Septiembre. Mamá me lleva de las manos a la escuela pública, arrebatándome de Lilo (fiel ayudante de ebanistería de mi padre) un gran guitarrista que me enseñó a cantar y me llevó a participar en un festival de la voz en el cine Inés, frente al parque municipal donde gané el segundo lugar y una novia muy peculiar que en vez de pasarla a buscar para pasear e ir al cine, era ella que lo hacía pues me llevaba cuatro años.
En aquel año se producen mis primeras risas colectivas y mis primeras peleas, mis primeras lágrimas y mis primeras emociones lejos de Mamá.
Mi padre tenía unas tierras arrendadas donde producía flores y legumbres. Toda su producción la vendía en Santo Domingo, en el Jardín Lirio Cala, frente al parque Independencia. Siendo el 1958 el mejor al prosperar e iniciar nuevos negocios. Como su primogénito me desempeñaba como su acompañante y su lector oficial (él era analfabeta).
A pesar de la tiranía trujillista, en el seno familiar encontré mi camino: amar el entorno, abrazar todos los días, amar a los animales, contemplar la noche y el día, empaparme en la lluvia. Mi sabia madre me orientaba en el amor.
En mi natal Constanza viví el cariño, repartí y recibí ternuras, aprendí a perdonar cuando recibí mis primeros castigos y mis primeros perdones.
En mi infancia no había límites y podía hacer las cosas que me gustaban tanto: reír por cualquier cosa y andar y andar perdiéndome en las calles o en los bosques.
La mayor de todas las enseñanzas, recordando en estos días, es cuando comienzas a percibir quienes son las personas que debes respetar, amar, querer y convivir.
Son esas personas curiosas que procuran aprender hasta de un analfabeta.
Son gentes sin prejuicios despreciables.
Con amor dentro de sí.
Gente que se levanta en cada tropezón, que reconoce errores.
Gente entregada a su familia y a su comunidad.
A gente así se les abren todas las puertas, y saben diferenciar cuales umbrales pasar.
Se cuidan y mantienen distancias de los capones.
Son seres humildes.
Y aprender a ser humilde es tal vez el mayor de los retos.
Cosas que se aprenden desde chiquito y se fortalece con los años a golpes de voluntad.