A los dos períodos de gobierno del expresidente Leonel Fernández, correspondientes a los años 2004-2012, les tocan las culpas mas acentuadas -en realidad, definitivas- por la debacle no solo del gobierno, sino del Estado dominicano, que con Trujillo felizmente enterrado hace más de medio siglo y con Balaguer juiciosa y patrióticamente depositado desde hace 15 en su tolerante y condescendiente sarcófago, mantiene intactos todos y cada uno de los problemas sociales, venerables de tan vetustos;  y los ingresos y el poder, concentrados en las escasísimas manos de una minúscula tribu endogámica.Diseñados, marcados y abonados sus surcos durante esos períodos, tenemos hoy una cosecha impresionante: se han registrado retrocesos estruendosos -y aún así, desapercibidos para la mayoría de la población, que se cree ajena al abismo que se abre bajo sus pies- en materia de derechos humanos y civiles.

Muchos creen que los despojados de derechos serán solo los haitianos (metidos en el mismo saco con los dominicanos de origen haitiano) y no perciben la homogeneidad del chapeo y el ninguneo universal a que se ha sometido a la población completa, en manos que la casta purísima -y riquísima- de los sumos pontífices del PLD.

Han conseguido desmigajar lo que nunca existió: la “democracia”, y, lo peor de todo, han anegado el espíritu colectivo con una mentalidad a lo “Drácula”, de la que los Vincho han constituido uno de los principales focos infecciosos, en la que el interés nacional uniformado, consiste en tener a la presa que hay que comerse cada día, con la genialidad de poner a la presa a perseguirse y a acorralarse a sí misma.

La debacle, que se caracteriza por la apoteosis de la corrupción y la impunidad, ha alcanzado niveles execrables, con la negativa de la Justicia dominicana de examinar los expedientes por robo de diversos funcionarios públicos, quienes han devenido en megatutumpotes sin que, excepto el asalto al erario, exista alguna  otra explicación razonable de su extraordinaria bonanza.

LOS PECADOS DE HIPOLITO, EL TIPICO

Hipólito Mejía, por mencionar al antecedente más inmediato y favorito como ejemplo del desastre, de muchos adeptos al gobierno, fue perfectamente representativo de lo que han sido los gobernantes “democráticos” de presunta “oposición” al “trujillo-balaguerismo”. Y tuvo una administración desastrosa.

Algunos de sus obnubilados admiradores mencionan “los dos primeros años” de su gestión, como evidencia de no sé qué cosa buena, pero Hipólito y el PRD fueron una pesadilla, desde el primer día hasta el último. Sin embargo, y aunque parezca imposible, las “hipolitadas” deberán sumarse como unas catástrofes menores, que aunque en su momento parecían, y eran, el no va más; vistas en comparación con la posteridad, no rebasaron lo convencional, más que en el entretenido capítulo de las payasadas.

¿Han visto a los guerreros de blanco en Juego de Tronos? ¿Esos zombies que arrasan con todo y vuelven zombies podridos, a todos los que matan? La única diferencia es que los nuestros son morados -para hacerlos mas tétricos- y tienen todos un forúnculo lleno de pus amarilla en la frente.

La medida en la que Hipólito y el PRD ejercieron y abusaron del poder, puede considerarse dentro de esos comunes parámetros de autoritarismo platanero y de pseudo-democracia caricaturesca, que ninguno de los partidos que han estado al frente de la administración pública, ha movido un dedo para superar, adornándolo todo, con chillonas notas pedestres, ultramachistas, discriminantes, homofóbicas, y trujillistoides, bastante estúpidas todas ellas, y que están muy lejos de ser solo formales y, más lejos aún, de ser exclusivas de Mejía, cuyo mayor defecto no fue ser atípico, sino ser excesivamente típico en su torpeza y mediocridad, como cabeza del Poder Ejecutivo.

Respaldó y, en su condición de Jefe de Estado, encabezó, el mantenimiento de la vigencia y el “prestigio” del prototipo de funcionario ladrón, desafiante, bochornoso, grosero, ignorante, como modelo aceptable -y encomiable- de desempeño, al frente de las dependencias estatales.  El gobierno de Hipólito y del PRD desanduvo con el mayor desparpajo lo poquísimo, que el primer gobierno de Fernández había avanzado -muy precariamente- en aspectos que no dejan de ser considerablemente fantasiosos, como la presunta profesionalización de las Fuerzas Armadas,  la supuesta mejoría en los procesos y papeleríos burocráticos, el aparente progreso en la independencia de las relaciones internacionales. Cuando se tenga acceso a los archivos correspondientes, sabremos si el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con Cuba, fue contraviniendo los deseos de Washington o cumpliendo sus órdenes. Yo apuesto a lo último.

