Del diario vivir

Chiste malo de Turismo, Patrimonio y Amet

Por Lipe Collado

¡Qué pendejada! ¡Qué descabellado! ¡Qué ironía¡ ¡Qué barbaridad! ¡Qué esperpento! ¡Qué chiste cruel! ¡Qué poético y antipoético a la vez! ¡Qué chapucería!

Las autoridades de Patrimonio Cultural de Inmueble, de Turismo y de tránsito terrestre, incluyendo a una tal “Amet”, como que se habrían puesto de acuerdo para pergeñar en la realidad un chiste de muy mal gusto mediante medidas contraproducentes por contrapuestas.

Las autoridades de Turismo y de Patrimonio, en coordinación con la apreciada ayuda española, han iniciado un proceso de remodelación y remozamiento de la Zona Colonial, área comprendida entre la avenida Mella, la Isabel La Católica y Las Damas, el Malecón hasta la Palo Hincado y la Palo Hincado hasta la avenida Mella.

Como es fácil deducir abarca parte de la ahora “antigua” Ciudad Nueva e impactaría todo su entorno, esto es, que influiría en el resto de Ciudad Nueva y en las áreas inmediatas del apacible Ensanche Lugo, que inicia al oeste del Parque Independencia en el local del Canal Telemicro y  se extiende al Oeste abarcando la Bolívar, la doctor Delgado y la avenida Independencia hasta el parque Parque Independencia.

Resulta y viene a ser que Patrimonio Cultural de Inmueble para proteger lo que queda de antiguo y apacible del Ensanche Luego – y de Gazcue, su gemelo- ha prohibido construcciones de más de dos pisos y generalmente desautoriza la destrucción de cualquier vivienda con fines de levantar otra edificación, y de su parte Turismo y los españoles, como dijimos, gastan esfuerzos y dinero para revalorizar la zona colonial y su colateral Ciudad Nueva.

Pero es el caso que gran parte de esas áreas se están arrabalizando porque las voladoras y sus conductores -¿oledores?- y sus pitchers –maromeros- se han declarado los dueños de las calles. Se apoderaron del área que va de la Independencia con Presidente Vicini, cerca del Palacio de Justicia, bajando por la calle Padre Billini hasta la calle Pina.

Cuatro “puestos de voladoras” –puestos de basura, de miao, de excrementos, de charcos de grasas, de desechables plásticos, de individuos que discuten y pelean, que roncan en las aceras o en los asientos de las voladoras con las patas hacia afuera, etc.-funcionan en la zona donde suelen verse “sus” guagüitas en paralelo, o sobre las aceras, o en las esquinas –ellos son de “los dueños del país”-, lo que ha provocado la proliferación de avisos “Se Vende” en los frontales de muchas viviendas.

A esta atracción turística –“el secreto mejor guardado del Caribe”:  miao, pupú, aceite usado de vehículos de motor y, por si fuera poco, voladoras todas pintadas de aboyados- se une el hecho de que ya adquirieron un local –precio deprimido, desde luego que sí- en la calle Padre Billini, al sur del viejo Cementerio de la Avenida Independencia, conocido como “Cementerio de los Judíos”, el que planean convertirlo también en “atracción turística”. ¿Acaso Patrimonio Cultural de Inmueble puso algún reparo a esto? ¡Qué ni se atreva!

Los conductores -¿oledores?- de voladoras decidieron por mutuo propio que “la ruta” que le asignó la atemorizada OTTT -la avenida Bolívar,  bajando por la doctor Delgado y tomando la avenida Independencia hasta sus puestos, perdón, debí decir hasta sus “purulentos” de llegada y partida- era inapropiada y entonces decidieron acortarla (¿) entrando al protegido Ensanche Luego por la Enrique Henríquez para tomar la Leonor de Ovando y bajar por la Las Carreras, algunos, y por la calle Lovatón, los más, provocando tapones, guayando vehículos aparcados y provocando choques.

Un agente de la AMET que suele vaguear justo en el tramo por donde inician su entrada los dueños de las calles, los hacedores de rutas, los dueños del país, los oledores de las voladoras, pareciera desvivirse por facilitar entrar y salir del local de Telemicro… y como que no tiene ojos para ver ni entendimiento para saber que ni la Enrique Henríquez ni el Ensanche Lugo son ruta asignada a las voladoras.

Si realmente Amet sirve para más que provocar largos e interminables tapones, como que debería asignar otro agente en ese tramo e instruirlos para que impidan el ingreso de las voladoras.

Y de su parte Patrimonio y Turismo deberían saber que los puestos –los “purulentos”- de voladoras son repelentes del turismo.

O se van ellos de toda la zona o no habrá ni turismo ni patrimonio valorizado.

¿Acaso no lo sabían o quizás les tienen miedo también?

Si la respuesta es afirmativa entonces el último que apague la luz, cierre la puerta, cierre el candado y arroje al mar la llave del país.

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