Al leer los pronunciamientos de los presidentes Nicolás Maduro de Venezuela y Raúl Castro de Cuba, estableciendo el compromiso de solidaridad, hermandad y de colaboración de sus respectivos países para con Haití, podria interpretarse, de manera equivocada, que Maduro y Raúl están lanzando una advertencia a la Republica Dominicana para que mida sus pasos al aplicar la sentencia 168-13 del Tribunal Constitucional que ordena la regulación de los nacionales extranjeros residentes de manera ilegal en nuestro territorio.
Otra interpretación que podria darse a los pronunciamientos de ambos mandatarios es la de que ellos son los únicos solidarios con el drama de miseria, caos y pobreza que vive Haití desde que las grandes potencias les han robado sus riquezas naturales, desarticulado sus fuerzas patrióticas y llevado a posiciones prácticamente irreconciliable a su clase política que por omisión o por comisión ha permitido que sus propios empresarios se enriquezcan a costa de la miseria de sus habitantes, quienes corren a la Republica Dominicana en busca de mejor futuro para ellos y sus descendientes.
Es en la República Dominicana el único país del mundo donde se acoge a los nacionales haitianos con sentimientos de hermandad y solidaridad y donde se asume la responsabilidad de atender a sus miles de mujeres parturientas sin exigirles ningún requisito y sin aplicarle ningún tipo de cobro.
El estado dominicano es el único en el planeta que no deporta a los nacionales haitianos de manera automática, como ocurre con los que llegan en balsas a las costas de Miami, de Cuba o de las demás islas de la región.
Ni Raúl Castro, ni Nicolás Maduro desconocen que es la Republica Dominicana el país que más ha aportado y aporta a la paz social y a la estabilidad económica de la Republica de Haití, aun precio muy alto, por lo que en nuestra lógica no es posible interpretar de las maneras anteriores los pronunciamientos de ambos mandatarios, pese a que la prensa internacional los ha divulgado con espíritu de mala leche.
A Maduro y a Raúl les asiste el derecho de pronunciarse en el sentido que estimen sobre cualquier tema o situación, pero resulta imposible interpretar sus pronunciamientos como una advertencia a la Republica Dominicana ante la sentencia 168-13, en razón de que precisamente han sido la República de Cuba Socialista y la República Bolivariana de Venezuela las dos naciones que con más ahínco y dignidad han defendido el derecho que les asiste a la autoderminacion y quienes con más vehemencia han rechazado todo asomo o intento de injerencia foránea en sus asuntos domésticos.
Los revolucionarios, patriotas, demócratas y humanistas del mundo, estamos comprometidos con ayudar al pueblo y al estado haitiano para que pueda superar las grandes y notables deficiencias que padece en todos los órdenes, pero en honor a la verdad no ha sido la Republica Dominicana la responsable de los niveles de miseria que vive la patria de Toussaint Louverture, ni es su responsabilidad resolverlos.
Quienes quieran ayudar a Haití tienen que comprender que sin el concurso de los propios haitianos y sin la armonía entre ellos esto no será posible ni con la mediación del mismo Dios.
Nadie puede negar la alta contribución realizada por los patriotas de Haití a la causa de la libertad de los pueblos de américa y muchos menos menospreciar su ejemplo de gallardía cuando se convirtió, hace 201 años, en el primer país que eliminó, a sangre y fuego, la esclavitud construyendo su estado de manera libre; pero nadie puede olvidar las razones históricas en que la Republica Dominicana alcanzó su derecho a la soberanía, ni las agresiones que hubo de enfrentar para preservarla.
Somos partidarios de que los gobiernos de Haití y de la Republica Dominicana, desarrollen una agenda de dialogo que les permita convivir en armonía sobre el territorio que les ha tocado habitar y compartir, basados en el principio del respeto y la reciprocidad mutua, bases esenciales para que ambos estados puedan vencer la miseria y el atraso que les afecta, para ello es necesario que todos entendamos que se trata de dos estados soberanos y que ninguno está subordinado a la voluntad del otro.