Durante la amena Era de Hipólito se mantuvo la tradición, explícitamente respaldada por el entonces presidente (y en alguna medida ejercida por sí mismo) del funcionario que consigue salir indemne y seguir flotando, aunque se publiquen todos sus desatinos, desenfrenos e irregularidades, como más de una vez, efectivamente, denunciaron comunicadores como Nuria Piera y Marino Zapete y también denunciaron y analizaron comunicadores como Juan Bolívar Díaz o como denunció, criticó y analizó el periódico Clave Digital, con relación a diversos funcionarios de ese período, en contraste con algunas bocinas de hoy, que también eran bocinas en esa época y lo serán en el futuro, sin importar quién gobierne.

No, Hipólito no quebró al Baninter. Al Baninter lo quebraron los dueños del Baninter, encabezados por Ramón Báez Figueroa, con el auxilio de los otros inculpados; pero las intervenciones del gobierno debieron ser, primero, más tempranas -incluso desde la época del período de Leonel, inmediatamente anterior al de Hipólito- y, segundo, mas justas, sin cargarle la factura completita solo al país y  sin canibalizar los bienes del banco, recuperados parcialmente por el gobierno y, en vez de destinarlos a compensar las pérdidas públicas, acabaron enriqueciendo al sector privado, incluyendo en este último, a los funcionarios del sector público incorporados irregularmente al empresariado, tanto en la administración perredeísta, como en las peledeístas posteriores, llevándose estos últimos, una ración mayor.

Tampoco era justificable, ni aceptable, que el Presidente  y otros funcionarios (¿Al igual que El Cardenal? ¿No?) anduviera por El Mundo con una tarjeta de crédito, sin fondos reales -y sin límites- emitida por un banco quebrado y que además accediera a que su personal hombre-orquesta tuviera otra, haciendo y deshaciendo cuestiones como comprar equipos para montarle una competencia… ¿Digamos que desleal?… a Frank Cabral, empresario pionero y visionario en la industria del espionaje y del chantaje, (la primera empresa que los gobiernos democráticos privatizaron en RD, fue la del caliesaje) con los auxilios de los desplazados “organismos de seguridad”, que desde siempre, pero ahora más que nunca, debieron llamarse de “inseguridad”, para ser mas precisos y hacerle honor a sus primordiales aportes a las únicas instituciones sólidas del país: el macuterismo, el crimen organizado, el robo público, el sicariato, etc.

Carente de la menor educación cívica, democrática y política, Hipólito es, o era, hasta hace muy poco, de los que asumen que las cárceles “no son para los Presidentes” (confundiendo a los Presidentes de unas supuestas democracias, con los faraones del antiguo Egipto) y que si él es Presidente, y alguien llamado Euclides es su amigo, esto exonera a Euclides de los riesgos de tener que explicar su repentina (aunque no muy misteriosa) fortuna, al mismo tiempo, que cualquier periodista de apellido Zapete, que incurra en su furia, por decir la verdad, puede ser objeto de persecuciones por parte del Estado y de burlas imbéciles, por parte del flamante primer ejecutivo. Una vez, a Hipólito también se le ocurrió incluir a las mujeres dominicanas -supongo que igual que el ron, los cocos, los chivos guisados, etc- como parte de los atractivos “turísticos” del país.

Llamó “monito” a un reportero gráfico negro. Mandó a un periodista a poner sus propios huevos de gallina, para confrontar la carestía de esos productos en el mercado local. Para paliar la dureza de la calle, le sugirió a otro que se subiera a la acera. Llamó “azarosa” a una distinguida historiadora. Disque le preguntó al Rey de España que para qué sirven los reyes (lo que, de ser verdad, no debía incluirse entre sus errores, sino entre sus escasos aciertos).Se puso a construir una casa usando maquinarias del gobierno. En la última campaña electoral acusó a las trabajadoras domésticas,  de repartir los filetes familiares y hogareños entre los novios forasteros, guachimanes, o algo así, aunque de ser yo una trabajadora doméstica, no me habría ofendido con ello, sino que le habría dado las gracias por tan inspiradora sugerencia. En un país donde las autoridades y las personalidades distinguidas, se lo roban todo a cielo abierto ¿qué tiene de malo, disponer discretamente de un filetito para agasajar a un adorable guachimán?  Ojalá le añadan moros, tostones, aguacate, café, un traguito de whisky, del que bebe el señor de la casa y que no se olviden los múltiples postres…Hipólito andaba para arriba y para abajo con un engendro espantoso, atropellante y repulsivo, llamado Pepe Goico, quien no solo tenía el temperamento de un bulldog entrenado para agredir, sino también la cara, como para que no quedaran dudas…Durante su gobierno, casi todos los días se envenenaban muchísimos niños con el desayuno escolar, problema complejísimo, igual, o peor, que el de la electricidad. Todavía no se le ha encontrado solución a ninguno de esos desafíos. También escupió para arriba con el tema de la reelección y para satisfacer su ambición y capricho al respecto, le sobró estómago para modificar La Constitución -con el correspondiente soborno al Congreso- que todos estos tígueres, charlatanes, sin memoria, sin palabra, sin principios, sin escrúpulos y sin vergüenza alguna, tienen de relajo, tal cual hace ahora Danilo, El Sencillo y Humilde, que no importa en cuántos desmadres incurra, ni cuántos abusos encabece, ni hasta donde exprima, ni en qué medida ahorque al país, asaltando con impuestos, sin tener los controles administrativos básicos en los gastos.

