La cultura dominicana se dirige a una idiotización profunda. El país no cuenta ahora mismo con nuevos prototipos culturales de la pureza de Juan Bosch, Pedro Henríquez Ureña, Pedro Mir, Manuel del Cabral, Domingo Moreno Jiménez, Salomé Ureña, para solo mostrar el perfil escogido para este análisis.
Significa que esa crisis responde a la falta de acontecimientos históricos como los que hemos tenido con una génesis y un desarrollo cultural que identifica una identidad dominicana, y que ahora hacen falta generadores de contenidos como los citados, siempre como ejemplo paradigmáticos. Intelectuales orgánicos dominicanos, reconocidos y respetados en otras culturas.
Los actuales avances tecnológicos en comunicación no son usados para promocionar a esas eminencias ni crean espacios eficientes de divulgación de conocimientos. En su lugar se privilegia y se usan los medios para facilitar el establecimiento de la llamada ´civilización del espectáculo´ –observación aportada por Mario Vargas Llosa- que se ejemplifica en una evasión de la realidad y una cotidianidad completamente anodinas, pero de altísimo impacto comercial.
Quien se dedica a una tarea alejada del mercantilismo vacuo, se sujeta a un marasmo como ente social. Testimonial es la miseria que cercó las vidas de grandes pensadores y escritores, de todo aquel que dedicó el cuerpo y el alma hacia la creación de cultura que trasciende y que, asimismo, nos vigoriza e identifica como individuos y como sociedades -con ejemplares excepciones-.
Es lo que sucede con la industria del cine dominicano que muestra alarmantes resultados: más productos idiotizados e idiotizantes y escasos filmes dignos de la cultura dominicana. Las películas que no aportan a nuestra cultura se caracterizan por una corona de espectacularidad y anodino valor, de cualquier valor moral, ético o artístico. Ahí el común denominador del sector dominante es “hacer negocio” y acumular grandes cantidades de dinero. Un grupo cuya conducta voraz reedita inquinas disimuladas incluso entre ellos mismos.
Las excepciones aquí es el cine producido por sectores históricamente subyugados. Grupos que se sobreponen al status quo reinante de las clases dominantes y que lo hacen con obvia calidad estética y sin ruidos elitistas. Eso sí, esos grupos de abajo suelen mimetizar lamentables e insospechadas expresiones conductuales propios de los de arriba.
Tenemos así que se edifica una industria cinematográfica marcadamente mercantil que, lo que es peor, sepulta cualquier reivindicación de servir de meditación y eventos experimentales que conduzcan a nuevas formas de expresión identificadas con la cultura dominicana.
Cada producto cultural pasteurizado por ese ambiente corporativo es una farsa propia de lo ideológicamente conformado que tiende a postergar la innovación y de paso la identidad nacional.
Habrá los periódicos en donde se dan las noticias del arte y la cultura, también los noticiarios con cantidad grosera de espacios televisivos hablando de farándula, va a comprobar lo que notificamos.