Entre el Partido Liberal Democrático japonés (PLD) – en japonés: Jiyū-Minshutō – y el Partido de la Liberación Dominicana (PLD), existen grandes distancias geográficas e históricas, pero significativas coincidencias que, independientemente de dichas distancias, hacen más cercano el Mar Caribe al archipiélago asiático. Dejando de lado las diferencias culturales, que no parecen existir ante una sola cultura política para mantenerse en el poder.

El Partido de la Liberación Dominicana (PLD), de orientación social liberal, fue fundado en 1973, bajo la incipiente democracia. Transita algunos caminos que hicieron del PLD japonés una importante fuerza política de orientación centro-derecha, fundado en 1955, hasta convertirse en el partido más poderoso que tiene Japón. Algo a lo que parece aspirar el PLD dominicano, que asume el poder en 1996 hasta hoy, con una interrupción en 2000-2004, cuando fue presidente Hipólito Mejía del extinto Partido Revolucionario Dominicano (PRD).

En las elecciones de 2012, el PLD recupera el poder con  Danilo Medina – declarando su máximo dirigente, ex presidente Leonel Fernández, su deseo de mantenerse en el gobierno hasta el 2044. Lo que le conduciría a aferrarse al poder y a competir en longevidad con el PLD japonés, que se ha mantenido en el poder desde su fundación –  con una interrupción del 1993-1994 de apenas 11 meses, cuando su eterno rival, el Partido Socialista Japonés (PSJ) se alía como socio gubernamental al PLD japonés. Pero son los comicios del 2009 los que marcan un cambio en el sistema político japonés, al perder el PLD las elecciones legislativas, por primera vez en cincuenta y cinco años de gobiernos ininterrumpidos. El pueblo tenia la necesidad de un cambio político electoral, aunque sus dirigentes podían procurar que fuese más aparente que real, señalaron los expertos.

El Partido Democrático (PD) gobernó del 2009 a 2011, volviendo al poder el Partido Liberal Democrático (PLD) en diciembre 2012, con Shinzo Abe, antiguo Primer Ministro.

Esto coincide con el PLD dominicano que, como hemos señalado, vuelve al poder en el 2012, con un nuevo estilo de gobierno. Generando fuertes simpatías a Medina, abocado a una serie de medidas de corte institucional, orientadas a una mayor transparencia, salpicado de un toque de sencillez. Aunque en su staff permanecen desprestigiadas figuras, nadie ha sido juzgado por corrupción o dimitido… como en la sociedad japonesa, donde la dimisión es un acto de desagravio a la sociedad, y un Primer Ministro dura apenas meses en el puesto, al bajarle la popularidad. Escenario que dudamos puedan darse en RD, donde los poderes reposan, todos, en manos del PLD y sus dirigentes desconocedores de la dimisión.

Ambos PLDs, dominicano y japonés, presentan fuertes similitudes en las modalidades para permanecer en el poder, la manera de organizar sus militancias ancestrales y las capacidades para extinguir la oposición, junto a niveles de corrupción que no han cesado históricamente de crecer.

El modelo japonés, basado en el consenso, da preeminencia al desarrollo económico, en un contexto político conservador y anti comunista. La búsqueda de acuerdo no ha estado exenta de tensiones y crisis, entre políticos, burócratas y grandes empresarios: lo que se ha llamado “El Triangulo de Hierro” Se trata de un grupo de personas, solidarias entre sí, que ha impuesto su voluntad y valores en la sociedad, que pertenecen y comparten el mismo entorno social y cultural, que se forman en las mismas universidades, heredando privilegios y puestos políticos de generación en generación.

Un cierto paralelismo se observa entre los dos PLDs, que durante sus mandatos han tenido un crecimiento económico, han permitido crear toda una clase política privilegiada, partiendo del Comité Político. Un PLD (dominicano) empresarial, con burócratas formados en universidades extranjeras con recursos estatales, que si bien han ascendido en su condición económica e imagen, no necesariamente han trascendido en su condición y origen social, se manejan entre ellos, aunque tienen contactos eventuales a otros niveles sociales, pertenecen a una especie de “casta” socio política, producto de la práctica y el uso del poder, donde aparece la herencia del liderazgo, cargo y posiciones legislativas de esposo a esposa, de hermano a hermano, etc.

Ambos partidos se han visto plagados de escándalos de corrupción y privilegios durante sus años de gobierno – que ha llevado a calificar de “corporación” a los PLD dominicanos, categoría o calificativo que no aparece en Japón. Si bien el PLD japonés lideró el milagro económico japonés (del 1952 al 1972), lo que permitió que la riqueza se derramara. Y un supuesto cambio de estrategia política en la década de los ochenta, produjo una distribución diferente de los beneficios económicos. Esto se convierte en una oportunidad para ofrecer y aceptar sobornos, además de permitir que muchos políticos conservadores se vieran involucrados en casos de corrupción. “La escalada de la corrupción se empeoró año tras año, llegando a un nivel aberrante en la década de los ochenta”, nos dice Tsunukawa Keiichi (en “Política del Japón Contemporáneo, Cambios y continuidad”).

Aunque el PLD dominicano tiene relativamente poco tiempo en el poder, con relación al PLD japonés, la serie ininterrumpida de escándalos, documentados, de macro corrupción afectan los tres lados del “Triangulo del Hierro” local, tocando todos los escenarios políticos del PLD dominicano: se ha socavado la confianza y el respecto de la población, sumida en dádivas. Y en ambas sociedades, las clases dirigentes han perdido credibilidad, mientras los liderazgos se pagan (y cuestan) caros.

En Japón, la oposición ha tenido poca opción de poder, mimetizada en las prácticas del partido PLD. En 1996, la abstención fue de 40.2% (la más alta de su historia), lo que indicaba que el pueblo estaba saturado. En RD, donde no existe oposición (17 partidos aliados al PLD), esta ha desaparecido formal e institucionalmente en 2 años: el Partido Revolucionario Dominicano, tradicional partido de oposición, quedó escindido. Vislumbrándose el PLD dominicano como partido único mayoritario, igualando al PLD japonés como una maquinaria electoral que funcionaria automáticamente.

En ambos pueblos, se ha hecho evidente – sobre todo en el Japón en la década de los 90,-, la necesidad de un cambio político electoral, financiamiento de partidos y Ley de partidos, medidas adoptadas en aquél país, que fueron más aparentes que reales, y que no logran prender en el escenario político de los legisladores dominicanos, en su mayoría PLD.

La corrupción (que en RD “se tragó el progreso”, como señala el escritor Andrés L. Mateo) ha tocado fuertemente el sistema político japonés, con una tendencia autodestructiva, reflejada entre las facciones internas en busca de la sucesión del PLD japonés, y en la necesidad de grandes cantidades de dinero para poder ser elegido o reelegido. Algo similar sucede en RD, donde aun están por verse las implicaciones que tendrán las próximas elecciones del 2016, dentro del PLD. A partir de ahí podremos definir cuanta permanencia tendrá el PLD dominicano y si llegará a competir con el PLD japonés en años de permanencia, como sueña Leonel Fernández.

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