Washington, D.C. La guerra entre el bién y el mal consiste en la manipulación de los pensamientos (¡click-clack!).

José Eduardo Guzmán Perez es un dominicano nacido en Sánchez. Oficialmente ha sido declarado como  “homeless” en una metrópolis norteamericana (un mendigo ambulante).

“Me están usando como un conejillo de indias”, me dijo azorado. “Cada vez que paso por uno de esos transformadores electrónicos comienzo a escuchar ruidos infernales y siempre terminan llevándome de emergencia al mismo hospital psiquiátrico, y allí me desprograman y me actualizan unos micro-chips que me insertaron en el antebrazo”.

Nunca le dí crédito a José Eduardo hasta que leí el Reporte de Gunther Russbacher, un veterano de la CIA por más de 30 años. El título del reporte es “Operation Open Eyes” (Operación Ojos Abiertos). Describe uno de los programas para controlar las mentes (Mind Control), usado por los servicios de inteligencia con personas escogidas al azar, sin que ninguno de ellos caiga en la cuenta. José Eduardo tiene 40 anos, desempleado, sin familia ni amigos cercanos y  vive en las calles. A simple vista da la impresión de ser un esquizofrénico paranoico. “Cuando me internaron me instalaron unos cables”,  dice José Eduardo.  Y añade que sus “handlers” (manipuladores) controlan su mente a control remoto. Gunther Russbacher dice en su reporte que existe una multitud de centros hospitalarios donde se llevan a cabo este tipo de experimentos, tánto en los EEUU como en el Canadá. Uno de ellos es el Hospital Regional de Dallas, Texas, no muy lejos de donde asesinaron al presidente John Fitzgerald Kennedy el 22 de noviembre del 1963. Existen también centros subterráneos llamados “granjas” donde conducen estos experimentos con jóvenes de antecedentes psicopatológicos.  Uno de ellos está en Blackburg, cerca del Virginia Tech, donde en el 2007 Cho Seung Hui asesinó a 33 personas. Siempre los “asesinos” tienen las mismas características: tendencias psicopáticas, rasgos paranoides, tendencias al aislamiento o al autismo, etc. Siempre “se les mete el Diablo en el cuerpo” y comienzan a matar indiscriminadamente, como siguiendo un patrón de conducta premeditado. Siempre el mismo patrón consistentemente repetido una y otra vez. Al final están programados para autodestruirse. Uno de estos macabros incidentes fue el de la escuela primaria de Newtown, Connectituc, donde murieron asesinadas 27 personas, incluidos 20 infantes. Fue copia fiel del otro incidente, años antes, en Columbine, Colorado, donde dos muchachos “perdieron” la razón repentinamente, asesinando a mansalva y luego se autodestruyeron ellos mismos. El mismo patrón de conducta. El mismo drama traumatizante, repetidos a intérvalos controlados, reforzando a través del trauma, a toda la población. Hace unas semanas ese mismo patrón conductual se repitió en el Fuerte de Fort Hood, Texas, donde un soldado de origen puertorriqueno llamado Iván López, que habia estado ya dos veces en Irak, asesinó a balazos a tres personas hiriendo a 16. Ese mismo inesperado suceso habia sucedido antes en ese mismo lugar, cuando un psiquiatra militar musulmán con rango de Mayor, se “volvió loco” asesinando a mansalva a varios soldados.

Hemos escrito mucho sobre este programa de dominio conductual masivo repetido a intervalos escalonados. Los ciudadanos lo aceptan como parte integral de su “realidad”. De ahí que todos estamos sufriendo del síndrome conocido como el Post Traumatic Stress Disorder (PTSD), la enfermedad del estrés post-traumático. Casi todos lo soldados que han estado en Irak o en Afganistan padecen de este mismo síndrome. El índice de suicidios entre ellos es espeluznante y muchas veces ni siquiera se publica en los medios.

