El Mito del crecimiento económico toma de la modernidad el criterio del progreso infinito, la idealización de un crecimiento, que supone la edificación de la sociedad perfecta, pero excluye a los seres humanos que viven en la sociedad real.  La idealización anula la realidad y se “progresa” en comparación con un modelo imaginario.

En esta visión se inscribe la preocupación gubernamental por el crecimiento económico y su reciente anuncio: “El ritmo de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) en lo que va del 2017, ha sido menor de lo esperado, apenas un 4%.  Ante la reducción, el Gobierno busca dinamizar la economía con la inyección de recursos destinados a la construcción, la producción y el consumo, anunció que 20 mil millones de pesos serán entregados a varias entidades públicas para impulsar proyectos públicos y aumentar el movimiento económico[1]”.

La utopía liberal, fundante de la modernidad occidental como cultura del capital, asume toda una visión de la sociedad, que se institucionaliza a partir del siglo XVIII.  Es la utopía que imagina una sociedad perfecta que es necesario alcanzar.

Desde esa lógica, Adams Smith, da sentido e institucionalidad económica a los principios responsables de realizar la sociedad perfecta: la generación de riqueza a través de las relaciones mercantiles, con el resultado de la libertad como promesa, legitima la Mano Invisible del mercado.

El reclamo del derecho a la libertad e igualdad se encuentra presente en las revoluciones europeas del siglo XVIII; y el Estado, surgido de esas revoluciones, es un “Estado guardián de la libertad”, pero fundamentalmente de la libertad de comercio y de propiedad.

Para los mercantilistas, la sociedad perfecta es justamente aquella donde no hay restricciones a la libertad de comercio; de la necesidad de construir esa sociedad perfecta se deriva la idea de progreso, visto como aproximación a una imagen utópica.  Sobre esta plataforma se construyeron las bases de la modernidad que ha atravesado los siglos hasta hoy.

Esa noción de progreso acumulativo e infinito plantea que se solucionarán, por inercia, todos los problemas con el solo desarrollo técnico y el crecimiento económico, idea muy fiel a Adam Smith, cuando planteaba que el crecimiento y la generación de riqueza se desbordarían y llegarían hasta el resto de la sociedad[2].

Con la teoría económica neoclásica, aparece el modelo de competencia perfecta[3] y el mercado como el modelo perfecto, incluso, asociado al concepto de libertad.  Esta teoría construye una noción de equilibrio económico que es una idealización de los mercados reales, y desarrolla una noción de progreso, en función de la aproximación a esos mercados considerados perfectos; por tanto, todo lo que impida a la realidad concreta acercarse a ellos, es considerado una imperfección o “externalidad” que debe ser corregida[4].

El crecimiento económico es configurado, imaginado y presentado en función de esa sociedad imaginaria; es aportado como un dato del PIB, en el que necesariamente hay que creer.  La realidad queda sometida y medida, comparativamente, por las exigencias de una situación ideal.

A partir de la construcción del mito del crecimiento económico, aparecen las prioridades gubernamentales: obras de infraestructura, inversión extranjera, hoteles para turistas, sin importar que se caigan las exportaciones, no funcionen los hospitales, y se ignoren las necesidades sentidas de las personas; porque sólo el crecimiento constituye el avance social.

El anuncio es importante, porque, en la lógica del Gobierno, el país no puede avanzar sin el crecimiento económico; esa construcción mítica es “celebrada” en nombre de la estabilidad macroeconómica y la inversión extranjera.

Parece que la comprensión de los problemas, el bienestar y la felicidad de los dominicanos está más allá de cualquier horizonte de razonamiento.  No se trata de que no se entiende, sino de que no interesa.  El cinismo, con un presente que mata, construye una República Dominicana utópica, donde la realidad es mejor no tomarla en cuenta, si se quiere avanzar hacia el crecimiento económico.

 

[1] Ver prensa nacional del 4 de septiembre del 2017.

[2] Adam Smith, "La Riqueza de las Naciones", Libro IV, Cap. 2  )  “Como cualquier individuo pone todo su empeño en emplear su capital en sostener la industria doméstica, y dirigirla  a la consecución  del producto que rinde más valor, resulta  que cada uno de ellos colabora de una manera necesaria en la obtención del ingreso anual máximo para la sociedad.  Ninguno se propone, por lo general, promover el interés público, ni sabe hasta qué punto lo promueve… pero en este como en otros muchos casos, es conducido por una mano invisible  a promover un fin que no entraba en sus intenciones”

[3] Este modelo es una situación ideal, y la preocupación de los economistas se traslada hacía de qué manera aproximar la realidad al modelo.

[4] Ver Hinkelammert, Franz.  La Coordinación Social del Trabajo. 2005, pág. 39-68 desarrolla toda una crítica al proceso de idealización por abstracción en economía, y a la aproximación asintótica al equilibrio del mercado de la corriente neoclásica.

(1) El Mito del Crecimiento Económico es un artículo publicado en este periódico Acento el 29 de octubre de 2016.