Cada vez que se publican noticias sobre problemas en el Registro de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) me vienen a la mente mis propias vicisitudes al respecto. ¿Cuál estudiante de la UASD ha terminado sus estudios y luego transitado libremente el proceso hasta el día de la graduación? Calificaciones, tesis de grado o monografía final, este o aquel documento, difícilmente haya algo que no tropiece, algo que no esté correcto o al día. Irregularidades que son propias de la cultura de la UASD surgida del Movimiento Renovador y la consecuente masificación de la universidad estatal. Lo que “la Duarte con París” es al ayuntamiento del Distrito Nacional los es el “Registro” a la UASD, un monstruo de siete cabezas que ningún alcalde ni ningún rector han podido conjurar.

El estudiante  cursa una asignatura y más tarde o más temprano recibe la noticia de que no existe ninguna evidencia de ello, no hay calificaciones, no hay exámenes, el profesor dice que no lo recuerda a usted. Única solución efectiva: volver a dar la materia. Recomendación: sacar reportes de notas cada semestre, y hay historias de estudiantes que hasta con eso han tenido que repetir materias ya cursadas. Solo hay que decir “Dios me libre”. Porque, son tantas decenas de miles de casos que se ha convertido en norma que casi nadie estudie y se gradúe sin pasar por algún problema burocrático. Por algo la UASD es parte del Estado.

Mi breve viacrucis en este aspecto burocrático comenzó al solicitar el récord de notas para completar  los documentos de graduación. Había terminado mis estudios en 1975 y trabajaba en la entonces obligatoria “tesis de grado”, requisito que actualmente es un fly al cátcher que se resuelve con una monografía, por lo general ayudada generosamente por consultas en  Internet (¡Dios bendiga al fundador de Google!, con todo y que existe un software que dizque rastrea si uno ha copiado algo).

Pues bien, todas mis notas fueron recopiladas sin problemas, excepto Topografía I. esta asignatura del cuarto semestre no aparecía por parte. Mi argumento, donde quiera que iba a tratar de resolver el asunto, era: ¿Cómo es posible que tenga mi nota de Topografía II y no tenga la I que es un prerrequisito de la II?, y sépase que esa era una época en que no había manera de cursar una materia como esa sin su prerrequisito correspondiente. Hablé hasta con la hermosa y amable directora del Registro, Lic. Claudina Jiménez de Chalas, y nada; amenacé con ir ante el secretario general de la UASD, el austero Dr. Carlos Temístocles Roa, sin éxito.

Don Julio Ravelo de la Fuente

Por fin me decidí plantearle el problema directamente a nuestro venerable profesor el ingeniero Julio Ravelo de la Fuente, quien para para nosotros simple y cariñosamente Don Julio. Ya antes había acudido en busca de consejo ante su ayudante, el ingeniero Julio Bona Prandy, quien me recomendó apelar a don Julio. Y así lo hice. Sin nada en la mano más que el sólido argumento de que no podía haber dado Topografía II sin haber pasado la I y, por cierto, la II la pasé con una buena calificación, ayudada por el 100 que saqué en el examen práctico.

Me presenté donde don Julio a su casa de la calle Wenceslao Álvarez, Ciudad Universitaria. Pocos se atrevían a molestarlo. Le planteé el caso, me escuchó pero se lo encontró extraño ya que él era muy prolijo y exacto con sus deberes y no creyó, en primer lugar, que no hubiera reportado las notas. Lo agravante era que habían pasado ya como tres años.

Prometió indagar. Pasaron unos meses en que, cada vez con mayor aprensión, yo iba a su casa a buscar la respuesta. Hasta que un día me dijo ¿Cuánto usted sacó, para ponerle la nota? Nunca supe si don Julio encontró los documentos originales para darme la respuesta y me tanteabacon el fin de comprobar si yo decía la verdad o simplemente decidió resolver el asunto de forma expedita confiando en la información que le di.

Don Julio Ravelo de la Fuente era uno de los más prestigiosos profesores que tuvo la quinta promoción de ingenieros agrónomos de la UASD. Junto al doctor Eugenio de Jesús Marcano Fondeur y el ingeniero agrónomo André VloeberghBelat formaba la triada de nuestros profesores más queridos y respetados.

Julio Ernesto Ravelo de la Fuente (1910-2000), nacido en Santo Domingo hijo del maestro José de Jesús Ravelo (1876-1951), era una persona multi-talentosa. Músico, integrante de la orquesta sinfónica nacional; agrimensor, topógrafo, catedrático universitario, educador musical. Autor de la conocida obra “Apreciación musical”. Sus dotes personales han sido elogiadas en diversas publicaciones por cantidad de personas que lo conocieron y trataron. Llevan su nombre edificios einstalaciones de las universidades UASD e INTEC.