El cementerio de Santo Domingo,  de la av. Independencia,  finalmente,  es inaugurado el 29 de agosto de 1824,  por Jean Pierre Boyer, que concretiza así, las nuevas tendencias higienistas de las ciudades europeas de la época que construyen una nueva infraestructura llamada “cementerio” lejos del centro habitado, es obra de arquitectos que plasman en ellos, sus ideales.

Jean Pierre Boyer había escogido, un terreno, detrás la Puerta del Conde en la pequeña llanura llamada Ejido de la Sabana (actual Parque Independencia),  lugar de pastoreo y potreros, (donde murió María Trinidad Sánchez, sin que se indique el lugar, hasta hoy con una placa). Se inauguraba ahi un espacio, cerrado con alambres de púas,  para enterrar los muertos fuera de  las Iglesias y de la Catedral y así secularizar algunas actividades que siempre había asumido la Iglesia católica. Ese espacio fue polémico desde su creación porque los vecinos preferían ser enterrados en las Iglesias y Catedral. Entre quejas, desatención e irrespeto, ese emplazamiento se consolidaría con el tiempo como lugar de enterramientos  e orientaría  definitivamente el trazado de la av. Independencia, el diseño de Ciudad Nueva  y la futura expansión de la ciudad.

Hoy, el Cementerio apenas empieza a ser estudiado de manera sistemática como locus  de la muerte, de los ritos funerarios de los siglos XIX y XX y de la memoria histórica.  Este cementerio sorprende por la diversidad de los orígenes de las familias, por el cosmopolitismo imperante en el siglo XIX en la pequeña Santo Domingo,- por la belleza delicada de las tumbas, de las lapidas que son en general obras de arte, incluso algunas diseñadas por Abelardo Rodríguez Urdaneta, el famoso escultor muerto en New York en 1933,  pero el Cementerio es además la representación de la sociedad: embajadores, Presidentes, soldados, políticos, gente del pueblo, todos descansan ahí, muchos, después de una vida marcada por la violencia, las enfermedades, las catástrofes.

Hoy,  ese cementerio se encuentra en el centro de la ciudad. Es, a pesar de esa centralidad,  un lugar ignorado, porque contrario a muchos cementerios, ni se utiliza como espacio verde, ni como espacio de curiosidad y menos aún, como cementerio monumental, como ocurre en Buenos Aires, en La Habana o en New Orleans.  Los principales cementerios del mundo son parte del patrimonio tangible e intangible de la Humanidad, “se venden” como patrimonio turístico, y, así debería ser con el cementerio de la av. Independencia,  como locus que representa dos siglos fundamentales para la construcción de la nación, de la independencia, de la lucha anti imperialista: es, en ese sentido,  una representación de los valores e ideologías de la época. En ese pequeño cementerio, aprendemos que los capitaleños se enfrentaron, a la dominación y ocupación extranjera, a las adversidades de la naturaleza y que se opusieron, al más grande Imperio, en formación, a principios de siglo XX -los Estados Unidos de América/ la Doctrina Monroe- en el 1916 y de nuevo en el 1965, pocos son los países con tal valor. 

Por todos esos episodios, ese cementerio es lugar de memoria que resguarda el pasado y permite la construcción de una conciencia histórica y  su  permanente actualización y consolidación.

LA  MEMORIA COLECTIVA y el CEMENTERIO

A principio del  siglo XX, uno de los actos simbólicos que cambio radicalmente la percepción colectiva de la población sobre este cementerio-, dándole el estatus de cementerio respetable o  “lugar de memoria nacional, caribeña y anti imperialista”, fue el entierro de Eugenio María de Hostos, en 1903. Él había expresado su voluntad en su testamento político, de ser enterrado en ese cementerio hasta que su Puerto Rico, natal, sea independiente. Su entierro, dio lugar a una verdadera manifestación patriótica, un sentimiento de orgullo y de gran responsabilidad colectiva, a acoger los restos del gran educador puertorriqueño en ese “territorio de memoria dominicana”. Ese entierro revistió una importancia política extraordinaria, para la época, dando al cementerio un carácter  de Panteón nacional al aire libre: todos vieron el ataúd  cubierto con la bandera nacional en presencia de las autoridades de la época (ver AGN-Listín Diario).

De los dos lados de la avenida principal del Cementerio, dignos patriotas descansan y no estamos segura que su entierro dio lugar a honores, debido a sus posiciones políticas como podría ocurrir con  Emilio Prud homme (1932) o  Cayetano Armando Rodríguez. Otra enigma se teje en torno a Abelardo Rodriguez Urdaneta, algunas fuente dicen que murió en New York un 11 de enero de 1933, otros dicen, que está enterrado en una pequeña tumba que dice “Abelardo”, es obvio que se necesita el apoyo de los antropólogos y médicos forenses para seguir identificando con seguridad y despejar muchas incógnitas. 

¡Cómo no pensar en el heroísmo del dominicano,  frente a la humilde tumba de Emeterio Sánchez, ese valiente que se lanzó al mar, para salvar las vidas de los marineros del Memphis, en plena Ocupación del 16, siendo el, un opositor a esa Ocupación!.

Pues, el historiador francés, Pierre Nora, hablando de los cementerios, dijo:

… se constituyen en  “lieux de mémoire” (lugar de memoria) en espacios predilectos…… para la reconstitución de la historia”.

El Cementerio de la Av. Independencia -que es patrimonio arquitectónico e inmaterial de la nación- es nuestra memoria del siglo XIX y  del siglo XX, forma parte de nuestra identidad, de nuestra Historia: es, una fuente material para  los historiadores que  resucitan los héroes,  sus vidas y hechos históricos y si es, verdad, que la memoria,  no debe subordinar el presente al pasado, no menos cierto es, que no hay presente sin el ayer. Es un museo, en el debemos caminar, pensar, sorprendernos, aprender y considerar lo efímero que  es nuestro paso en ese mundo, por eso no podemos desperdiciar nuestro accionar en el.

Sin embargo, ese  cementerio es olvidado en el calendario de la Oficina de Efemérides Patrias, en el, no se conmemora oficialmente ningún acto, ninguna celebración, ni recordación. Lo más penosos, es que ni siquiera los maestros  lo usan como libro de Historia abierto y esa situación ha contribuido a la banalización del cementerio a su invisibilidad.

Esa invisibilidad se reforzó por el traslado de esos muertos valientes que toda la población respetaba,  a un lugar ajena a la vida cotidiana, donde  la veneración y la monumentalidad del lugar, nos impide pensar en seres normales, y eso ha llevado al endiosamiento y   a la sacralización de esos héroes – que eran de carne y hueso en el cementerio- a una inmaterialidad con graves consecuencias para la formación de la identidad y la memoria colectiva.   

Resulta que sacar sus muertos prominentes del Cementerio  y llevarlos al Panteón, -ese lugar tan frio y aislado-  fue la resultante de una voluntad política, que  transfirió ese mismo valor a los muertos- y  los despojaron  de su neutralidad e intencionalidad, los  desvincularon  de lo real, del sacrificio y de la Historia para ser nombres en una Tarja que nadie palpa, nadie lee, nadie sienta como suya.   (seguiremos)