De hecho a finales del 2008 cuando se agudizó esta crisis el rey Abdullah de Arabia Saudita (mayor productor de petróleo) y el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, declararon que no había razón para los elevados precios del barril de petróleo, aseguraron que su valor no debía sobrepasar los 70 dólares.  Esta guerra de acusaciones y contra-acusaciones sólo revela, por un lado, la complejidad de la crisis -que para algunos ya es estructural- y por otro, la cruenta lucha de intereses.  Pero independientemente de las causas, a los gobernados les interesan las soluciones a la misma.

La experiencia del pasado nos ha enseñado que cuando hay voluntad política y se antepone el interés común por encima del particular, se pueden lograr metas que parecen imposibles.  A manera de ejemplo podemos evocar lo que significó la Revolución Verde a principio de la década de los 70’s; este proceso destinado a reducir el hambre mundial, fue una iniciativa del sector privado (Fundación Rockefeller) y apoyado por el gobierno de los Estados Unidos, logró aumentar la producción mundial de alimentos en un 11% a través de prácticas agrícolas científicas como:  la mejoramiento genético de especies de cereales, ferti-irrigación y mejoramiento de las prácticas socio-culturales de producción.

Sin embargo, este noble esfuerzo de reducir el hambre mundial, fue descontinuado a partir de los 80’s, cuando entró en operación la llamada globalización, cuya base de sustentación es la doctrina económica neoliberal.  Este nuevo orden económico mundial, establece que el sector público debe limitar su intervención en el proceso productivo – es decir la eliminación de subsidios e incentivos fiscales, asistencia técnica, garantía de precios y de mercados para los productos finales, de actividades de alto riesgo como la agricultura- porque estos según los neoliberales crea distorsiones económicas que afectan la eficiencia, la innovación y la competitividad de la denominada libre empresa.  En realidad, este nuevo orden mundial ha ensanchado la brecha entre pobres y ricos, creando una sociedad con desigualdades sociales que rayan en lo intolerable.

Para asegurar la producción de alimentos en cantidad, calidad y precios asequibles, hay que volver al pasado reciente, es decir, a la intervención y/o regulación gubernamental de las actividades productivas.  Porque esta es la razón principal de la crisis actual; por supuesto, los principales creadores de ésta, esgrimen otras causas.  La historia reciente de países como Filipina y México nos da un claro ejemplo de antes y después de la globalización.  Estos dos países vieron como su autosuficiencia alimentaria entró en franco deterioro, tan pronto como cambiaron su estrategia de producción por las recetas del Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo.

En conclusión, las causas de la crisis alimentaria mundial y/o el alto costo de los alimentos tiene como máximo culpable –amén del crecimiento poblacional- los grandes grupos económicos y el segundo pero más vergonzoso es el silencio cómplice y las prácticas corruptas de gobiernos que han traicionado la sagrada misión de alimentar a sus pueblos, y en su lugar, han sucumbido ante el oro corruptor y a la presión de estos grupos hegemónicos locales e internacionales, cuyo único objetivo es generar riquezas a expensas del sufrimiento de la mayoría; olvidándose ambos bandos de que la seguridad alimentaria de los pueblos es un asunto de paz, seguridad y gobernabilidad.

Con la colaboración Ing.  René Mateo, MSc.