Se atribuye al político, escritor, diplomático y orador dominicano Manuel Arturo Peña Batlle (1902-1952) haber dicho que la República Dominicana es "un país muy especial". El autor de este artículo añadiría que el nuestro es "un país de ficciones y absurdos", título de mi  nuevo libro ya terminado.

Si se aceptan ambas descripciones, no hay que asombrarse ante el hecho concreto y verdadero de que, al igual que Peña Batlle, muchos dominicanos que en principio se opusieron a la dictadura de Trujillo, emergieran luego como sus más fieles defensores. Tampoco es motivo de espanto que revolucionarios que combatieron a Balaguer y su represión, terminaron como genuflexos, algunos con más fervor que los propios reformistas allegados al fallecido presidente.

En ambos casos, unos fueron aplaudidos y repudiados, de acuerdo a lo que a los sumisos y detractores  conviniera. Hoy día sucede exactamente igual, con la diferencia de que actualmente se practican "chantajes a la carta", para apabullar a unos y a otros.

En efecto: los que defienden el Gobierno del PLD, a Leonel Fernández o a Danilo Medina, son "botellas, bocinas y cómplices de la corrupción", mientras que los que en su derecho están en la oposición constituyen "una partida de atrasados", aunque ellos también hayan sido  "botellas, bocinas y cómplices de la corrupción", como parte de un chantaje simultáneo que pretende desacreditar a todos.

Eso mismo ocurre con la llamada "cuestión haitiana". Si uno llama la atención sobre las pacíficas invasiones haitianas que se iniciaron inmediatamente fue proclamada la República y se repitieron en los años siguientes de 1845, 1849, 1855 y 1856, inmediatamente se le acusa de racista, chantaje inaceptable porque de reconocerlo sería  colocarse una venda en los ojos y una tapadera en la boca.

Si algún periodista o escritor respalda la candidatura de Danilo Medina, auspiciada por el PLD, como es mi caso, se le llama "partidario de la corrupción", sin tomar en cuenta que en este país, que es "muy especial", cada quien tiene su corrupto favorito, como decía el inolvidable director del Listín Diario, Rafael Herrera.

Pero si ese mismo periodista respalda al PRD y a su candidato don Hipólito Mejía, un hombre a quien considero honrado, independientemente de sus ametralladoras verbales y  los vínculos que tuvieron algunos de sus funcionarios con la corrupción cuando fue Presidente, entonces dicho comunicador es "un hombre que está claro contra la dictadura constitucional".

Como se puede apreciar, en nuestro país cada quien acepta solamente lo que  quiere escuchar, no razonar, lo que significa que si la llamada "dictadura constitucional" les favoreciera, estoy seguro de que  guardarían un silencio comprometedor, lo que sin dudas podría generar una dictadura "de verdad".

El poder del dinero y la ambición de sobresalir es lo que lleva a muchos políticos y periodistas a ser corruptos. En el primer caso, en nuestro sistema esos políticos gozan de impunidad, bajo la excusa de que esa es "la ración del boa", para garantizar la llamada "gobernabilidad democrática". En cuanto a los periodistas corruptos, sirven a quien mejor les paga, razón por la cual despotrican con injurias incluso contra sus propios colegas. Los miembros de ese club, a quienes les importa un carajo que la opinión pública o  sus propios hijos los señalen como "vendidos", proliferan como la hierba mala, gracias  al lisio corruptor de los diferentes gobiernos que hemos tenido. Ninguna persona se corrompe si detrás no hay un corruptor que propone.

Nos falta mucho para aprender de los países más civilizados que el nuestro para lograr el progreso, pero cuando uno lo comenta le llaman iluso, cuando no "defensor del capitalismo y del imperialismo". Pero si uno alaba a Fidel Castro y a sus allegados, entonces nos aplauden, porque todo depende del cristal con que se mire. Como diría nuestro amigo el escritor Andrés L. Mateo, ¡Oh, Dios!, al terminar sus formidables y críticos  artículos sobre este gobierno y sus vínculos con la corrupción, algunas veces poco objetivo, solo falta reiterar, como dijo Peña Batlle, que el nuestro no solamente es "un país muy especial", sino  también de "ficciones y absurdos", como digo yo.

¿Cuándo terminarán estos chantajes a la carta?