El Ministerio de Cultura (MiC) está traduciendo su gestión en contabilizar el presupuesto que le toca en la Ley de Presupuesto nacional hacia una empleomanía parasitaria.

Si tuviera que sostener el carnaval dominicano, este no existiera desde la creación del MiC hace una década.  Ahí está la emblemática reducción presupuestaria gubernamental al carnaval vegano.

Como ejemplo, los costos del carnaval de La Vega a grosso modo no pueden ser sostenidos con apenas la publicidad, verbigracia el direccionamiento comercial es lo que lo hace atractivo económicamente (lucrativo).

El carnaval vegano se sostiene por la participación popular: profesionales que devengan sueldos buenos dedican un porcentaje a costear sus respectivas participaciones y con esto gestionan una economía creativa natural.

El público es notoriamente fiel y es el objetivo de publicidad, comercio y por supuesto de la diversión del carnaval.

No obstante el Mic continúa sin participar con nuevas respuestas a la problemática que representa la debilidad del carnaval dominicano: la gente que participa, que podría hacerlo al 100×100, está abandonada a su suerte.

Si no fuera por la contribución del poder público el carnaval vegano ya no existiera. Sin embargo es justo explicitar que es el Estado que indirectamente le provee seguridad, agua, energía eléctrica, asistencia médica, mantenimiento de espacios públicos, etcétera. Es decir que, como se tiene comprobado, el carnaval vegano no podría pagar ni siquiera la cuenta del agua y la luz.

El carnaval vegano apenas llega a costear un 30% de sus costos operacionales, con los beneficios que le llegan del consumo y la publicidad. Y sin embargo, bien podría convertirse en una industria cultural de fuerza importante en la economía vegana. Y esto se comprueba en la cuestión fiscal que evidencia un movimiento de alrededor de 500 millones de pesos.

El carnaval es un superávit para cualquier ciudad. Sin embargo, a la fecha no se ha logrado consensuar la ingeniosa noción capitalista con Derechos Autorales, costos operacionales, producción de arte, salarios y seguridad social de los creadores del carnaval, entre otros elementos fundamentales.

A esto se une el Ministerio de Cultura con su ambivalencia, prejuicio, politiquería corrupta y ambigüedad como ministerio proveedor de las políticas culturales públicas.