Señor

Gonzalo Vargas Llosa

Santo Domingo, República Dominicana

 

Distinguido Señor:

Realmente no nos conocemos bien ni somos amigos, aunque en dos o tres ocasiones nos hemos saludado y conversado en diferentes actos o recepciones. Pero conozco bien su trabajo como Representante del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), que es una organización mundial de la ONU que ayuda y brinda asistencia a los pobres, a los vulnerables y refugiados en cualquier parte del mundo. Soy de los que lo admira y le brindo mi gratitud por los servicios humanitarios de ACNUR y suyos, como jefe de Misión, por su grandes esfuerzos y trabajo en nuestro país y por la ayuda humanitaria a los miles de haitianos, indefensos, desprotegidos y muy pobres.

Usted no tiene ninguna culpa de las desavenencias históricas e intolerancia desfasada, de una parte minúscula del pueblo dominicano con otra parte pequeña de haitianos soberbios. Como funcionario de la ONU Usted vino en misión oficial, con el beneplácito del Gobierno dominicano. Nuestro país es miembro desde 1945 de esta valiosa organización internacional y tenemos compromisos legales y políticos con la institución multilateral.

Su trabajo durante cuatro años ha sido muy meritorio y noble a favor de personas desprotegidas y en absoluta miseria, ya sea por terremotos, causas políticas o altísimo desempleo en la hermana Haití o por inmigraciones en busca de comer y trabajo o por desear algo mejor en sus vidas.

Si hay muchos haitianos ilegales en nuestro país es solo culpa de los Gobiernos dominicanos que desde Trujillo al presente, trajeron miles braceros a cortar caña, y después siguieron emigrando sin control por las mafias de ambos lados  de la frontera. En verdad, el brazo haitiano sustenta el corte da caña, la recogida de café y cacao y son los peones de la construcción. En realidad, apoyan y contribuyen a la economía dominicana con su trabajo y sudor, aparte de los más de US$ 1,600 millones que exportamos a Haití. El comercio entre ambos países es una fuente de trabajo y bienestar para miles de dominicanos que producen y exportan a nuestro vecino.

Los dominicanos en el fondo hacen lo mismo que todo pobre o frustrado sin trabajo. Emigran como sea, en avión o en yolas, de forma legal o ilegalmente en busca de un sueño, a los Estados Unidos, Puerto Rico, España o muchas otras naciones. Tenemos más de 1.2 millones de dominicanos que se fueron por falta de oportunidades en su país. Por eso hay que ver estos fenómenos como propios de las inequidades y diferencias en los países, y como un problema humano generalizado en todo el mundo. Hay que tener humanidad y tolerancia.

La gran mayoría de los dominicanos admiran y agradecen los trabajos de ACNUR y el suyo personal. Yo siento admiración y respeto por su noble labor humanitaria, que no tiene nada que ver con los complejos y resabios de un grupito de supuestos ultranacionalistas. Olvídese de los insultos de ciertos sectores, pues con su diatriba lo suben y ennoblecen a Usted y ACNUR. Hay manos ocultas que desean limitar las acciones de ACNUR, lo que la ONU y los pueblos civilizados verían con horror y millones de dominicanos rechazarían.

He conocido y tratado a su padre, el lustre escritor y pensador, Mario Vargas Llosa y lo considero un gran defensor de la libertad, de la democracia plural, la tolerancia y la solidaridad. Es un hispanoamericano admirable, que se enfrenta a todo tipo de dictaduras e intolerancias, sean de derechas o de izquierdas comunistas. Usted tiene ese linaje digno y solidario en su sangre y espíritu, por eso realiza la difícil tarea de ayudar y proteger a los desposeídos, sean refugiados, migraciones pobres sin trabajo o seres humanos que necesitan del brazo caritativo del prójimo para comer y la asistencia de las organizaciones humanitarias y voluntariados para sobrevivir. Usted y ACNUR realizan un gran trabajo para ambos países que cohabitamos esta hermosa Isla.

Al terminar su mandato de cuatro años, solo le puedo felicitar y decirle, que váyase tranquilo y alegre, que hay aquí hay muchos, pero muchos dominicanos que lo admiramos, a Usted y muchos otras organizaciones y personas que también ayudan a los pobres y trabajan por la solidaridad social. Hace unos días le rindieron un hermoso homenaje en un restaurante un grupo de las mentes más sanas y comprometidas con el desarrollo económico y social de los pueblos y con el amor y solidaridad entre seres humanos, que no tienen la culpa de sus desgracias.

Le deseo nuevos éxitos en su próxima misión y siga su labor y trabajo con el mismo ardor y pasión que ha demostrado en la República Dominicana. Aquí tiene Usted un nuevo amigo en mi persona.

Con sentimientos de mi alta consideración y estima,

Muy cordialmente

 

Eduardo J. Tejera

6 de octubre de 2014