Opinión

Crisis de pollos y huevos: el juego de los intereses

Por Joseph Harold Pierre

En la República Dominicana, muy pocos han sido indiferentes a la veda de Haití a las exportaciones de pollos y huevos. Algunas opiniones fueron muy medidas; otras, todo lo contrario. Todo depende de los intereses y de la concepción que se tiene de Haití y los haitianos. También hay que decir que, en todo esto, el gobierno ha tenido, de manera general, un discurso conciliador.

Mi objetivo en este artículo es ayudar a entender, a partir de un análisis económico, el comportamiento de "buen vecino" de las autoridades dominicanas, frente a las reacciones adversas de una buena parte de la sociedad en el manejo del caso de los pollos y huevos. Quiero recordar a los lectores que por el momento, estoy viendo una sola cara de la moneda, es decir, el lado dominicano. Mis  próximos dos ensayos tratarán de la posición haitiana.

Las palabras del presidente Medina, los Ministros de Relaciones Exteriores y de Comercio e Industria, Troncoso y Del Castillo, respectivamente, han sido moderadas. Dijeron, en repetidas ocasiones, respetar la decisión de Haití al tiempo que  insistieron en la idea de que la veda no afectará a las relaciones entre los dos países. Las razones que explican este discurso conciliador de las autoridades dominicanas son de dos dimensiones. En primer lugar, se trata de evitar empeorar la situación, lo que podría tener efectos mayores sobre las relaciones comerciales entre los dos países. También hay una dimensión a la vez diplomática y antropológica que quiere que los dos Estados fortalezcan las buenas relaciones que ha favorecido el terremoto del 12 de enero, las cuales fueron nuevamente cristalizadas, el 5 de junio pasado, en la iniciativa conjunta de la reforestación de la isla, especialmente de Haití.

El comercio formal de huevos y pollos entre los dos países le reportó en 2012, US$ 24.24 millones a la República Dominicana, equivalente al 2.2% de sus exportaciones a Haití. Durante los últimos cinco años, estos productos promediaron el 1.04% de las transacciones hacia el vecino país. En estos cálculos, los mercados fronterizos no fueron tomados en cuenta, ya que la prohibición es efectiva sólo para el comercio formal. Según declaraciones del Ministro de Industria y Comercio dominicano, Del Castillo Saviñon, huevos y pollos siguen cruzando la frontera  por contrabando. Los datos presentados nos dicen que el gobierno, de ninguna manera, sacrificaría por este conflicto - y además coyuntural - todas las ventajas que las exportaciones hacia Haití le proporcionan al país. En estas condiciones, la sabiduría aconseja - y como lo ha está haciendo el gobierno - esperar (y al mismo tiempo trabajar para) el (feliz) desenlace de la situación, en vez de satisfacer el deseo de quienes optarían por el cese de las relaciones entre los dos países e incluso el cierre de la frontera.

En este sentido, el embajador dominicano en Haití, el sociólogo Rubén Silié fue claro y directo en su texto publicado en  el periódico haitiano Le Nouvelliste fechado al 20 de junio, al afirmar que "cuando las autoridades dominicanas reaccionan y les piden explicaciones a sus homólogos haitianos, está claro que el fondo del asunto no es proteger a la población haitiana de la enfermedad, sino establecer controles sobre la importación de productos avícolas procedentes de la República Dominicana ".

Si el gobierno dominicano mantiene este discurso de "buen vecino", ¿Por qué algunos líderes de opinión son tan hostiles a Haití? Las respuestas a esta pregunta hay que buscarlas en el comercio de huevos y pollos, por una parte, y en la concepción general de los Dominicanos hacia Haití y su pueblo, por otra. Trataré de contestar aquí la primera parte de la pregunta, ya que la segunda es de índole antropológica y será elaborada en los ensayos respecto a este aspecto. Para evitar malentendidos relacionados con la dimensión antropológica, quiero mencionar que también escribiré sobre el pensar haitiano sobre los Dominicanos. Además, todas mis reflexiones, reitero, no tienen otro fin que mejorar las relaciones entre los dos países.

Si por el gobierno dominicano, el comercio entre las dos partes de la isla no se puede reducir a la exportación de huevos y pollos, la lógica de los que trabajan en esta área - como entenderán - es muy diferente. República Dominicana exporta 20% de su producción de huevos y pollos, y casi la totalidad esta proporción destinada para el exterior es enviada a Haití. Durante los últimos cinco años (2008-2012), Haití compró el 97% y el 99% de las exportaciones de huevos y pollos dominicanos, respectivamente. En 2012, los US$14.12 millones obtenidos por las exportaciones de huevo, US$14.09 millones fueron consumidos en Haití. Lo mismo es cierto para el comercio de pollos que proporcionó para el mismo año US$10.12 millones dólares, de los cuales US$ 10.07 millones se vendieron en Haití. En resumen, durante los últimos cinco años, más del 98% de las exportaciones de pollos y  huevos dominicanas se vendieron en Haití. El año pasado, dichas exportaciones fueron estimadas en US$24.24 millones, de los cuales US$24.16 millones se destinaron a Haití, es decir el 99.7% del total.

Lo que acabamos de explicar permite entender la reacción  de los avicultores dominicanos frente a la prohibición impuesta por el gobierno haitiano. Las consecuencias fueron, en el espacio de un mes perjudiciales en este sector. En la República Dominicana, el precio de los huevos disminuyó en un 29%, pasando de 7 a 5 pesos. Lo mismo pasó con el precio de la libra de pollo que se redujo en un 16%, vendiéndose en 42 pesos, mientras que costaba 50 pesos antes de la adopción de la medida prohibitiva. Además, miles de gallinas ponedoras fueron vendidas a 70 pesos, por debajo de su precio normal. A esta medida se añade la compra por el Gobierno de pollos para los comedores económicos.

Si asumimos que las exportaciones de los productos prohibidos aumentan al ritmo de su crecimiento anual durante los últimos cinco años, o sea 87%, los comerciantes afectados por la veda, dejan de recibir US$ 5.69 millones en el mes y medio que ha durado esta medida hasta la fecha. Todas las medidas adoptadas por el gobierno dominicano están lejos de proporcionarle a los exportadores, este dinero.

El gobierno sabe muy bien que la racionalidad del Evangelio no tiene cabida al momento de defender los intereses. No se puede dejar de lado las 99 ovejas que son el 99% de las exportaciones a Haití a favor del uno por ciento (1%) que representa el comercio de huevos y pollos, una proporción que se podrá recuperar, sea en parte o en totalidad. Por lo menos, eso es lo que espero y deseo por el bien de ambos países.

En la opinión pública dominicana, como una reacción a la veda, algunos creen que se debería despedir a los trabajadores haitianos, especialmente los del sector agrícola, sector al que pertenece la producción de huevos y pollos. Por otra parte, como el descenso de la producción puede estar acompañada por una disminución de la mano de obra, otros predicen que estos trabajadores serán despedidos de manera natural, digamos por la lógica del mercado. ¿Están fundadas estas ideas? ¿Descansan en una racionalidad económica? Estas preguntas serán contestadas en el momento oportuno. Quiero recordar a los lectores que, hasta ahora, sólo veo una cara de la moneda, es decir, lo que la veda es para la República Dominicana. Mis próximos dos textos analizarán la posición haitiana.

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