Opinión

¿Conviene el atraso en la mentalidad militar?

Por Eurípides A. Uribe Peguero

Jefes militares sin ataduras de lealtad, podrían intervenir frente a un gobernante perverso, especialmente si se acogen al Literal #1 del Art. 252 de la Constitución en cuanto a su misión de, “defender… la Constitución y las instituciones de la República”. Es evidente que algunos gobernantes incurren reiteradamente en este irrespeto y los militares estarían comprometidos a intervenir en estos casos.

Hay una contradicción entre lo que piensan muchos políticos dominicanos sobre los militares, su comportamiento y el rol que han estado desempeñando durante estos últimos años. Piensan que a los hombres de uniforme no se les pueden conceder ciertos derechos y prerrogativas ciudadanas“porque no están preparados para eso”.

Esta situación se presenta principalmente con el siempre negado derecho al voto a los militares dominicanos. Se argumenta que las preferencias políticas serían motivo de  un supuesto malestar en los cuarteles. Olvidan que los militares votan en la mayoría de los países desarrollados y que esto es una situación manejable en sus instituciones. Se presume equivocadamente, un comportamiento de otros tiempos ya superado.

Últimamente con el proyecto de Ley Orgánica de las Fuerzas Armadas donde se establece la posibilidad de que un civil ocupe el Ministerio de Defensa, se produjo también una reacción negativa desde algunos sectores. Los argumentos también son inconsecuentes. Esto solo significaría en escalón más de la incuestionada dependencia constitucional del “poder civil legalmente constituido”.

Los militares pasaron por una etapa en la cual eran aceptables las suspicacias y los temores sobre sus reacciones y comportamientos ante el acontecer político en el país o ante las disposiciones legales que les afectaban. Todo era posible y las preocupaciones, válidas. Sus desafortunadas intervenciones en los años siguientes a la desaparición de la tiranía así lo confirman. Rafael Leónidas  Trujillo moldeó los cuerpos militares para que sirvieran a sus intereses y perversidades. Estas instituciones así conformadas, fueron heredadas   a su muerte, continuando casi inalterables durante las primeras dos décadas que siguieron.

En 1978 comenzó una nueva etapa en las instituciones militares. A partir del 16 de agosto de ese año, se hizo un serio intento por destrujillizar a las Fuerzas Armadas. Una efectiva profilaxis al más alto nivel, comenzó a darle a los cuerpos castrenses otro rostro ante la sociedad dominicana. Con sus altibajos, ese esfuerzo ha dado sus frutos.

La vocación para el abuso de poder hace tiempo que desapareció en los militares. Las ambiciones personales de los generales dejaron de ser un motivo de preocupación para los gobernantes. No son los instrumentos indeseados para la represión y la perpetuación en el poder de gobernantes no menos perversos.Nuestros cuerpos militares, además de diestros y capacitados desde el punto de vista de competencia, dominan otras áreas de conocimiento. Cualquier soldado es unabogado, un médico o un intelectual. Los guardias dejaron de “leer comoquiera”.

Los militares se han ajustado al rol institucional que circunscribe su accionar. Y lo han hecho con esmero  y hasta con exceso de sumisión. No había forma que un periodista o un político prepotente(o ambas cosas a la vez), insultara a un General diciéndole “fresco”, “atrevido”, “asqueroso” o con cualquier término hiriente y peyorativo y que no hubiese, al menos, la consecuencia de una galleta, una pela o algo peor. Esto se superó y hasta se invirtió. Ahora cualquier pedante imbuido de poder, insulta, subestima  y desconsidera a los militares sin la mínima provocación y nada pasa.

Los militares dominicanos han asumido su rol y en esto han sido más precisos que nuestra clase política. Si algunas lacras del pasado aun dan sombra en los cuerpos militares, no son sus componentes los responsables sino la conducción civil a la cual se sujetan estrechamente. Si aún hay corrupción, se debe a la permisividad consiente del superior político que la tolera a su conveniencia. Algunos gobernantes permiten conscientemente el enriquecimiento irregular a sus militares de confianza, comprando así incondicionalidades para hacer y deshacer. En esta forma, se hacen de la vista gorda a las violaciones constitucionales y otras irregularidades en las cuales incurren. Jefes militares sin ataduras de fidelidad, podrían intervenir frente a un gobernante perverso, especialmente si se acogen al Literal #1 del Art. 252 de la Constitución en cuanto a su misión de, “defender… la Constitución y las instituciones de la República”.Es evidente que algunos gobernantes incurren reiteradamente en este irrespeto y los militares estarían comprometidos a intervenir en estos casos. Esto explica la conveniencia en mantenerles inconscientes de esta obligación y con la moral comprometida.

Algunas élites militares favorecidas en cada gobierno, se les permiten privilegios exagerados, ciertos niveles de corrupción y hasta narcotráfico. Este es el pecado que aún se puede señalar al militar de alto rango. Es una tolerancia de conveniencia. El gobernante inescrupuloso concede impunidad a cambio de lealtades y contubernios, solo eso hace posible hoy, el desborde de ciertos casos  de ambiciones desmedidas, propias de tiempos superados.Los “guardias” dominicanos, en otros tiempos, incontrolables, hoy solo hacen lo que se les ordena o permite.

La oposición al voto militar con el argumento de que“no están preparados para eso”, es una inconsecuencia  que no se corresponde con la madurez que hace tiempo existe en el pensamiento militar.

A la clase política dominicana les sorprendió el 30 de mayo de 1961. Por lo menos, a quienes les correspondió la conducción del estado a partir de esa fecha no supieron encausar correctamente nuestra democracia. La manipularon con distintos modos de perversión hasta lo que tenemos hoy; una democracia pobre donde no se respetan las instituciones, la Constitución ni las leyes y la justicia es garante de impunidad a los peores delitos.Una bochornosa concentración de poder, da visos de tiranía a esta entelequia democrática donde un hombre puede controlarlo todo. En vez de los militares, son nuestros políticos quienes no han sido capaces de asumir sus roles fortaleciendo las instituciones democráticas.

Los políticos del relevo y sus continuadores, así como no lo hicieron  con su propia clase, tampoco fueron capaces de destrujillizar las Fuerzas Armadas. La destrujillización militar se iniciaría casi dos décadas más tarde en un contexto excepcional y aun así fue paulatina.Hoy resulta que nuestros políticos tienen más de Trujillo que nuestros militares. Mientras los últimos se han superado asumiendo perfectamente su rol constitucional dependiente del poder civil “legalmente constituido”, la conducción política mantiene prerrogativas dictatoriales y al país en el subdesarrollo y la pobreza. Al mismo tiempo, la dirección política del Estado,es la única responsable de las lagunas que aun manchan el comportamiento de los hombres de armas y  hacen todos los esfuerzos para limitar sus conquistas  ciudadanas.

Luce que por alguna razón, conviene limitar el avance y estimular el atraso en la mentalidad militar. Mientras más ignorantes y corruptos, más ciegos y descalificados para exigir el apego y respeto a la institucionalidad. El desarrollo militar de los últimos tiempos, más que una decisión política, solo es producto del esfuerzo de sus componentes más progresistas.

 

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