El sociólogo de nuestro país más conocedor del tema de carnaval, Dagoberto Tejeda,  intituló una obra de su autoría: carnaval de carnavales, por la multiplicación y contagio que el mismo produce en la gente, comunidades y gestores culturales. Ciertamente que el país vive una efervescencia de carnal, una especie de pandemia, en buen sentido de la palabra.

Múltiples carnavales ya existen y otros surgen como los manantiales que dan origen a los ríos y arroyos. El carnaval se entendido no sólo como una manifestación alegre y de júbilo para divertir grandes poblaciones, sino también como un esfuerzo por crear una industria cultural y creativa. En algunos casos, también el carnaval es la mimetización de la realidad desde una mirada satírica y burlona.

Lo cierto es que hay muchos carnavales, existe una pasión por la festividad en el país y al mismo tiempo, esta expresa desarrollos desiguales entre los carnales mismos producto de muchas razones que tienen que ver con una tradición, con un pasado de pervivencia de una cultura que va tomando cuerpo y madurando, también es el producto de la improvisación, el inmediatismo y la ligereza. No es contradictorio que exista el deseo y la intención de crear estas manifestaciones carnavalescas en el país, más bien la preocupación viene de la calidad de lo que a veces se presenta y en la necesidad de consolidar la propia iniciativa de estas comunidades.

Cada fin de semana de febrero es suficiente para saber cómo  dónde se mueven los carnavales. Pero lo vemos también en el Gran Desfile de carnaval de Santo Domingo el primer domingo de marzo, donde debe acortarse la marcha y recorrido de comparsas, para dinamizar, agilizar y no saturar el desfile  como tal por lo agotado de su discurrir.

En ese orden, nos mueve mucho a preocupación la atomización que puede producir esta convocatoria simultánea, sobre todo, en la capital donde se movilizan cuatro carnavales a la vez: Santo Domingo este, norte y oeste, además del Distrito nacional.

Al mismo tiempo se hace evidente que estos carnavales tampoco se desarrollan todos al mismo tiempo, pues el calendario de salidas de los mismos se desplaza en todo el año y opacan la vieja tradición de que el carnaval es precuaresma. Ya los carnavales han construido su propio calendario independientemente de os criterios de la iglesia católica o de las fechas patrias que le ha concitado algunos conflictos con instituciones representativas de estas prácticas.

/todo ello es parte del engranaje de los carnavales. Naturalmente que esta intensidad dificultad también su montaje como industria creativa que ha de incluir todos estos carnavales como parte de una propuesta  única.

Es el nuestro un carnaval de carnavales, pues si bien tiene algunos que son representativos e iconográficos como el de la Vega, Santiago, la capital, Puerto Plata y San Juan de la Maguana, Cotuí, otros son parte de la dinámica carnavalesca, y en ese esfuerzo, también los hay que luchan por definir su imagen, como el de río San Juan, Samaná, o solo mencionar estos dos.

Todos ellos son los carnavales del carnaval dominicano. Pero también todos ellos, regulan la vida lúdica de esos días en el país. Es en este panorama, la capital, la mayor preocupación, pues cuatro carnavales juntos son muchos y requieren una reflexión y reorganización espacial y temporal a partir de una consulta necesaria con gestores, portadores y otros agentes de estos carnavales, como autoridades y demás representantes. Incluido los Comités organizadores de los mismos, comerciantes y patrocinadores, para buscar una salida práctica y consensuada, a tan dificultoso tema y que cierra la capital por varias entradas.

También veos que los recorridos cada fin de semana en algunas ciudades del interior, ameritan gestión y mejores resultados del tránsito, pues en muchos casos, como en Baní por ejemplo, los viajeros del sur, deben atravesar la ciudad, y eso debe ser parte de un tema de planificación vial que acompañe la circularidad de los carnavales.

El carnaval de carnavales, debe repensar muchas cosas que vincular al ismo con muchos otros ámbitos, desde la investigación comunitaria, hasta la organización de os desfile, rutas y recorridos, comercialización y otras formas relacionadas a estos carnavales que erigen mayor planificación del montaje de los mismos, para evitar conflictos con los destinatarios mismos y los propósitos por alcanzar en cada salida de carnaval. Son muchos los retos para que el carnaval nuestro mejore, se enriquezca y se consolide, para de esa manera hacerlo más competitivo. Creativo, eficiente y de alta calidad como manifestación de la cultura popular.