Hace ya bastante tiempo, un amigo con vocación moralizante me dijo: “Para ser buen ganador hay que estar preparado para ser buen perdedor”. Aun no sé si fue una originalidad o tomado de alguna fuente, pero les cuento que me quedo grabada y en los últimos días ha reaparecido en mi pensamiento, a propósito de la actual campaña electoral.
Hemos asistido, tal vez pro primera vez en la historia democrática pos trujillista en el país, a una campaña electoral en la cual no ha habido confrontaciones de violencia física importantes. De hecho, hasta hace pocas semanas, incluso el lenguaje utilizado por los candidatos, y la mayoría de sus principales representantes y seguidores, había tenido un tono general de decencia y respeto hacia los adversarios y electores.
Ciertamente, en las ultimas semanas, sobre todo a partir que las encuestas mas reconocidas corroboraron la tendencia francamente ascendente de Danilo y descendente de Hipólito, señalando al primero con la mas clara probabilidad de victoria, aparecieron expresiones de campaña sucia y de lenguaje agresivo y soez, tal vez como señal de cierta desesperación por parte de lacandidatura no favorecida mayoritariamente por la voluntad electoral de la ciudadanía.
En esa oportunidad escribimos pidiendo serenidad y llamando a rescatar y mantener la campaña electoral en un tono predominantemente propositivo. Alertamos sobre los riesgos de elevar el abstencionismo si la campaña se deslizaba por el despeñadero de la vulgaridad, la calumnia y los intentos de descalificación. De lo que se trata, señalamos, es de encantar a la ciudadanía, de ganarla para comprometerse con un presente y futuro mejor y con la posibilidad real de superar nuestras principales limitaciones como sociedad y como modelo de desarrollo, no de convencernos quien es el “menos peor”.
Ahora llamo la atención sobre algunas expresiones preocupantes en medios de comunicación radiales y televisivos, y aun en algunos periódicos digitales e impresos, formuladas por voceros de la principal candidatura de oposición. Hemos visto, leído y escuchado expresiones tales como: …”a tiros defenderemos nuestra victoria”, … “los militares no respaldan al gobierno y defenderán nuestro triunfo”, … “tenemos fuerte respaldo militar para defender nuestra victoria”, …”no nos dejaremos arrebatar el triunfo”, …. “Sabemos que ganaremos y no aceptaremos otros resultados”, …”compañeros, preparémonos para defender, si es necesario por la fuerza, nuestra victoria”, …”estamos preparados para defender nuestro triunfo en el terreno que sea y con las armas en la mano”, y otras con sentido similar.
Construir un clima político de tolerancia a la diversidad, de aceptación de la voluntad electoral de la ciudadanía, y de autocritica cuando los resultados no sean favorables a nuestras propuestas, es una obligación de toda persona comprometida con los mejores intereses del país
Estas expresiones podrían ser mera bravuconería repentista, o intentos de “asustar con el petate del muerto”, como dirían en Centroamérica, pero es inevitable asociarlas con expresiones de admiración al dictador Trujillo y la calificación de la democracia como una “patología” que al menos en dos ocasiones ha proferido el propio candidato, y en el contexto de declaraciones formuladas recientemente por quien presidió la Comisión Electoral del PRD.
Preferimos asumir que se trata declaraciones un tanto ligeras, no bien pensadas, y de ninguna manera de planes y aprestos para subvertir el orden en caso de resultados electorales negativos, como parece ocurrirá de seguir las actuales tendencias. Por eso hacemos un llamado a evitar este tipo de expresiones que podrían exacerbar los ánimos de seguidores con menos experiencia y formación política y crear un clima negativo, peligroso y por demás innecesario.
A los dirigentes corresponde la responsabilidad de orientar y educar a los militantes y seguidores. Construir un clima político de tolerancia a la diversidad, de aceptación de la voluntad electoral de la ciudadanía, y de autocritica cuando los resultados no sean favorables a nuestras propuestas, es una obligación de toda persona comprometida con los mejores intereses del país.
Insultar a los adversarios es de mal gusto y degrada la coyuntura electoral, con lo cual se pierde la oportunidad de mostrar y debatir las propuestas que muestran oportunidades de nuestra sociedad para avanzar, pero desafiar y amenazar con lenguaje de guapo de barrio y de perdona vidas, puede tener consecuencias desastrosas en una sociedad atravesada de contradicciones, exclusión social, y violencia, y con una limitada aunque exitosa experiencia democrática.
Construir y fortalecer el respeto a la institucionalidad, la tolerancia a la diversidad y sobre todo el respeto a la voluntad electoral ciudadana, aun cuando no nos resulte favorable son responsabilidades básicas que no podemos soslayar. Todo quien participa en un torneo electoral aspira a ganar, pero debe estar preparado para perder. Los buenos ganadores necesitan estar preparados para ser buenos perdedores. Pregonar que “Jalisco nunca pierde y si pierde arrebata”, puede sonar encantador como metáfora poética en una popular canción, pero definitivamente no se corresponde con las predicas y ejemplos de buenas practicas políticas democráticas.
Se acerca la hora definitiva en que la ciudadanía expresara en las urnas su voluntad. Nuestro país ha acumulado experiencia en la organización y realización de procesos electorales. Cada día resulta mas difícil hacer triquiñuelas que antes eran moneda común, cada día la observación electoral nacional e internacional hace más difícil ocultar manipulaciones de los resultados reales.
Ya hemos batido un record, al lograr que en la actual campaña electoral prácticamente no ha habido confrontaciones de violencia física mayores y no hay ningún muerto que lamentar atribuible a este tipo de confrontaciones. Apenas moretones morales por los peñonazos verbales o escritos, y esos podrían casi considerarse gajes del oficio. Cerremos con broche de oro, mostremos al mundo la madurez alcanzada por nuestros partidos, por nuestros dirigentes y sobre todo nuestro pueblo. Dispongámonos a aceptar los resultados. Preparémonos, con el mismo entusiasmo, a aceptar la victoria, preparándonos también para aceptar que la voluntad ciudadana mayoritaria pueda no se ser favorable a nuestros intereses.