Hemos aprendido de los diferentes escenarios académicos y laborales en lo que hemos participado, que la criminalística se ocupa del "más allá" del cadáver, escudriñando a profundidad los rastros que hubiere en el entorno de este último. Esta pasó primeramente por un período estático, en el cual los auxiliares de la investigación se limitaban a "asistir" al examen externo del cadáver, recogiendo objeto del lugar donde se encontraba. Luego de agotar un período científico, al evolucionar conjuntamente con los conocimientos de las ciencias biológicas, se estacionó así en su actual objeto: "elevar la huella y el indicio al rango de pruebas jurídicas". La criminalística, como conjunto de técnicas y procedimientos, nació para reconstruir históricamente el acto criminal, y según el criminalista francés Edmond Locard, la misma "transformó a los policías de novela en policías de laboratorio".

El hallazgo de un cadáver o la denuncia de su existencia, en lo inmediato generan el inicio de una investigación penal. En esta se inscriben las muertes consideradas como naturales, que, ocurridas en forma brusca y sin testigos, crean de manera notable un problema judicial.

El médico forense queda con la obligación de establecer la causa de la muerte, el mecanismo y la manera de la misma, cumpliendo con este cometido, siempre y cuando logre la interpretación médico legal de las circunstancias del hecho, los datos obtenidos del levantamiento del cuerpo o como los franceses llaman "levée du corps", y las conclusiones de la autopsia.

De conformidad con lo expresado por Lemoyne Snyder en Homicide Investigation, el investigador quema tres puentes en el curso de su investigación: el primer puente se quema al movilizar el cadáver, porque ello exige agotar la búsqueda de todo aquello que es importante para el caso en estudio. El segundo puente se quema en la autopsia médico legal, porque no puede rehacerse, y el tercero responde a la inhumación del cadáver, ya que la putrefacción agrega otro escollo a futuras investigaciones.

Ahora bien, es indispensable para el investigador identificar las causas y mecanismos de la muerte. La causa es la enfermedad o la lesión que produce la muerte de un individuo, como una herida de bala en el cerebro o una arritmia fatal producida por cocaína. Es decir que, la causa es la respuesta a ¿por qué murió la persona?. Sin embargo, el mecanismo de la muerte es la fisiopatología desencadenada por la enfermedad o la lesión. Por ejemplo, la fibrilación ventricular puede ser desencadenada por corriente eléctrica, arteriosclerosis o cocaína. Cuando el investigador se pregunta: ¿Quién fue el responsable de la muerte?, está considerando con ello cuál fue la manera de la muerte, es decir, la forma en que esta llegó al sujeto, ya sea muerte natural, suicidio, homicidio o accidente, quedando está "valoración" a nuestro juicio, bajo la responsabilidad del juez y no tanto del médico forense.

La interpretación médico legal de la causa, el mecanismo y manera de la muerte por medio del estudio minucioso de todas las circunstancias del hecho, examen preciso del lugar y los datos de la autopsia y los del laboratorio, permitirán sin temor a equivocarme, que el juez pase de la "autopsia del cadáver a la autopsia del crimen", tal y como manifestara el profesor Leonardo Bianchi.