Son muchas las personas que todavía se preguntan el porqué los dominicanos, en pleno siglo XXI seguimos como sociedad en su conjunto en un crecimiento vegetativo, sin haber logrado los niveles de desarrollo alcanzados por otros países como Corea del Sur, que han pasado de un estadio de pobreza extrema a posicionarse como país modelo de desarrollo humano y social en el mundo.
Varias informaciones aparecidas en los diarios locales durante la semana que recién finaliza son el reflejo de numerosos comportamientos que como colectividad determinan el perfil de los grupos dirigentes que tradicionalmente han modelado los rasgos esenciales de nuestra sociedad.
Estos rasgos se han verificado como actitudes recurrentes de un comportamiento que ha dado fundamento a la tesis del “síndrome de la dispersión clasista” y al principio de la “bipolaridad sociológica del dominicano”.
Existe una multiplicidad de organizaciones de toda índole dedicadas separadamente a las mismas funciones con agendas particulares dirigidas a lograr metas que debidamente coordinadas pudieran dar mejores resultados. Como muestra de lo planteado basta señalar lo que acontece en sectores tan disimiles como el turístico, industrial de exportación, el sindical y ni que hablar del político.
El afán de protagonismo de la mayoría de nuestros líderes en los diversos sectores y clases sociales, políticas, económicas, sindicales y de otro orden, ha producido a través del tiempo una minimización de los esfuerzos encaminados al logro de objetivos de bien colectivo, producto de la puesta en práctica de la máxima “es preferible ser cabeza de ratón que cola de león”.
Por otro lado ejemplos hay sobre el cambiante estado de ánimo del colectivo dominicano, el cual fluctúa de forma cíclica e inconsistente con manifestaciones depresivas ante cualquier acontecimiento de carácter perjudicial sea esta de naturaleza grave o crónica, y de repente presentarse totalmente eufórico riendo y haciendo burlas de su propia desgracia.
En ese discurrir han pasado más de 50 años durante los cuales se ha verificado un extraordinario crecimiento en sectores claves de la nación, desde los días en que se contaba con una población de 3,047,070 habitantes con 1,593 viviendo en la zona urbana y 2,117,130 en la zona rural. En la actualidad esas cifras denotan un cambio dramático cuando el último censo de población verifica 9, 445,281 personas, 7, 023,949 en la zona urbana y apenas 2, 421,332 en la zona rural.
Un análisis del Ing. Juan Temistocles Montas afirma que: “la dominicana, es una economía con buena capacidad de crecimiento. Crece bien, y lo hace a ritmo más rápido que el promedio de la región América Latina y el Caribe. En el periodo 1950-2003 el crecimiento promedio fue 5.15% anual mientras que el de la región fue de 3.91%. En las últimas décadas y, especialmente desde los 90’s para acá, el crecimiento promedio se ha acelerado”.