(O la construcción de la democracia participativa)

El panorama de las elecciones del 2012, con un PLD, nunca ahíto de dinero y poder, se caracteriza, quizás por primera vez en la historia electoral dominicana contemporánea, por reclamos ante la impunidad con la corrupción.

En los torneos electorales anteriores los enfrentamientos y polarizaciones se habían caracterizado por ideas, debates, más o menos, sobre temas de prejuicios personales y raciales sobre los candidatos.

Ahora se trata de calificar de burros a unos,  quedando la sospecha de los cambios de héroe del PLD: Félix Bautista, aclamado como el Dios Mida de San Juan de la Maguana. Él sonreía porque su partido al final lo apoyaba públicamente. Tiburón se baña y salpica, agradecimiento obliga.

En más de una ocasión han cruzado por mi mente las argumentaciones folclóricas que algunos europeos  suelen esgrimir ante unas elecciones: “le povoir de achat” (el poder de compra), que en el caso de Francia con el triunfo del socialista François Hollande, no era el caso: la gente quería una mejor salida al futuro y algunas garantías de las conquistas sociales de  siglos en aquel bello país.

Al margen de alguna motivación ideológica, me pareció siempre interesante cómo los electores franceses, por ejemplo, a cada primer ministro le tenían un récord de la subida o bajada del “poder de compra”, para entonces saber si podría ser renovada su permanencia en el palacio de Matigno.

Las elecciones dominicanas de 2012, en cambio son un balance de casi 10 años de poder.

Los reclamos publicitarios electorales en su gran mayoría están plagados de estos perfiles, en otras palabras: el leit motiv de la campaña electoral del 2012, está relacionado con la sobrevivencia de las clases medias y las clases bajas, escenario en el cual todo alegato estructural del PLD (incluyendo todos los millones usados con la prensa de todo género), en relación con la crisis económica, ha hecho a ese partido más vulnerable ante la opinión pública.

Los votos de castigo marcan en silencio la diferencia entre la soberbia del poder por el poder y la transición y uso del voto ciudadano, para mejores fines y son un alerta permanente ante el poder enajenado de sus funciones, sumergido en un mar de delirium, como si el poder es de origen monárquico y Dios tuviera una venda morada

Esa visión populista del PLD, como “Gran Proveedor”, resulta hasta extraña en un partido con tendencias elitistas. Cuando estos quieren ser grandes proveedores, tienen claro que el asistencialismo, como recurso público, es urgente para mantener el poder. Alguien decía, no sé dónde, que la idea era que el pueblo dominicano fuera minusválido, para que Margarita, Leonel y Danilo regalaran millones de sillas de rueda, sueño macabro y tenaz.

Cuando se hace un análisis para determinar las raíces del enojo del electorado, que le obliga a optar por un voto de castigo, muchas pueden ser las fuentes; en el caso de las elecciones del 2012, hay dos fuentes previsibles:

a) Factor de irritación económica.

b) Las consecuencias de un proyecto continuista,  que entiende lo ha hecho bien y que todo el mundo debiese inclinarse ante su gestión y además votarle, de lo contrario; es burro, no piensa bien, es miope etc.

Es evidente una cierta soberbia, la que da el poder enquistado, porque incluso mentes preclaras de ese partido han ofrecido declaraciones muy dominantes, amenazantes, como si el voto no fuera una decisión individual de las personas. De ahí que el mote insistente sobre la Dictadura Constitucional, es cada vez más popular.

El voto de castigo contra la administración del PLD, para quienes creen en el continuismo es imposible, porque se juega el juego de la mayoría numérica tradicional, se piensa que la composición del cuerpo político está intacta y que las razones de ideología en esta ocasión, compactan el proyecto descabellado y ausente de toda mística auténtica, como en otros tiempos.

El continuismo y el modo en que han construido sus argumentaciones para justificarse tienen más de farsa que de realidad, han distorsionado de raíz las pocas argumentaciones de ideología que en su desparpajo, podían caracterizar al PLD, antes del proyecto electoral continuista.

Porque no se ha entendido algo que para fines electorales es esencial entender: el PLD ha sido abandonado como nunca por parte de sectores periféricos que le votaban en plan conservador, hasta esas personas, aún temerosas del PRD, están dispuestas a votar por el candidato del partido blanco.

Un sistema que pretenda fomentar el crecimiento de la democracia, justamente, debe crecer sobre la base del debate y las ideas, no sobre la base del populismo y el fanatismo que excuse a los partidos en el poder de sus errores y cálculos para prolongar un proyecto de poder en nombre de una falta de visión inaudita.

La construcción de la democracia, los partidos políticos y las elecciones

El sistema electoral tiene su justificación y renovación en la libertad que los ciudadanos tienen para ejercer su voto libremente, los consensos electorales que puedan favorecer a un partido en particular, en elecciones transparentes, tienen motivaciones que vienen de la realidad real, valga la redundancia inevitable.

