Se encuentra en nuestro país el filósofo de la ciencia Víctor Gómez Pin, Premio Anagrama, Premio Espasa de Ensayo, fundador del “International Ontology Congress” y vicepresidente de la Sociedad Ibérica de Filosofía Griega.

La Escuela de Filosofía de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) organizó con el Dr. Gómez Pin una conferencia titulada: “Del ser de las cosas al ser del hombre. Cuando la Física del siglo XX devino Filosofía”.

En su ponencia, el filósofo partió de las célebres conferencias Shearman ofrecidas por Erwin Schrödinger, uno de los físicos más influyentes del siglo XX. En una de las mencionadas ponencias, Schrödinger  reflexionó sobre el concepto de naturaleza (physis) que posibilitó la ciencia física tal como la conocemos. Este concepto emergió con el nacimiento de la filosofía occidental, alrededor del siglo VI antes de nuestra era.

A partir del nuevo concepto de “physis” se produjo una ruptura con el concepto de naturaleza heredado de la tradición mítica consistente en un universo de dioses y agentes cósmicos que modifican caprichosamente  los procesos naturales, aunque dentro de unas determinadas jurisdicciones o espacios.

Este concepto de naturaleza no podía generar la física como un saber de las regularidades que rigen los fenómenos naturales. Para Schrödinger  se requería la asunción de unos supuestos que hemos identificado como los signos distintivos de la cosmovisión de los denominados filósofos jónicos o “físicos”: Tales de Mileto, Anaximandro de Mileto y Anaxímenes de Mileto.

Me detendré básicamente en dos de estos supuestos. El primero es la idea de que el universo está caracterizado por un  conjunto de procesos regulares cognoscible. Se trata de un giro revolucionario en la historia del pensamiento occidental. En un mundo regido por el capricho de un dios no hay lugar para la inteligibilidad. Un universo encantando no requiere de conocimiento, exige devoción, sacrificio y aplacamiento. El largo trayecto que  llevó al nacimiento de la física moderna  se origina en la des-mitificación del cosmos.

El segundo supuesto es el reconocimiento de que la inmensa variedad de la materia constitutiva del mundo está interrelacionada y se diversifica a partir de un mismo elemento. Sin  este principio, no buscaríamos la interconexión que se da entre fenómenos aparentemente inconexos. Piensen en la aparente falta de relación que existe entre la caída de un cuerpo, el movimiento de un planeta y una marea. Sin embargo, todos están vinculados a partir de un principio simple, la gravedad, que los hace comprensibles.

En síntesis, fue necesaria una determinada concepción de la naturaleza, una “metafísica” que hiciera posible la ciencia que conocemos. Lo que el filósofo Karl Popper llamó la racionalidad crítica, una actitud de cuestionar los fundamentos mismos de nuestra civilización y que él consideró el signo distintivo de la cultura occidental.