Unidad y diversidad en las danzas caribeñas

Si bien podemos hablar de danzas caribeñas con una matriz ya mencionada: la calenda, al mismo tiempo existen ritmos y danzas particulares que distinguen una zona de otra.

El reggae se baila de una manera muy  propia en Jamaica, que en el resto del Caribe, lo mismo va para el reggaetón, o el merengue y la bachata dominicana. El sustrato de la danza caribeña tiene como base rítmica la africanía, pero al igual que muchas de las manifestaciones culturales americanas, se han mestizado. La tradición danzaría nuestra, remarca el uso de la cintura y su movimiento sensual, lento o acelerado; por su parte, en Cuba, la danza afroamericana tiene como matiz particular, el hombro y se baila semi agachado.

El reggae, usa el cuerpo en caída subsecuente, e incluye todo el cuerpo y la cabeza, aunque en cadencia lenta. La salsa se inclina por la danza acrobática y los pies. El son cubano está cargado de figuras, lentas y elegantemente bailadas, con el pie y movimientos corporales contorneados. La rumba afrocubana, es pie con cintura y brazos al mismo tiempo. La música de los babalaos afrocubanos, hombros, pies, son las figuras que marcan el movimiento de la danza.

La cadencia danzaría de las islas bajo influencia francesa, está influenciada por una sensual unión corporal y una comunicación intensa entre instrumentos percutidos y danzante y las cuadrillas como réplica de muchas danzas francesas.

Como vemos, hay diferencias y base común en las danzas caribeñas, lo cierto es que sus danzas y músicas, han impacto al resto del mundo y tienen hoy una gran demanda internacional considerada esto como una de los más importantes aportes del Caribe al mundo.

Las danzas ancestrales dominicanas. Una mirada

Dónde se puede considerar que nacieron las danzas nacionales y cuáles su procedencia? Es obvio que nuestra danza tradicional tiene dos matrices básicas que la fundamentan; la española y la africana. El Encuentro de culturas fue el tema convocante, por las buenas o por las malas, pero al fin y al cabo ello, produjo encuentros y desencuentros de nuestras culturas madres en su afán por sobrevivir, adaptarse sus gentes y reinventar desde la memoria recursos de supervivencia.

Las danzas tradicionales nuestras, como decíamos anteriormente reproducen la historia, los grupos migratorios, los préstamos culturales, los intercambios, los reciclajes y reinterpretaciones que permitieron construir nuevos referentes a partir de las culturas madres.

Una lectura del desarrollo y características de nuestra danzas, obliga a una revisión crítica  de nuestras identidades, pues cada danza es la expresión de un momento, un acontecimiento que no solo la explica, sino que la fundamenta, aun y se produzcan las apropiaciones de los pueblos que terminan impregnando sello propio a esas manifestaciones.

El Carabiné, la danza de los guloyas, el son y otros bailes, son la resultante de hechos sociales, migratorios o mestizajes y adhesiones religiosas, en las que la música, es parte de un capítulo de su historia.

Como todo fenómeno cultural, la danza es resultante de procesos sociohistóricos, que más tarde ven erigido en manifestación nacional una danza de procedencia religiosa, migratoria o de relaciones comerciales, pasando a formar parte luego estas danzas, reinterpretadas y mestizadas, de nuestro repertorio danzario nacional.