El orientalismo como tendencia culturalista en los estudios occidentales, constituyó según el crítico y comparatista palestino Edward Wadie Said, (nacido en Jerusalén en 1935 y fallecido en Nueva York en 2003), un conjunto de imágenes sobre Oriente y los países árabes que, según su parecer, estaban cargadas de prejuicios, falsedades y actitudes de poder. Edward W. Said cuestionó el orientalismo occidental desde una visión crítica que rechazaba la concepción eurocéntrica en los estudios culturales, filosóficos, literarios y políticos. Su obra titulada Orientalismo (1978), fundó desde su publicación un nuevo campo para los estudios literarios y culturales.

Tanto Pedro, como también Max y Camila Henríquez Ureña y  Edward W. Said ejercieron como profesores en Norteamérica y fueron también comparatistas, críticos e historiadores que escribieron sobre aspectos de la historia literaria y cultural occidental y oriental.

En el caso de Max Henríquez Ureña, su “orientalismo” aparece en ensayos, apuntes y notas sobre China, Egipto, Persia,  Japón, India, la literatura árabe, obras y aspectos de la producción cultural y literaria oriental. Pero también, en cuanto a la política internacional, MHU opinó sobre La dominación del mundo (Ver, Política internacional: X (2) Obra y Apuntes), donde refiriéndose al contexto político y geográfico de los países orientales y occidentales declara y se pregunta lo siguiente:

“Puede el Occidente seguir mandando? Al parecer sí, aunque hay pueblos, orientales en su mayoría (dígalo si no la India), que esperan que no sea así. Y sin embargo, la pugna más fuerte de la hora actual en el mundo es el choque de dos ideologías occidentales, pues tan occidental es el materialismo de Max como lo son las doctrinas sociales de tipo evolutivo que se le contraponen”. (Ver, ensayo citado en op. cit. p. 79)

A propósito del dominio occidental del mundo de entonces en la segunda mitad del siglo XX y en la época de la Guerra fría, Max concluye su idea de la siguiente manera:

“Todo parece indicar, pues, que el Occidente, hoy ampliado y fortalecido, seguirá mandando en el mundo; pero mandar no es imponerse, no es dominar, por lo que siempre será una quimera  la dominación del mundo”. (Ibídem.)

China y Japón ejercieron influencia en el maestro dominicano mediante su cultura y su literatura, pero también a través de su filosofía y su arte. En la segunda lección del tomo X, Vol.  1 de Obra y Apuntes.

MHU comienza la misma con el nombre de Confucio:

“El nombre de Confucio (Koug-Fu-Tseu) domina la historia, la filosofía y la cultura general de la China antigua. Aunque su vida está mezclada con la leyenda, puede afirmarse que nació en 550 A.C.  Unos le atribuyen origen humilde, otros afirman que era hijo del gobernador de Tsow y provenía de familia vinculada a la dinastía de Shang, que reinó en siglos anteriores. Nació en el estado de Lu, parte de lo que hoy se llama Shang-Tung”. (Vid. Op. cit. p. 9)

A seguidas, Max se refiere al linaje de Confucio y el confucionismo y su dimensión filosófica, pues:

“Admitiendo como admite la mayoría de los historiadores, esta última tesis, no hay en la historia de China linaje más ilustre que el suyo. Llamó la atención desde su adolescencia por su extraordinaria inteligencia y desde que tuvo 22 años se acreditó como maestro, no ya de niños, sino de jóvenes, cuyo carácter contribuía a formar y orientar. Su fama creció y Confucio  fue eliminando de su clase a aquellos que no demostraban afán de saber y capacidad…” (Ibídem.)

