Tras la inauguración de una serie de nuevos Centros Comerciales (CC) y la adecuación de otros tantos, inicia una de las carreras más agresivas, por obtener la primacía en la oferta de espacios comerciales en la zona metropolitana del Gran Santo Domingo.

A pesar de que las inauguraciones más recientes se han localizado en un pequeño cuadrante de la extensa área metropolitana, impactando sectores específicos de la sociedad y aumentando los desplazamientos vehiculares en las proximidades de las edificaciones construidas; estos centros comerciales están rescatando la posibilidad de que la sociedad vuelva a encontrarse en el espacio público.

Los centros comerciales construidos, especialmente los que están orientados a la tipología de “mall”, generan ciudad en base a la concentración de espacios destinados al disfrute, al ocio y a la compra en tiendas por departamentos, reunidos entorno a un ambiente cuyo disfrute no es exclusivo al consumo realizado. Esta capacidad de hacer ciudad en espacios de capital privado con acceso a todo público se produce ante la imposibilidad del espacio público exterior de proporcionar una oferta atractiva y segura para la población.

Hoy en día, al observar la ciudad que caminamos se percibe un ambiente cargado de inseguridad, arraigado en el interior de cada ciudadano y evidenciado en las páginas de los principales diarios nacionales; las peligrosas aceras por las cuales podríamos desplazarnos exponen una ciudad deteriorada donde escasea la iluminación eléctrica, cargada de elevados niveles de contaminación ambiental, con un servicio de transporte colectivo ineficiente y con una preferencia marcada por los desplazamientos motorizados, en lugar de los movimientos a pie (el peatón no es gente). Ante las deficiencias del espacio público actual, las apuestas comerciales recientemente inauguradas se encuentran supliendo la necesidad que tiene la población de encontrarse en espacios colectivos de calidad, resguardados de la seguridad que no tenemos en el exterior.

Sin embargo, a pesar del aporte que estas nuevas infraestructuras están haciendo a la ciudad, las mismas han trastornado la dinámica tradicional de las calles y avenidas que las circundan; solo resta que los tomadores de decisiones municipales y estatales puedan conducir el futuro crecimiento de las infraestructuras comerciales y el mantenimiento sostenible del entorno de los centros ya inaugurados, con el fin de aminorar los impactos negativos que las mismas están ejerciendo sobre la ciudadanía.

Para esto se requiere la formulación y ejecución de una serie de apuestas estratégicas, tales como el establecimiento de conexiones efectivas entre los centros comerciales y las redes de transporte colectivo (para esto es necesario mejorar el sistema de transporte publico colectivo urbano), la  eliminación de los parqueos circundantes a las edificaciones comerciales, la revisión de las normativas que establecen los indicadores para otorgar los permisos de usos de suelos necesarios para la localización de este tipo de edificaciones y la adecuación de las reglamentaciones tanto para el control de los accesos vehiculares, como para el cálculo de estacionamientos permitidos, tomando en consideración de que nos encontramos en una ciudad en contínuo crecimiento.