Los sistemas sociales equilibrados en una democracia que aspiren a crecer deben establecer reglas de juego claras, para que los ciudadanos se eduquen hacia un voto de conciencia.

En esas sociedades donde el subdesarrollo, el hambre, la manipulación y la pretendida vuelta al pasado hacen reos a grandes poblaciones de la jaula populista, el voto de castigo no es una figura entendida, de modo consciente y asumido.

Uno de los graves problemas de sociedades como la nuestra es que esa libertad de análisis y conciencia para ejercer el voto de castigo, no siempre es posible, porque los proyectos de prolongación del poder secuestran, en nombre del populismo más ramplón, esa libre voluntad de los ciudadanos para ejercer el voto de castigo cuando es necesario.

El voto de castigo es una advertencia tanto al gobierno que sale como al gobierno que entra; en la situación actual, ya el PLD conoce esa situación, porque justamente el voto masivo del año 2000, que desfavoreció a Danilo Medina, no fue la gran hazaña del PRD exclusivamente, hubo de modo periférico cuantiosos votos en la categoría de voto de castigo al saliente gobierno del PLD.

Huelga explicar que el voto de castigo tiene la fuerza emocional del arranque, el ímpetu desbocado de una convicción, que se sustenta en la irascible memoria del engaño, recuerdo mórbido de un compromiso pisoteado.

Ahí tenemos un claro ejemplo de cómo se debe construir la democracia, ejemplo que si fue válido para el 2004, nadie podría negar que debe ser válido para el 2012.

Porque no se trata, en aras de construir a la democracia, de ocultar ahora en nombre de una “rancia militancia que vota por la bandera blanca” (abstracción que en boca de quien sea es una nulidad penosa y humillante), los vectores críticos que a ojos vista, han hecho que gran parte de una población no tendenciada, no quiera ni diga que quiere votar por el PRD, a eso se agrega el ingrediente irritante desvariado del candidato oficial de la reelección.

Colocados en este punto de la historia, o construimos una democracia con espíritu crítico, o nos hacemos para siempre de la vista gorda ante los desmanes y las irresponsabilidades de los que han entendido que el poder es un juego de dominó y, no un accidente de buena voluntad para resolver problemas sociales y hacer avanzar el país.

De lo que se trata es de que muchas de las cosas que hemos visto y sufrido no vuelvan a ocurrir, de lo que se trata es que ninguno de los partidos políticos del sistema, de modo particular el que debe ser desalojado del poder, entienda que tiene en el gobierno un cheque en blanco para hacer deshacer.

El PRD, si ganara las elecciones, debe entender, que con esa misma vara será medido, al menos en lo que a mí respecta: porque solo una visión crítica y social del fenómeno del poder político, no importa el partido que esté en el gobierno, puede ayudar a construir un proyecto democrático en la República Dominicana de hoy.

La crítica social y política debe ser un instrumento permanente que ayude a crecer a este país, si algunos gobernantes de turno, aún no lo entienden, será lamentable.  El voto de castigo sí ayuda a hacer crecer la democracia, porque enseña a los políticos que no están seguros en sus fantasías de poder ni en sus administraciones plagadas de adláteres sin juicio ni criterio propio, que dibujan a los mandatarios pajaritos en el aire, porque entienden que ser funcionarios de importancia es reírse de los chistes del Presidente de turno.

El voto de castigo es una figura del sistema electoral de la democracia, porque enseña que quien decide es la población en el pleno ejercicio de sus deberes ciudadanos y la mira puesta hacia un futuro más promisorio, de los estamentos sociales más necesitados, no solo en las clases populares o bajas, sino en las clases medias, las que en un craso error de estrategia gubernamental, han sido golpeadas sin piedad.

El voto de castigo, ejercido de modo oportuno, les demuestra a los partidos llamados mayoritarios, que el valor numérico de las matrículas electorales, no puede ser un pretexto para justificar lo injustificable: la destrucción de personas, instituciones y figuras públicas, legados, memorias y otros atributos, para adquirir el poder por el poder.

En el caso especial de estas elecciones: factores externos al partido de oposición, para llamarle de algún modo, han contribuido a poner en evidencia pública, el engaño y la lapidación de recursos: la prensa digital y no toda, ha tenido en vilo a la administración PLD, por sus escándalos financieros, aún no resueltos.

La democracia no se puede construir en un consenso tipo bolas de  de masas sin pensamiento o sensibilidad.

Los votos de castigo en el proceso de educación hacia la democracia son una garantía esencial en la construcción de una sociedad de valores de instituciones y valores democráticos.

Los votos de castigo marcan en silencio la diferencia entre la soberbia del poder por el poder y la transición y uso del voto ciudadano, para mejores fines y son un alerta permanente ante el poder enajenado de sus funciones, sumergido en un mar de delirium, como si el poder es de origen monárquico y Dios tuviera una venda morada.

¿Y si  Dios se quitara la venda ?… (CFE)