Consideran críticas sobre Universidad de Haití lesionan buenas relaciones entre los dos países

La política, sobre todo durante los períodos electorales, enturbia las mentes más lúcidas, entre ellas las de políticos, periodistas, escritores y otras personas  de innegable cultura.

El comentario es a propósito de la reciente inauguración de una Universidad construida por el gobierno dominicano en Haití, a un costo de unos 50 millones de dólares, como una forma de solidaridad de nuestro pueblo frente a los graves problemas que afrontan nuestros vecinos desde el 12 de enero de 2010, donde un terremoto terrible prácticamente arrasó con todo, con cientos de miles de muertos y millones de damnificados.

Sesudos analistas políticos han formulado numerosas críticas ante ese gesto del presidente Leonel Fernández. Unos dicen que ese dinero debió invertirse en mejorar la educación dominicana. Otros cuestionan por qué no se le puso a dicha Universidad el nombre del Maestro Juan Bosch, en lugar del de Henri Christopher, que es el que lleva.

Los que objetan el nombre de Christopher para el centro académico olvidan que es un derecho del país beneficiario con una obra de tal naturaleza ponerle el nombre que le de la gana, aunque haya cometido atrocidades como las de Moca, en 1807, durante la ocupación haitiana.  Era una guerra, y aunque no se justifica, en las guerras se cometen atrocidades.

El gobierno de Taiwán ha hecho millonarias donaciones a la República Dominicana en diversas áreas, entre ellas la educación, y nunca ha exigido que a alguna escuela, a un puente, a un acueducto,  se le designe con el nombre de un ciudadano taiwanés. Cuba donó un politécnico en Baní, y hasta donde todo el mundo sabe  no reclamó que se pusiera el nombre de Fidel Castro, de Maceo, del patriota  Jesús Sablón Moreno, hijo de padre dominicano y madre cubana, como tampoco el de Carlos Manuel de Céspedes. No, el Politécnico lleva el nombre de nuestro generalísimo Máximo Gómez, dominicano libertador de Cuba.

El presidente Hugo Chávez donó cien casas en Bonao, un verdadero barrio, y hasta donde sepamos jamás pidió que le pusieran el nombre de un Arturo Uslar Pietri, Rómulo Gallegos, Rufino Blanco Fombona, Rómulo Betancourt o Francisco de Miranda, y paro de contar. Fueron las propias autoridades dominicanas que propusieron para dicho barrio el nombre del libertador Simón Bolívar.

Se critica al presidente Fernández porque durante el acto de inauguración de la Universidad hablara no solamente en francés, sino también en español.

Los que hacen esos señalamientos, como si eso fuera un delito, argumentan que Fernández lo que quería era "lucirse", para que supieran que también habla francés, aparte del inglés y su propio idioma, algo que lo sabe todo el mundo académico dominicano.

Olvidan esos críticos que en el escenario había funcionarios haitianos que no hablan español y dominicanos que no hablan francés, además de personalmente lo interpreto como una cortesía, pues no siempre los traductores son fieles a lo que dice el orador, incluso aunque le faciliten el texto anticipado de su discurso, que a menudo varían con palabras que no figuran en lo escrito.

Creo que se trata de críticas triviales. Mejor habría sido decir que la donación de esa Universidad contribuye a la mejoría de las ya excelentes relaciones entre Haití y la República Dominicana. ¿No es eso lo que desean quienes al hablar sobre ese tema se refieren "a nuestros hermanos haitianos?" ¿No es eso "solidaridad internacionalista?"

Mejor habría sido sugerir que la comunidad internacional, que en general no ha cumplido con Haití lo prometido después del terremoto, aporte a los haitianos profesores de altas condiciones académicas, y también equipos, pagados por los mismos países incumplidores, para contribuir con el desarrollo de Haití, que de paso nos beneficia porque atenuaría la pesada carga que llevamos, por razones humanitarias, al tener en nuestro suelo más de un millón de haitianos que reclaman todo tipo de servicios.

Habría sido mejor, además, que los críticos sobre el tema se ofrezcan como voluntarios para aportar algo de sus conocimientos a los estudiantes haitianos, ahora que tienen una Universidad, pues la que existía quedó totalmente destruida con el sismo, que de paso mató a miles de estudiantes, gran parte universitarios.

Pero no: el asunto es buscarle la quinta pata al gato, algo que me recuerda un artículo del historiador Frank Moya Pons. En dicho escrito, si no me falla la memoria, se relata la historia de un alcalde que un día decidió pintar de verde las verjas del parque, que eran negras.

El pueblo se dividió entre quienes preferían el antiguo color y los que sostenían que el verde era mejor. Entonces al alcalde se le ocurrió la idea de pintar las verjas de rojo, y nuevamente el pueblo se dividió en dos: entre quienes querían las verjas pintadas de verde y los que consideran que el rojo era mejor. Repito que escribo esto de memoria.

Eso mismo sucede con nuestros políticos, periodistas, sacerdotes y escritores,  que en lugar de fomentar la unidad de todos los dominicanos, sin excepción, dicen o deciden cosas para dividirnos, como si se tratara de un asunto trivial.

Estoy seguro, de que de haber sido don Hipólito Mejía el presidente de los dominicanos, habría hecho lo mismo que Fernández: ayudar a los haitianos, aunque posiblemente en otro renglón. Cuestión de gustos.

(Estoy preparado para la andanada que me viene por decir lo que creo. Pero, como dijo el otro, me importa tres pares de Equis-XXX)