En ningún sitio del mundo ha sido indiferente el órdago lanzado por el presidente de Cataluña Artur Mas, de que si obtenía la mayoría absoluta en las elecciones del 26 de noviembre, convocaría un referéndum sobre la independencia de Cataluña de España.

La pregunta ¿se romperá España? ha estado a la orden del día en los medios de comunicación. Semanas atrás –en el programa de Teleantillas, Jornada Extra-, Juan Bolívar Díaz, me entrevistó y entre las preguntas que anunció que haría estaba la salida de Cataluña de España.

Por razones de tiempo no pudimos tratar este tema pero mi respuesta, fuera de las cámaras, fue que no creía que esto ocurriera, que Cataluña seguiría formando parte de España, y que a lo más, lo que se obtendría, a corto plazo, era un mejor trato en el reparto de los impuestos.

Es decir, que Cataluña se quedará con un mayor porcentaje de los impuestos, como contribuyente neto que es al resto de España. Es decir, que los catalanes (todos los que viven en Cataluña a efectos fiscales), aportan más a España de sus impuestos  que lo que fiscalmente reciben, y que hay una reivindicación que tengan una mayor parte de éstos impuestos. Esta demanda se acentúa con los efectos de la crisis, ya que los problemas, por una parte, acentúan el egoísmo regional, a la vez que  ciertas iniciativas solidarias a nivel individual.

Dicho esto, la cuestión catalana no se reduce a esto, ya que existe en Cataluña una pluri secular reivindicación nacional. Es decir los catalanes se sienten ser no solo una región de España sino una nación, cuyo eje estructurante principal es la lengua. Que es hablada por los catalanes de todas las clases sociales.  No como en Galicia y en el País Vasco, que era una lengua utilizada, sobre todo, por los campesinos y aldeanos y no por la burguesía, que se educaba y hablaba castellano o español.

Ahora bien, España surgió como una nación de naciones y todo parece indicar que así deberá continuar, enriqueciéndose de esa pluralidad para bien de todos los ciudadanos de sus diversas naciones y regiones, todo ellos con el elemento común de ser españoles (aunque algunos se sientan y reconozcan más por sus rasgos diferenciales de vascos, catalanes o gallegos ).

La cuestión política en Cataluña ha tenido una respuesta en las elecciones de ayer 25 de noviembre. El partido que lanzó la llamada al independentismo, el derechista y neoliberal Convergencia i Unio (CiU), perdió 12 diputados y más de 100 mil votos, pero los independentistas más consecuentes de Ezquerra Republicana (ERC) de Catalunya con 21 diputados han más que doblado sus diputados y se convierten en la segunda fuerza en el parlamento catalán, superando al Partido Socialista Catalán (PSC) que obtuvo 20 diputados (perdiendo 8), aunque sigue siendo el segundo partido por el número de votos. El Partido Popular en Cataluña quedó en cuarto lugar aunque aspiraba ser el segundo partido más votado.

Así pues, el perdedor neto de estas elecciones ha sido, sin duda, CiU y Artur Mas, el ganador ERC, y el PP, que ha logrado un avance en 1 diputado se puede decir que resiste pero no parece que tenga mucho futuro en una Cataluña, donde la derecha, la burguesía y los sectores de altos ingresos de las clases medias están bien representados por CiU, y no aceptan el discurso anticatalán y a veces claramente agresivo de la derecha nacionalista españolista, que el PP representa, por mucho intento que se haga por tratar de paliar esa identificación.

Caso aparte es el PSC, los socialistas retroceden, aunque no tanto como señalaban las encuestas –que dicho sea de paso, han errado en sus pronósticos en Cataluña. Los socialistas no se reponen de los estragos dejados por el “zapaterismo” en toda España, y porque los electores no le siguen perdonando que, primero, Zapatero eludiera reconocer la crisis, por un lado, y que a seguidas, en segundo lugar, se embarcara, sin dar explicaciones pertinentes y veraces para su toma de decisiones, en recortes brutales siguiendo lo que le exigía el Banco Central Europeo.

Mirando hacia el futuro, lo que parece claro es que aunque los resultados en Cataluña dan un respiro al Gobierno de España, sin embargo, no hay que olvidar que las fuerzas políticas más nacionalistas tienen un gran respaldo popular, y que si bien el camino hacia la independencia parece que estará cerrado –al menos por muchos años-, ello no debe dejar aparcado el urgente asunto de que España tiene que replantearse un debate y una solución lógica, civilizada y adecuada, a una necesaria reforma constitucional sobre la organización político-territorial del Estado, que vaya hacia un Estado Federal (como Alemania, como EE.UU., como Bélgica), aunque con sus condiciones propias y especificas, de manera que se mantenga la unidad de España dentro de su rica diversidad.

A menos que, a la larga, se quiera sustituir el voto por las botas. Cuestión  que en Europa nos parece  hoy en día imposible… ¿o no?