Homo Sapiens

Cerebro y mente

Mientras no desarrollemos un alto nivel de conciencia, más vale que no descubramos el poder de nuestros pensamientos.

Por Luis Ortiz Hadad

Nuestra generación tiene el privilegio de ser favorecida con grandes avances en el conocimiento del cerebro y de la mente. Es importante ver la relación entre ambos términos porque no son sinónimos.

Los humanos suponemos que el único órgano de nuestro cuerpo capaz de pensar es el cerebro. Es importante que sepas que todas las células tienen la capacidad de pensar, tanto en los organismos unicelulares como cada una de las células de un pluricelular.

Una ameba posee la facultad de moverse hacia la comida o alejarse del peligro, identifica los diferentes estímulos, se reproduce sin ayuda, etc., sin embargo, no puede tener cerebro porque es una célula única. Es interesante saber que las medusas pese a ser grandes organismos multicelulares no tienen cerebro y sin embargo, todas sus partes funcionan de forma coordinada. La variedad de medusa conocida como avispa de mar es un depredador muy peligroso capaz de perseguir a su presa y apenas tiene un sistema nervioso rudimentario.

Cualquiera de mis células es inteligente, pero para conducir mi vehículo ninguna de ellas lo puede hacer sola, por eso se somete al colectivo y trabajan de forma unitaria. Cada cual hará su parte: unas se encargan de ver, otras de escuchar, las musculares estarán vinculadas al movimiento, las pulmonares se encargan de obtener oxígeno para todas, otras procesan el alimento, etc. Así mientras manejo, utilizan un sistema muy sofisticado de comunicación, mediante el cual envían y reciben informaciones en fracciones de segundo, porque cada una tiene su responsabilidad en el proceso. El cerebro es similar al director de una orquesta, es quien dirige el concierto, pero no significa que los violinistas no piensen. Cuando algún grupo de células se rebelan contra la dirección pueden surgir enfermedades (como algunas parálisis o arritmias cardíacas), por otro lado, cuando el sistema nervioso colapsa, nuestras células funcionan con mala coordinación y podría ser que sólo realicemos funciones biológicas básicas.

Nuestros conocimientos se producen o registran en nuestras neuronas en forma de nuevas sinapsis (conexiones entre neuronas). Por ejemplo, una nueva palabra que aprendes podría producir una decena de nuevas sinapsis y es lo que determina que tengas un nuevo conocimiento. Nacemos con alrededor de 100 mil millones de neuronas, pero lo que determinará nuestra inteligencia es la cantidad de sinapsis que desarrollemos. Si hace años que haces todo igual, si tus días son siempre rutinarios, entonces no estarías estimulando la neuroplasticidad de tu cerebro y lo que no evoluciona tiende a involucionar.

Como vimos, la neurociencia nos explica como registramos cerebralmente lo que aprendemos, la forma en que “tomamos apuntes”, pero los Homo sapiens no nos limitamos a copiar, sino que también generamos nuevos conocimientos. Por ejemplo, las abejas siempre realizan el mismo tipo de panal, pero nuestras viviendas siempre se están modificando. Podemos incluso desarrollar cosas que nunca vimos. Y recuerda que los organismos sin cerebro también aprenden aunque no realicen estas sinapsis cerebrales.

Con el cuerpo en general y el cerebro en particular, la mente guarda una relación semejante a la existente entre el software y el hardware de nuestras computadoras. Podemos almacenar información en los discos duros de forma permanente, algo similar acontece con nuestro cerebro. Pero nosotros también podemos almacenar información en la “Nube” similar a ese proceso de la informática, pero reconozco que dadas nuestras limitaciones conceptuales todavía nos resulta difícil comprenderlo, pero sólo comentaré por el momento que los pensamientos son procesos energéticos y nuestra mente es el conglomerado de ellos (y recordemos que la energía no tiene las limitaciones que la materia tiene). Haremos algunas reflexiones sobre la mente comprendida como una entidad no limitada exclusivamente al cuerpo material.

Existe una visión reduccionista materialista que entiende que los pensamientos serían una especie de “secreción” del cerebro. La mente es en parte el resultado del procesamiento de estímulos obtenidos por los canales neurológicos específicos para cada información, pero hay procesos que no se limitan al reflejo o registro pasivo de fenómenos sensoriales. Las impresiones que recibimos del mundo se relacionan con nuestro cerebro emocional o límbico, produciéndonos sensaciones agradables o desagradables, lo que nos moverá a elaborar conceptos que nos permitirán categorizar nuestros fenómenos existenciales. Como vemos las emociones son necesarias para registrar nuevos conocimientos (aprender). En base a esos conocimientos, establecemos procesos, normas, valores, criterios y sentimientos. No actuamos sólo por instintos, por lo que cuando perdemos referencias, tendemos a inmovilizarnos.

Hemos logrado comprender mucho a la Materia, pero apenas estamos comenzando a entender el mundo de la Energía. Los procesos energéticos que acompañan a la materia generan actividades cuánticas que sobrepasan las leyes de la física que sustentan lo que hemos conocido como realidad (a menudo llamamos irreal lo que no podemos entender). Somos energía que logra desarrollar un cuerpo material con un programa definido genéticamente, casi siempre por un tiempo menor a un siglo, nuestra sensibilidad energética la conocemos como espiritualidad, es nuestra conciencia de lo trascendente, de lo que nos gusta elaborar leyes o dogmas rígidos pese a nuestro limitado conocimiento.

Mientras no desarrollemos un alto nivel de conciencia, más vale que no descubramos el poder de nuestros pensamientos. Estamos muy cerca de comprender la interfaz entre nuestra mente y la realidad material. Las ideas fantásticas que se nos ocurren son posibles, pero requieren mucho más desarrollo mental del que ahora tenemos. Nuestro cerebro es frágil y no lo tendremos por mucho tiempo, pero debemos usarlo bien, algún día comprenderemos para qué lo tuvimos

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