CHIRIPEO

“Ese es el pan nuestro de cada día de hijos e hijas de familias que practican el CHIRIPEO como modo de vida . . .”

La familia de la palabra del título ha procreado prole. Al finalizar el estudio de esta palabra se mencionarán las demás que pertenecen a la parentela para entender el uso y alcance de estas.

El diccionario que se acepta en tanto oficial de la lengua asienta un chiripeo que se circunscribe al juego de billar. En la acepción correspondiente a chiripeo utiliza la corporación madrileña de la lengua la palabra chiripa a la que define indirectamente como, “suerte favorable que se gana por casualidad”. El alcance de la palabra está limitado al juego de billar en el que el sinónimo es carambola.

Existe un chiripeo puramente dominicano que aparece en el Diccionario de americanismos de la Asociación de Academias de la Lengua Española, “Realización de trabajos extra”. El Diccionario del español dominicano trae una acepción más afortunada, “Realización de trabajos ocasionales”, que completa así, “de poca importancia o de escasa remuneración”. Con esta definición se tipifica la actividad con todas sus características.

Cuando Patín Veloz elabora su obra en la década de 1940, asienta las palabras de la familia de chiripa en la que lleva por título Americanismos en el lenguaje dominicano.

En Puerto Rico se conoce la chiripa, “trabajo de poca importancia”, “pequeño trabajo que se hace por ajuste”, “algún trabajo de poca monta”, “trabajo extra”. Se separaron las acepciones porque proceden de diferentes fuentes, pero al final redondean la idea de la definición del Diccionario del español dominicano (2013:177).

Con respecto a la chiripa directamente el mentado diccionario de español dominicano la asienta como, “trabajo extra que permite conseguir algún dinero”, “ganancia pequeña”, “empleo modesto de pocas horas”.

La chiripa y el chiripeo han dado origen al chiripero, persona “que no tiene trabajo ni sueldo fijos y se dedica a realizar tareas de escasa importancia o de escasa remuneración”. (Perdónese la repetición).

En la lengua moderna el concepto del chiripeo coincide en algunos aspectos con el empleo informal, lo que algún chusco ha llamado “actividad extracurricular”. Es grande la cantidad de personas que pertenecen a este sector de la economía nacional dominicana.

La chiripa antillana tiene larga historia. D. Augusto Malaret la incluye en su Diccionario de provincialismos de Puerto Rico (1921:58). En esta obra vienen además chiripear y chiripero, todas con las características que las han distinguido hasta estos días. Estas tres palabras reaparecen en Vocabulario de Puerto Rico (1955) del mismo autor.

En República Dominicana Rafael Brito consigna chiripa como “trabajo de poca monta” en el año 1930 cuando publicó su obra Criollismos. Una excepción viene en El español de Santo Domingo, de Henríquez Ureña (1940:187) donde solo aparece chiripero con la acepción, “que acierta de chiripa”.

Cuando Patín Veloz elabora su obra en la década de 1940, asienta las palabras de la familia de chiripa en la que lleva por título Americanismos en el lenguaje dominicano. Allí reconoce que llega al habla dominicana desde Puerto Rico. Chiripa era ya, “ganancia pequeña”. Las demás palabras muestran los rasgos que conservan todavía.

La presión que ejerce la necesidad de ganarse la vida ha empujado a muchos dominicanos a aceptar trabajos ocasionales de escasa remuneración. Este fenómeno social ha mantenido vigente el empleo de las palabras de esta familia en el habla de todos los días.

MANCAR

“En cada acto no MANCABA la declaración . . .”

En los diccionarios modernos viene el verbo mancar con la marca de obsoleto. Creo que es una exageración, por lo menos para el habla de los dominicanos, que puede provenir de que las fuentes que fácilmente se usan en estadísticas del uso son las concernientes al español escrito, pues el oral es más difícil de evaluar y menos confiable.

El autor de estas reflexiones acerca del habla dominicana conviene en aceptar que en la actualidad es de poco uso, pero no hace tantos años, solo unos cincuenta, era utilizado en la conversación diaria. Una vez destacada esta observación se pasa al estudio del verbo.

El diccionario “que no manca” en su apreciación es el Diccionario del español dominicano (2013:438-9). En sus páginas precisa con justeza los usos y no falla en sus acepciones. Además, trae la documentación del uso con toda propiedad. Una de las citas data del año 1949 y la otra del año 2003.

Con respecto a este verbo el autor de estos comentarios ha pensado que el uso dominicano del verbo mancar obedeció a la influencia de personas cultas entre cuyas lecturas se incluía literatura en lengua francesa.

En el año 1930 Rafael Brito en Criollismos “manca” al asentar la manera de representar la voz, pues la reproduce como la escucha en el Cibao, mancai, y, anota que es “fallar, errar”. En lo relativo a las equivalencias es certero. Diez años más tarde P. Henríquez Ureña permanece en los linderos del español tradicional y escribe que mancar es “faltar” y se remonta al Cantar del Mio Cid. El español en Santo Domingo (1940:63). Un poco más tarde Patín Maceo al ocuparse de la palabra asienta el uso en Puerto Rico y República Dominicana con el valor de “faltar, errar”.

En el espacio en que se ocupa del verbo mancar, el Diccionario del español dominicano (2013:438-9), inscribe que en tanto verbo transitivo es “errar, fallar”. En sus funciones intransitivas es “Dejar de suceder algo”; así como “Dejar alguien de hacer algo, especialmente cuando se trata de un compromiso”; “Dejar de funcionar algo”; “Errar el blanco de un disparo”.

Puede observarse que este mancar procede en su origen del italiano mancare del siglo XIII. En latín llegó mancus, falto o tullido o falto de un brazo o una mano. Más tarde pasó a “falto de algo” en sentido figurado, algo moral; sustraerse a una obligación moral. Más adelante alcanzó a “no tener éxito”. Después de estas explicaciones compárense las acepciones del Diccionario del español dominicano con lo que acaba de exponerse.

Con respecto a este verbo el autor de estos comentarios ha pensado que el uso dominicano del verbo mancar obedeció a la influencia de personas cultas entre cuyas lecturas se incluía literatura en lengua francesa. Esto cuando se pensaba más en cultivar la cultura por medio de la lectura que aprender una lengua extranjera para los negocios.

A estas consideraciones se ha llegado al comparar los usos del verbo y sus locuciones en francés y la coincidencia de estos con los que se registran en el español dominicano. No se desea alargar demasiado estos argumentos, no obstante, llama la atención las semejanzas para ser fortuitas.