La pasada semana Acento cumplió su primera década de existencia. En esta breve existencia ha demostrado ser el líder de lo que debe ser la prensa dominicana de cara al futuro inmediato y eso está demostrado porque los medios tradicionales impresos han tenido que seguirle los pasos, no siempre con acierto. La calidad de sus análisis y las firmas de opinión que ha logrado reclutar el director ha convertido a Acento en la referencia esencial para cualquier interesado en la realidad dominicana sin importar el lugar del mundo donde se encuentre. El talento de Fausto Rosario Adames es el alma de Acento y la explicación de sus logros, apoyado en un equipo de alto nivel. Me siento orgulloso de considerarlo mi espacio como articulista.

La tarea de escribir semanalmente par de páginas en la prensa se ha convertido en mi segunda cátedra, luego de la PUCMM, pero dirigido a un grupo mucho más amplio y diverso que cualquiera de los que he tenido en la universidad. En esta tarea de articulistas estoy desde el verano del 1996, prácticamente sin fallar una sola semana. No es de extrañar que entre columnistas establezcamos diálogos, colaboraciones y hasta destaquemos diferencias de puntos de vista, fruto de la vocación de construir entre todos las nuevas realidades que demanda el pueblo dominicano para su desarrollo. Hace dos semanas publiqué un artículo titulado Nuestra verdadera independencia, donde destacaba el valor de la Restauración en relación con la gesta del 27 de febrero del 1844. En dicho texto redacté el siguiente párrafo.

“Uno de los aspectos que más debate ha provocado entre los historiadores es definir quién fue el verdadero líder de la Restauración. La mayoría considera que fue Gregorio Luperón, pero el 1 de junio de 1987 Juan Bosch le manda una carta a Mons. Hugo Eduardo Polanco Brito, que en ese entonces era el presidente de la Academia Dominicana de la Historia, donde le decía: “Estimado amigo: En el año 1982 se publicó un libro mío titulado “La Guerra de la Restauración”, cuya 5ta edición está en prensa y se pondrá en circulación dentro de pocos días. Esa obra fue escrita consultando los documentos relacionados con ese episodio, el más importante de la historia de nuestro país, y en sus páginas se ofrece en detalle la actividad que desplegó, en tal guerra, Gregorio Luperón que no fue, ni siquiera durante una hora, el jefe de esa epopeya como lo afirman los historiadores al uso; el jefe fue Gaspar Polanco, cuya figura ha sido relegada a un tercer, si no un cuarto lugar debido a que la alta pequeña burguesía comercial y profesional de Santiago y Puerto Plata, que era quien hacía la historia en los años siguientes a los de la Restauración, no le perdonó nunca al autor del incendio de Santiago el fusilamiento de Pepillo Salcedo, compañero de clase de esa alta pequeña burguesía y, en consecuencia, sumió en un pozo profundo a Gaspar Polanco y en el puesto que le correspondía colocó a Gregorio Luperón” (Bosch, 1 de junio del 1987). Los argumentos de Bosch a favor de Gaspar Polanco se debatieron mucho en la prensa en su momento, pero la figura de Luperón sigue siendo venerada oficialmente como el líder de la Restauración”.

El destacado articulista de Acento e historiador Juan Ventura publicó un artículo el 22 de febrero cuyo título era: Álvarez Martín: no es Bosch el primero en decir que el líder de la Restauración fue Gaspar Polanco. Donde me señalaba con gran precisión que mucho antes que Bosch el Dr. Alcides García Lluberes había defendido esa tesis, en un artículo de la Revista Clío del 1952. Una única corrección debo hacerle al amigo Juan Ventura y es que el texto aparece en el número 93 de la revista Clío y no en el número 94, pero eso es peccata minuta comparado con el aporte de Ventura nos hace a muchos que pensábamos que era Bosch, y no otro autor, quien había planteado por vez primera la valía de Gaspar Polanco sobre la de Luperón en la gesta restauradora. Por supuesto queda pendiente analizar las tesis de ambos y compararlas con aquellos que defienden a Luperón.

La observación de Juan Ventura a mi artículo es uno de los pilares de la construcción del conocimiento. Contrario a la vieja idea de que la creación en ciencias naturales o sociales es una actividad solitaria donde uno tiene la razón y todos los demás están equivocados, hoy sabemos que la ciencia se construye en un esfuerzo colectivo constante, sea en grupos de trabajo o a través de artículos en revistas arbitradas e indexadas. Los artículos ganan importancia por su celeridad y la calidad de estos al ser sometidos a evaluación por expertos antes de su publicación. Lo que hacemos en Acento como articulistas es muy rudimentario comparado con una revista indexada, porque escribimos a un público amplio; debemos, en consecuencia, ser calificados como divulgadores académicos. En la medida que publicamos nuestras ideas otros autores de igual o superior talla académica que la nuestra nos leen y pueden reaccionar y observar imprecisiones, omisiones o inclusos claros yerros en la argumentación.

Los que me leyeron hace dos semanas reafirmando la tesis de que fue Bosch el primero en proponer a Gaspar Polanco como líder de la Restauración pueden hoy reconocer, gracias al aporte de Juan Ventura, que fue Alcides García Lluberes, anterior a Bosch, quien lo propuso. Queda en el campo de las posibilidades que algún investigador nos pueda mostrar que hubo alguno anterior a García Lluberes, en tal caso tanto Ventura como un servidor le estaremos muy agradecidos. El conocimiento es producto colectivo y dialógico. Queda la tarea de seguir debatiendo si fue Luperón o Polanco, o los dos, o un tercero, o varios, a quien debemos identificar como líder o líderes de la Restauración.