Destaca MHU que Confucio “… tenía marcada atracción por la música y tocaba  el laúd chino, cantaba también. Tenía poco más de treinta años cuando fue por primera vez a la capital del reino, examinó la biblioteca y se entrevistó con Lao-Tsé, autor del libro Tao-Teh-King y fundador de la secta religiosa llamada “Taoísmo”. (Ibídem. pp. 9-10)

¿Qué importancia tenía el Tao-Teh-King o Tao-Tec-Ching para la tradición China? Según MHU:

“Este libro no es muy extenso, está en estilo condensado, revela el temperamento poético y la tendencia mística de su autor; pero su significado no deja de ser oscuro en sus líneas generales. A Confucio le impresionó grandemente la personalidad de Lao-Tsé. En cambio parece que Lao-Tsé no le concedió importancia alguna al joven que le presentaban”. (Ibídem.)

Es importante destacar que poesía y filosofía, fueron las dos columnas del pensamiento oriental, y que en China y Japón toda gran poesía surge de la filosofía y toda gran filosofía surge de la poesía. Los antiguos tratados sobre poesía china ponen de relieve la relación entre poesía y vida espiritual, así como también la relación entre música, poesía, canto y movimiento. Todo lo cual se hace legible y visible en la obra de Confucio, Lao-Tsé y Chuang-Tsu.

Lo más importante en este contexto de formación del Canon poético y filosófico fue el fundamento ideal en la trama de la concepción del mundo y de la vida. Sin embargo:

“China  tenía una literatura antes de Confucio y gracias a él han podido conservarse no pocos libros que forman parte de ella: el Shu-King (Libro de documentos históricos). (King quiere decir “Libro”); el Shi-king, que contiene una vasta compilación poética. Los más recientes poemas en ese libro datan del siglo sexto AC. Otros se remontan a doce siglos atrás. Los Li Ki, o libros de los ritos y antiguas ceremonias; y otros más. Como obra propia: el libro histórico Anales de Lu, que él bautizó con el nombre de Primavera y Otoño. Es historia sumaria sobre su región natal. Pero más interesan su propia  vida, su enseñanza y sus doctrinas”. (Ibíd. Loc. cit.)

A diferencia de China, y según Max: “No hay en el Japón grandes monumentos literarios que por su antigüedad y su mérito merezcan recordarse. Los libros sagrados de su primitiva religión llamada “Sintoísmo” o Camino de los dioses carecen de interés literario. La poesía lírica y filosófica de los primitivos tiempos es una imitación de China”. (Ver, p. 11)

Tal y como se ha demostrado hoy, la aseveración de MHU carece de veracidad y resulta un lugar común proveniente del occidentalismo y el eurocentrismo culturales que asentó dicha doxa en manuales de divulgación colonialista, usuales a comienzos y a mediados del siglo XX. Si tomamos en cuenta los escritos de Daisetz T. Zuzuki y Daniel Clarence Holton sobre el Budismo Zen, los Tesoros budistas y el Shintoísmo, la llamada y simple tesis sobre la imitación literaria de la filosofía y la literatura arcaica japonesa, así como su menor interés literario carece realmente de respaldo por ser la misma inconsistente.

Según Max:

“El período arcaico, en el cual figuran los cantos rituales sintoístas, llega hasta finalizar el siglo séptimo, en plena Edad Media… A partir del siglo octavo, la poesía japonesa, eminentemente descriptiva y delicada en sus expresiones, alcanza mayor auge y desarrollo. Una de sus formas típicas, el Hai-Kai ha corrido fortuna en otras lenguas y ha sido adaptado al español por algunos poetas hispanoamericanos, como José Juan Tablada y Flavio Herrera”. (Ibídem.)

Nuestro crítico y estudioso muestra algunos ejemplos de hai-kai o hai-ku, su técnica, influencia y cronología y los poetas representativos a partir del siglo XVI: la poetisa Chiyo, Baso, Enomoto Kikaku, Buson Tosano. Max sostiene que “Toda esa literatura es relativamente reciente y no cabe dentro de la producción literaria de la antigüedad”. (Ibíd. P. 12)

Nuestro autor no abunda sobre otros ejemplos (narrativos, dramatúrgicos, poéticos) de importancia para el conocimiento de dicha literatura en su grado de incidencia en muchos poetas de Occidente.