El Lic. Danilo Medina ha cambiado su discurso político frente a su predecesor y me da la impresión de que la mayoría de la gente lo encuentra convincente. Que la gente cree en su discurso. Aunque extrañamente, al Dr. Leonel Fernández también había algunos que le creían. Por lo menos al principio, porque después ya no.

Pero evidentemente que una de las cosas en que más tiene que cuidarse nuestro actual Presidente es por preservar la credibilidad de su discurso, lo cual implica que se le siga percibiendo con la real intención de hacer frente a los problemas. No a boyar sobre ellos. Se dice que los problemas, cuando no se afrontan o se pretende ocultarlos acaban reapareciendo, generalmente en una versión mucho más complicada.

Si algo caracteriza con propiedad la forma de gobernar del Dr. Leonel Fernández es la de boyar sobre los problemas, permanecer como en una especie de profundo sueño o de levitación sobre la realidad y hacerse como que la misma no existe. O mejor dicho, la realidad es el sueño.

Y para que así parezca, se adapta todo el discurso, se adaptan las consignas, se adaptan los informes económicos y se adaptan las estadísticas. Un crecimiento económico de cuya magnitud todos los economistas independientes dudan y que los organismos internacionales no se creen, aunque en sus análisis no les queda más remedio que usar esas cifras, porque constituyen la única verdad oficial.

Si los lectores piensan que exagero les voy a pedir que hagan un primer ejercicio de imaginación: por qué en todos los indicadores preparados por organizaciones internacionales en los cuales se hacen comparaciones entre países la República Dominicana sale muy mal parada, mientras que en todas los datos preparados por el Gobierno Dominicano aparecíamos como “la papaupa de la matica”. ¡Qué contradicción!

Ahora quiero pedirles un segundo ejercicio de imaginación, pero en este caso les demanda unos segundos más. Hagan un inventario mental de todos los problemas que tenía la sociedad dominicana 16 años atrás, cuando ascendió el Dr. Leonel Fernández por primera vez a la presidencia; tómelos de cualquiera de los órdenes de la vida. Comience por la educación, la salud, el transporte de pasajeros y de carga, la electricidad, el empleo formal, la productividad y competitividad del aparato económico, los salarios, la pobreza, la seguridad y tranquilidad de los ciudadanos, el tráfico de drogas, la institucionalidad del Estado, la calidad de su funcionamiento, la corrupción, la corrupción,  la corrupción… Piense en algunos otros, que debe haber más.

Ahora haga el mismo inventario de los que tenemos hoy día y verá que ninguno fue resuelto por su larga gestión. Es más, ninguno se hizo el más mínimo intento de solución.

Y descubrirá también que ahora hay algunos problemas que antes no teníamos o que eran relativamente pequeños, como para no generar una gran preocupación. La balanza comercial, la deuda del Gobierno, la costosa deuda del Banco Central, el caótico tránsito urbano, la delincuencia y lo que quizás es su peor repercusión: la pérdida del sentido de cohesión y hospitalidad entre los dominicanos por el temor al prójimo, la sensación de que me puede asaltar o matar. Antes no se le negaba un vaso de agua a nadie que se parara frente a tu puerta.

El abandono de la zona rural, el déficit fiscal, el déficit fiscal, el déficit fiscal…. Las distintas instituciones del Estado fueron convertidas en un festival de repartición de dinero público, pero no a favor de los ciudadanos, sino a favor de quienes las dirigen. Los sonados casos recientes del Banco Central, el de Reservas y la Superintendencia de Bancos son apenas la punta del iceberg.  El único sentido del cargo público pasó a ser hacerse rico. No es que antes eso no existiera, pero sí que pasó a hacerse a la franca, a la vista de todo el mundo. Y sin el menor remordimiento. “Estoy muy tranquilo” se dice ahora.

Esa es la realidad que debe ser enfrentada por el Gobierno del Lic. Medina. Y la gente cree en su discurso, en el que muestra que tiene la intención de entrarle de frente, y no boyar sobre ella.

Su discurso es relativamente convincente, aún en el momento de presentar ante el Consejo Económico y Social su propuesta fiscal, lo cual es bien difícil. No se fue a las Naciones Unidas a hacer una apología del PIB.  No podía decir que el gran éxito económico era una mentira, pero sí dijo que no nos ha servido de nada.

Ahora bien, tiene que cuidar esa credibilidad, pues es su único gran activo. A muchísima gente le sorprendió que designara un Procurador que persiguiera la corrupción y otro que la defendiera. Desde un principio eso pareció algo insólito, una enorme contradicción. Y no puede decirse que ha sido sorprendido, porque ambos eso es lo que han hecho siempre. No podía pretenderse que ahora sería diferente.