Recopilábamos información nacional y del estado de los indicadores de daño a la salud, hacíamos el control de calidad del dato, valorábamos precisión y exactitud, a la vez que apoyábamos investigaciones de grado en hospitales.

En Centroamérica revolucionaria, cuando nos correspondió la selección de una maestría o especialidad, escogí sin dudarlo, la Epidemiología en el Centro de Estudios e Investigaciones (CIES). Ahí llegué avalado por el trabajo desempeñado en el vice-ministerio de planificación.

La Epidemiología es el estudio de los problemas de salud de una ciudad o nación, desde un enfoque colectivo. La epidemiología como ciencia es un aporte del desarrollo científico generado con la revolución industrial del siglo XIX y derivada directamente del crecimiento de las ciudades europeas.

Precisamente uno de los fundadores de esta ciencia, y considerado el padre de la Epidemiología, John Snow, demostró en Londres, que el Cólera era causado por agua de consumo contaminada, al comprobar que los casos se agrupaban en zonas donde el agua consumida estaba infectada de heces. En la ciudad de Londres de 1854, Snow cartografió en un plano del distrito municipal de Soho, la ubicación de los pozos de agua, localizando el existente en Broad Street. Exhortó cerrar la bomba de agua de esa calle, y eso disminuyó los casos. Este episodio es considerado como uno de los ejemplos precoces del uso del método geográfico para analizar una epidemia, como fenómeno de masas. Asimismo ha devenido en todos los procesos urbanos; son fenómenos de masas y se pueden estudiar epidemiológicamente, desde la violencia, la acumulación de basura hasta el caos del uso de suelo.

Usted no puede ser un buen epidemiólogo, sin saber geografía crítica y cartografía. Es imposible que sea Máster de esa especialidad, si no maneja estadísticas analíticas y matemáticas. Fui educado por profesores de Cuba, España e Italia muy celosos del uso de los indicadores fríos y objetivos de los problemas. Para avizorar más allá de la gritería crítica y análisis pugnaces. El epidemiólogo es un exégeta de la precisión y cultivador de la exactitud.

La epidemiología es insumo de la planificación. Sin tener un buen diagnóstico geográfico, sin conocer qué acontece en el metabolismo urbano del agua potable, de las tuberías del agua residual y del sistema de recolección de basuras en una ciudad, no es posible hacer buena planificación. Por eso podemos rebuscar en el PES 2020, las cifras son exactas y tienen pruebas de control de calidad.

Cuando llegué de consultor de demografía y población del primer Plan Estratégico de Santiago en el año 2000, venía de dirigir el Proyecto de la Kellogg-PUCMM en 25 barrios de Santiago; había sido director de la descentralización territorial de Salud Pública y el técnico responsable del Despacho de la Ministra (Doctora Altagracia Guzmán, de quien fue la iniciativa original), a cargo de la creación de cinco direcciones municipales de salud y desarrollo unidades que precedieron a la división del Distrito Nacional en cinco municipios. En el 2000, pude conectar con mayor precisión, el desarrollo urbano, la calidad de vida y el estado de enfermar o morir de la ciudadanía. En la otra seguimos.

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