De acuerdo con Gunther en su reporte, la programación mental se lleva a cabo en cinco fases o etapas bien definidas.  Se escogen personas de mente débil, con problemas psicológicos obvios. Luego se le somete a la primera sesión de hipnosis a control remoto. Es  lo que José Eduardo dice que hicieron con él. Mientras más sensible el candidato, más profunda la programación. Mientras más alto es el coeficiente de inteligencia (IQ), más fácil de manipular. Se le abre un expediente llamado “Call File,” programándolo a través de imágenes o una palabra clave implantada en el subconsciente. Esta es la segunda fase de la inducción. La tercera se conoce como la “Over write”, donde se le programa al individuo una doble personalidad que puede salir a relucir en cualquier momento a través de un resorte subliminal. El asunto es manipular la conducta deseada a control remoto  y a discreción del handler. La cuarta fase es llamada “Clear Eyes” (Ojos Claros) donde al individuo, hombre o mujer, se le asigna una “misión” que debe cumplir tan pronto se le active el dispositivo subliminal. Se convierte en una bomba de tiempo que explota a discreción del programador.

La quinta fase es la más crítica de todas, porque ahí se convierte la persona en una especie de zombi ambulante. Es la etapa suprema, porque su cerebro se convierte en una computadora a disposición de los programadores. Se le manipula a través de imágenes a colores, como los que abundan en los jueguitos computarizados de nuestros niños. ¿Nos imaginamos cuál es el futuro que les espera a las próximas generaciones?

Para desprogramar a una persona que ha llegado a este nivel de control, se necesita un psiquiatra especializado en este tipo de operaciones, porque el individuo tiene instrucciones de autodestruirse, tal como hizo Adam Lanza en la escuela de Sandy Hooks, Newtown, Connecticut, después de aquella típica matanza de niños y maestros atribuídas a él mismo. Lo mismo habia sucedido años antes en le Universidad Tecnológica de West Virginia con el estudiante Cho Seung Hui. Diferentes protagonistas pero el mismo detonante conductual traumatizante.

El asunto de “los sonidos” es también importante. Por ejemplo, la palabra “Sandy” (¿recuerdan al huracán Sandy?) es un dispositivo subliminal explosivo, de terror masivo en el subconsciente colectivo de muchos estadounidenses, sobre todo en los residentes en el nordeste  del Atlántico, en el área de New York, New Jersey y New England, donde también se encuentra el estado de Connecticut.

¿Comprendemos ahora en qué consiste la programación masiva? Hasta los lugares y los sonidos forman parte de la mega programación. Nada se deja al azar. ¿O es que creemos que esos jóvenes que, de repente, se vuelven locos y comienzan a disparar a mansalva en cualquier escuela, teatro o en un centro comercial…es por pura casualidad? ¿Nos hemos ya olvidado del maratón de Boston, Massachussets, del año pasado? Son hechos traumáticos con resonancias permanentes en una sociedad amaestrada  por  hechos catastróficos intermitentes. Somos los perros de Pavlov contemporaneos, que salivaban al sonido de la campana. Poco a poco terminaremos  convirtiéndonos en unos obedientes zombies de corral. Es parecido a la “irrealidad dominicana”, donde todos hemos aceptado como un hecho que la seguridad de los ciudadanos no está garantizada, debido a los asesinos que se pasean por nuestras calles. Un estado de terror generalizado.

¿Dónde será el próximo episodio de manipulación  mental masiva? ¿La península de Crimea en Ucrania o la “desaparización” del Boeing 777 en Malasia? Ustedes dirán.

Hace apenas unos días un joven estudiante “se volvió loco” en Pennsylvania hiriendo a varios compañeros de escuela. El asunto es el control mental masivo de toda la ciudadanía a través del terror. Una vez esta “realidad” es aceptada como “normal”, como los ratones de laboratorios azorados, nos manipulan como a zombies manipulados. ¿No es eso lo que ha estado sucediendo con nuestras sociedades?  La realidad holográfica, basada en lo que nos proyectan por la televisión, por los I-pads y los I-pods y los “telefonos inteligentes”. Nuestro mundo no es mas que un mundo de marionetas domesticadas. ¡Click-clack!