La única obra encomiable y relevante del gobierno de Hipólito fue la de pedirle al Cardenal que se despojara de la correa, para pasar por la máquina de detección de metales de un aeropuerto y hasta eso falló, al no incluir que los perros pastores alemanes de la Dirección de Control de Drogas, fueran a oler el equipaje de Su Eminencia, tan múltiple, voluminoso -y el triple de costoso- como el de Catalina La Grande, de Rusia y el de Maria Antonieta, de Francia, juntos. Pero de ninguna forma debe reducirse la dimensión del gesto y hasta supongo que en reconocimiento a ello, fue que unos militares, incluyendo a UN tal General Zorrilla, (inmejorablemente gráfico, el apellido) que era Jefe de La Aviación, si mal no recuerdo, y que ahora anda por ahí, cogiendo lo suyo, homenajearon al entonces Presidente Mejía, entregándole una estatua delirante, en la que don Hipólito aparecía cabalgando en el espacio sideral, montado sobre Pegasus, el caballo alado de la mitología griega. Imagino que el ex-Presidente Mejía la tendrá colocada en un lugar de honor en su casa, en grata recordación de la sinceridad y fidelidad de los amigos y aliados. Lástima que el artista que creó esa obra, nunca ha salido a la palestra pública, a exigir el debido reconocimiento…Hipólito, además, transgredió todas las reglas del buen gusto, excepto la de acudir a misa: Se refirió al sagrado matrimonio con el populachero concepto de “dar estilla”, no tuvo inconvenientes en alardear en público, y sin sonrojos, de las dimensiones de su miembro viril, comparándolo con una yuca tan grande, que amenazaba con abrir la tierra (lo cuál molestó terriblemente a todos los que no podían decir lo mismo) y no ocultó su familiaridad con sujetos sin pedigrí, como “La perra de mamá Belica”.

En fin, si falta por recordar alguna culpa de Hipólito, se pueden consultar los artículos que consideré oportuno publicar durante ese gobierno. Dudo que entonces haya dejado de señalar alguna.

LEONEL O DE CUANDO EL VERBO SE HIZO BABA Y EL PARTIDO, ETERNO

Ahora bien, debidamente desenterradas las hazañas de Hipólito, ¿es posible una comparación, en la que los desastres de los gobiernos del PRD parezcan minucias? Qué lastimosa es la respuesta: Si. Los gobiernos del PRD han sido desquiciados ciclones batateros.

Los gobiernos del PLD son disecciones desapasionadas, frías y metódicas. Así de meticulosas, implacables y sobrias debían ser las ceremonias de las sectas satánicas. ¿Han visto a los guerreros de blanco en Juego de Tronos? ¿Esos zombies que arrasan con todo y vuelven zombies podridos, a todos los que matan? La única diferencia es que los nuestros son morados -para hacerlos mas tétricos- y tienen todos un forúnculo lleno de pus amarilla en la frente.

Durante las administraciones de Fernández no solo se perfeccionó, afinó y multiplicó el robo de lo público, tanto de forma soterrada, como de manera explícita, sino que  las instancias de arbitraje más importantes del país, se metieron en el bolsillo de un tipo, acabando de aserruchar cualquier frágil retoño de la institucionalidad.

La prensa, que nunca ha andado muy silvestre, fue secuestrada por la cúpula de un partido, igual que una parte el sector industrial y empresarial, lo que se mantendrá y agravará.

La producción nacional, en varios renglones, ha sido desmantelada, para enriquecer a dos o tres compañeritos -y de los compañerotes- del PLD, que tienen el monopolio de los permisos de importación.

El PLD convirtió al Estado dominicano, en una estricta arma de asalto contra el país, en manos del Comité Político de ese partido.

En lo único que el gobierno se hizo eficiente fue en la recaudación de impuestos y en introducir chivatos hasta en los grupos de jugadores de dominó que se reúnen en aceras y colmadones.

Durante esos años, el señor Fernández y su pandilla se dedicaron a convertir el Estado dominicano en un escalón, mediante el que ellos se trasmutaron a una nueva -y supra- clase social, con vocación de perpetuidad. El PLD hizo un sistema, a su medida, sin cabos sueltos, con todo programado.

Planificaron un gobierno con todos los defectos del clientelismo paternalista, todos los defectos del capitalismo neoliberal más inclemente, muchos defectos de las dictaduras y sin virtudes de ninguna clase.

En ese pantano, sin que se sepa hasta dónde le llegan las raíces, está floreciendo Danilo, El Solapado. La nueva gatica de María Ramos. El lobo disfrazado de oveja. ¡Dios nos coja confesados!