Aprovechando los días de asueto habidos el pasado fin de semana, tuvimos oportunidad de asistir a una de las múltiples salas de cine que han proliferado en los llamados “malls” de la ciudad, como si fueran conejos saliendo del sombrero de un mago, para ver a “Feo de Día, Lindo de Noche” la muy publicitada película del afamado productor Alfonso Rodríguez.

Este film como otras que le han precedido en los últimos tiempos son producto de la puesta en vigencia de la Ley de Cine, la cual ha creado un boom entre los productores y cineastas dominicanos a tal punto que se nota una secuencia continua en la producción de películas, unas entretenidas, otras no tanto.

La puesta en escena de esta última producción además de entretenida, contiene un valioso mensaje subliminal sobre la valoración que debe dar cada individuo al don de la autoestima, para su sano desarrollo en el entorno social que le corresponda interactuar.

Sin ánimo de incursionar en el terreno de la crítica cinematográfica de la cual soy un consumado desconocedor, me parece que la película reúne valores positivos, tanto en la producción como en la actuación de nuestros noveles actores y actrices, pudiendo ser considerada aceptable más allá del éxito taquillero que se le atribuye.

Nuestra preocupación, sin embargo, se orienta hacia un aspecto vital para la continuación de los esfuerzos de superación en la industria cinematográfica dominicana, como es el del patrocinio aportado por los anunciantes que buscan posicionar sus marcas en un sector que tanto impacta a un púbico masivo y consumista.

Desde los minutos iniciales de la cinta se nota la presencia de varias marcas que a lo largo de la misma vuelven a tener presencia de una manera chocante y a nuestro entender contraproducente, por cuanto este tipo de recurso denominado “product placement” por los expertos en la materia, es utilizado de una forma sutil en las grandes producciones cinematográficas de Hollywood en los Estados Unidos y Pinewood en Europa, entre otras.

La belleza y la efectividad en el uso de esta técnica, que hace provecho de un entorno favorable para vender la imagen de un producto, empresa o institución, se encuentra en la sutileza y la discreción con que se maneja su presencia en escenas  indirectas y de aparición casual.

Cuando esa presencia se hace de manera forzada y en ocasiones apartadas del guion que da vida a la trama de la película, el público reacciona generalmente con críticas soterradas y una inclinación al rechazo al interés de tales anunciantes.

Lamentablemente en nuestro país todavía existen anunciantes que por el valor del dinero que aportan como auspicio de una actividad deben recibir a cambio una cantidad excesiva de menciones, sin darse cuenta de que hay un punto de saturación en la mente del receptor del mensaje, a partir del cual la publicidad comienza a convertirse en un “boomerang” para el esfuerzo de comunicación de que se trate.

Aspiramos a que los estrategas asesores de comunicación de los anunciantes los convenzan de esta situación y que nuestra industria cinematográfica alcance los niveles de excelencia exigidos en el mercado de películas a nivel internacional.